Valentín Carril

Opinión

Competitividad global de Chile y América Latina

PULSO 12/10/2017

Por Valentín Carril. México destaca por su avance reciente, Brasil por su caída. Pero Chile sigue al frente.

El recientemente publicado reporte de competitividad global 2017-2018, producido por el World Economic Forum contiene información muy relevante para analizar la evolución reciente de los países pertenecientes al índice MSCI de acciones emergentes de América Latina, a saber Brasil, Chile, Colombia, México y Perú. Lo primero que se puede destacar es que en un período de tres años México ha avanzado diez lugares en el ranking, pasando desde el puesto 61 al 51 de 137 países rankeados en la versión más reciente, comparado con 144 países hace tres años. Pese a este excelente avance es lamentable comprobar que su factor más débil, solidez de las instituciones, se ha debilitado aún más y en estos momentos tiene una “nota” de 3,2. Las notas van de 1 a 7 igual que en Chile, por lo que se puede decir que México está reprobando esta asignatura. Por otro lado el país destaca positivamente y además ha progresado en “ambiente macroeconómico”, “salud y educación primaria” y en “tamaño de mercado”, algo con lo cual Chile al menos no puede competir. Los principales factores indicados como los que dificultan el hacer negocios son la corrupción y el crimen.

Brasil tuvo un desarrollo opuesto en el período considerado, pasando desde el lugar 57 hace tres años (y aún mejores anteriormente) a apenas 80, es decir por debajo de la mitad de la tabla. Lo anterior se debe a una importante baja en varios indicadores fundamentales, entre los que se puede destacar la creciente debilidad de las instituciones, fuerte empeoramiento del “ambiente macroeconómico” así como una baja moderada pero relevante en la ya débil “eficiencia” tanto en el mercado de bienes como en el laboral. Su mejor ranking por lejos se encuentra en el indicador de tamaño de mercado (décimo) lo que implica que sin este factor “intrínseco” su ranking seguramente sería bastante inferior. En este caso los principales factores que dificultan la competitividad son los impuestos y la restrictiva ley laboral, aunque la corrupción y la ineficiencia de la burocracia estatal están muy cerca de éste último factor. La buena noticia es que la nueva ley laboral recientemente aprobada debiera significar una mejora significativa en este indicador. Es más difícil juzgar la evolución probable de los otros indicadores pero si la mejora reciente que se ha observado en las cifras macroeconómicas persiste y además se fortalece como se espera la independencia del Banco Central, entonces las variables “institucionalidad” y “ambiente macroeconómico” debieran también mejorar.

Perú también mostró un empeoramiento en su ranking relativo, pese a mantener al menos aproximadamente su “nota” en 4,2. En efecto, su posición pasó del puesto 65 al 72, lo que denota que existió una leve mejoría en los países cercanos al lugar 65/70 en el ranking. Como en general el resto de los países sufrió una baja en “ambiente macroeconómico” la cual en términos de “nota” final fue compensada por otros factores, como por ejemplo la mejora en “infraestructura” y quizás en menor medida en desarrollo del mercado financiero. Por otra parte si bien no ha empeorado, sigue rankeado muy bajo en calidad de las instituciones y capacidad de innovación. Nuevamente se aprecia que los peores problemas para el desarrollo de los negocios están en la corrupción, ineficiente burocracia estatal y los impuestos.

En Colombia se aprecia una estabilidad algo engañosa en el ranking, ya que si bien se mantuvo en el puesto 66 entre los años aquí considerados, en los años intermedios tuvo un ranking superior, llegando al puesto 61. Sin embargo estos cambios ocurrieron sin que la “nota” de Colombia variara mayormente, puesto que se mantuvo entre 4,2 y 4,3 de hecho en los últimos 6 años. Al igual que sus comparables regionales sufrió una baja en “ambiente macroeconómico” el cual fue compensado principalmente por un alza en el factor “desarrollo del mercado financiero” y mantiene bajas calificaciones aunque no decrecientes en innovación y en calidad de las instituciones. También muestra un bajo ranking en eficiencia del mercado de bienes y en menor medida del mercado laboral, aunque también ambos han estado estables en los últimos años. Al igual que los otros países de la región los mayores impedimentos al desarrollo son la corrupción, los impuestos y la ineficiencia de la burocracia estatal.

Finalmente en Chile se aprecia una mantención del ranking en el puesto 33, con lo cual mantiene su primer lugar en América Latina seguido de Costa Rica. De hecho nuestro país supera claramente el promedio de nuestra región en 11 de los 12 pilares considerados, la excepción es salud y educación primaria. La calificación también se ha mantenido estable en 4,6 por cinco años aunque sube a 4,7 en el último reporte. Se aprecian bajas en los pilares de calidad de las instituciones y ambiente macroeconómico principalmente, pero mejoras en “educación superior y capacitación”, infraestructura y pese a ser débil, hay también mejoras en “salud y educación primaria”. Este último concepto no es solamente el concepto en el cual nuestro país muestra poca o ninguna ventaja respecto de América Latina, es también el concepto en donde mostramos el peor ranking global, 66. En cuanto a los factores que limitan los negocios, hay un cambio respecto de los países aquí considerados ya que la corrupción ocupa un lugar muy secundario. El principal es lo restrictiva de la legislación laboral, seguido de la ineficiencia de la burocracia estatal. El tercer lugar lo ocupa la inestabilidad de las políticas.

*El autor es economista y estratega para Latinoamérica Principal International