VALENTIN CARRIL

Opinión

Brasil: año nuevo decisivo para su economía

PULSO 11/01/2018

Por Valentín Carril

LA EVOLUCIÓN reciente de la economía mundial ha sido un puzle para los analistas debido a que no se esperaba un crecimiento tan elevado y persistente sin que ello causara inflación, que es exactamente lo que está ocurriendo en varias partes, en especial en EEUU. Dentro de los modelos de macroeconomía tradicional lo que está ocurriendo sólo puede explicarse a través de suponer la existencia de un importante shock de oferta. Distintos expertos han argumentado que eso es lo que está sucediendo y que se debe a la política de desregulación del Presidente Trump. En todo caso el buen crecimiento mundial está muy generalizado, e incluye a todos los países/zonas económicamente importantes, como la zona euro, China, Japón, Gran Bretaña, etcétera. Destaca el caso de Japón, donde la última cifra disponible de PIB muestra un crecimiento anual de 2,1% en el tercer trimestre del año pasado, y donde la inflación subyacente ha mostrado una tendencia creciente muy persistente, que la llevó desde -0,2% a diciembre de 2016 y 0,1% en enero de 2017 a 0,9% a diciembre de 2017.

El escenario es positivo y podría permitir continuar la recuperación que se aprecia desde hace ya varios meses en Brasil. Por ejemplo, el año pasado su balanza comercial alcanzó por lejos su récord histórico de acuerdo con la medición actual que se realiza desde 1998, pero seguramente también es el récord histórico global. El saldo final fue de US$67 mil millones, ampliamente por encima del récord previo de US$47,7 mil millones de 2016. La diferencia además es que en 2016 la balanza mejoró principalmente por baja en importaciones y viajes al exterior, en 2017 la mejora se debió al alza en las exportaciones. Los indicadores de crecimiento de la actividad han mostrado una recuperación interesante los meses recientes, y dadas las buenas condiciones externas unidas a la recuperación de los salarios reales y por ende del consumo, las perspectivas para 2018 son prometedoras. El PIB ha venido acelerando, con un crecimiento de 0% el primer trimestre de 2017, luego 0,4% en el segundo trimestre y 1,4% en el tercero. La confianza del sector industrial volvió a su promedio histórico desde niveles muy bajos. La inflación cayó fuertemente y está por debajo de la meta de las autoridades. Esto ha contribuido a que luego de meses de bajas los salarios reales estén creciendo. Asimismo, ha permitido que el Banco Central reduzca su tasa de interés de política monetaria a su mínimo histórico de 7%, e incluso se esperan nuevas bajas. Todo esto está sujeto a riesgos, por supuesto. Por un lado, analistas han advertido repetidamente sobre la posibilidad de que diversas burbujas en China puedan causar una abrupta caída en ese país. Esto sería muy negativo para toda Asia, que se encuentra no sólo creciendo rápido, como ha sido habitual los últimos años e incluso décadas, sino que está acelerando ese crecimiento.

EL EFECTO de una brusca caída de China sería muy complejo para todos los países exportadores, de commodities en especial, definición a la cual toda Sudamérica pertenece. Además habría un segundo efecto negativo sobre el crecimiento de Asia y del mundo y la consecuente caída en la demanda por nuestras exportaciones distintas a commodities. Por otro lado, si bien no se perciben riesgos especialmente altos en los países desarrollados, nunca se puede descartar algún problema que lleve a un menor crecimiento o incluso a recesión. La principal preocupación de los mercados está centrada en la posibilidad de una política monetaria excesivamente contractiva, debida o bien a un error de los bancos centrales o bien a un resurgimiento rápido de la inflación. Asimismo existe preocupación por la falta de resolución en Cataluña, el Brexit, las elecciones en Italia, etcétera.

Pero el mayor riesgo de Brasil es interno. Las elecciones de octubre determinarán decisivamente si el país sigue por la senda reformista reciente, sin la cual se arriesga a perder nuevamente la confianza del mercado en una situación de altísimo déficit fiscal, pese a su reciente reducción desde 9,25% en los doce meses cerrados en octubre a 8,45% a noviembre. La reducción en la tasa de interés que debe aceptar el gobierno gracias a la baja de inflación y mayor confianza en la economía contribuirán a una baja en este indicador, pero se requiere además volver a superávit primario. Los últimos datos muestran que el saldo primario del gobierno dejó de empeorar, pero se estabilizó en un déficit cercano al 2,3%, lo que es claramente insuficiente para permitir la estabilización de la relación deuda a PIB, la cual llegó a 74,4% en noviembre pasado. Para ello la reforma del sistema de pensiones es clave. Según analistas políticos locales, la reforma podría aprobarse antes del carnaval, pero de no ser así la probabilidad de que se apruebe el presente año baja considerablemente, puesto que luego del carnaval (fines de febrero) comienzan las campañas electorales. Además, no olvidemos que la reforma tiene aspectos que suelen ser rechazados por parte importante de la población en todos los países, como por ejemplo aumentar la edad de jubilación, el número de años trabajados requeridos para obtener una jubilación y otros.

*El autor es economista y estratega para  Latinoamérica Principal International.