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Opinión

Ajustes y desajustes

PULSO 28/01/2016

Por Álvaro Iriarte. No se entiende por qué el Ejecutivo insiste en proyectar unas cifras económicas que no tienen sustento real, como un PIB cercano al 3%, cuando más bien se aproxima al 2%.

El Foro Económico Mundial en Davos solo ha confirmado los temores sobre la economía chilena. El Fondo Monetario Internacional realizó un nuevo recorte a la proyección de crecimiento del PIB de Chile a tan solo un 2,1%, lo que se ha repetido durante los últimos dos años.

Sin lugar a dudas la situación internacional se ha deteriorado, y el dinamismo de la economía no es el mismo que hace cinco años. El escenario mundial ha cambiado en una dirección menos favorable para las economías emergentes como las de Latinoamérica; y por tanto Chile ha sido afectado.

Pero el desempeño económico de un país integrado al mercado global no depende exclusivamente de las vicisitudes externas, y por lo mismo es curioso que en las sucesivas intervenciones de los personeros del oficialismo nunca se haga referencia a los factores internos de la economía. No vale la pena reiterar lo que muchos hemos señalado respecto de las malas reformas y medidas implementadas en el último tiempo. Cada vez que el Gobierno da explicaciones en materia de economía, pareciera que los efectos de la economía global (precio del cobre, situación en China, etcétera) hubieran impactado a Chile meses o años antes de que se conocieran. A lo menos resulta curioso. Un análisis serio implica ponderar los factores internos en su verdadera magnitud, pero eso podría terminar siendo un cambio de discurso. En el mejor de los casos, significaría que los tiempos de las reformas y su implementación no fueron los correctos, mientras que en el peor de los casos implicaría reconocer que las reformas fueron un error. Por ahora, los acontecimientos parecen sugerir lo segundo.

Considerando lo anterior, no se entiende por qué el Ejecutivo insiste en proyectar cifras económicas que no tienen sustento en la realidad: un PIB cercano al 3% cuando en realidad escasamente supera el 2%. No es justo engañar a la población. A casi tres años del Gobierno de Michelle Bachelet, frases como “los brotes verdes” y el “realismo sin renuncia” han pasado al baúl de los recuerdos, para ser reemplazadas definitivamente por la cruda realidad de los ajustes. El problema es que, si se revisa detenidamente el historial del Gobierno en manejo económico y fiscal, surge de inmediato una interrogante: ¿dónde se realizará el ajuste? Si se considera la obstinación en implementar una supuesta gratuidad en educación superior, los costos de la reforma educacional o la contratación de nuevos funcionarios en el Gobierno, queda de manifiesto la vocación de gasto sin control por parte de la actual administración.

En definitiva, no se aprecia un espacio para reducir gastos, más bien parece que el compromiso del Gobierno es el de mantener y aumentar el gasto a todo evento. Si ese es el panorama, no es de extrañar que en lo sucesivo y amparado en la buena imagen país, se continúe emitiendo deuda para obtener financiamiento, gravando a las generaciones futuras. Si no se hubiera disparado el gasto público y se hubieran cuidado las finanzas, es evidente que Chile habría estado mejor preparado para enfrentar este escenario poco favorable. Si no se hubiera aumentado el gasto innecesariamente no habría necesidad de realizar ajustes, pues el país habría contado con los recursos necesarios. Hoy solo queda que los responsables asuman las consecuencias y que si no ayudan a revertir el problema, al menos no contribuyan a profundizarlo.

*El autor es director de formación Instituto Res Publica – (@AIriarteBaron).

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