Internacional

Sergio Bitar: "Obras gruesas con malas terminaciones no sirven para habitar la casa. El énfasis tiene que ponerse en que se eviten errores y se muestren resultados"

Renata Fernández 23/05/2016

El ex ministro plantea que la cuenta pública marcó un "punto de inflexión" que permite dar paso a una etapa de acuerdos. Además, sostiene que todavía faltan elementos para concluir la obra gruesa, como aprobar la reforma a la educación superior.

Ayer Sergio Bitar cumplió con dos tareas que lo tenían entusiasmado: fue a reinscribirse como militante del PPD y luego fue a votar en la elección de la directiva del partido. Tras cumplir con sus deberes de militante, Bitar analiza la última cuenta pública de la Presidenta Michelle Bachelet y proyecta los desafíos que quedan para los próximos dos años de Gobierno.

Esta es la tercera cuenta pública de Bachelet ¿Qué tuvo de diferente este discurso?

-Este discurso reafirma un punto de inflexión y el cambio desde un primer período caracterizado por un fervor reformista a un segundo período de ajuste, aplicación y acuerdo. Ese es el sello principal de lo que vimos. Esto es como un trasatlántico que se va moviendo y cambia de dirección, pero eso no puede ocurrir en un minuto. Hemos visto que tanto la discusión y el nuevo estilo se ha ido imponiendo en términos de tener más serenidad para conversar. 

¿Eso no es igual a lo que se planteó el año pasado con el realismo sin renuncia? 

-Es que este giro tiene que ver con el cierre del impulso inicial por el término de las principales realizaciones programadas y la entrada a una etapa de consolidación. Se tiene que tomar en cuenta que hay rechazo a algunas materias, que hay una ineficiencia en la gestión que hay que superar, hay que elevar el grado de aprobación y hay que ponerse en línea con las próximas elecciones.

¿Comparte la idea de la Presidenta de que la obra gruesa está lista?

-Todavía falta. Obras gruesas con malas terminaciones no sirven para habitar la casa. El énfasis tiene que ponerse en que se eviten errores y se muestren resultados. El foco que se tiene que poner ahora, y esperamos en un próximo Gobierno, es tener buenas terminaciones, reforzar algunas de las fundaciones que quedaron un poco sacudidas, por ejemplo en educación. Ahí va a haber que hacer un esfuerzo más importante. Yo diría que siete reformas en dos años es un esfuerzo enorme. La estrategia inicial del Gobierno fue buena: usar el capital político máximo al comienzo y no esperar a que se depreciara y se perdiera capacidad de ejecución. Pero a estas alturas el costo de haber tenido un cierto grado de radicalidad e improvisación… hay que actuar con más rapidez en esta segunda etapa, con más decisión. 

Pero en la mitad de la construcción al Gobierno se le acabó la plata…

-Pero si las reformas que se impulsaron no necesitaban tanta plata. De gasto fiscal la que más absorbe es la educación y es por eso que va a tener que volverse a un ritmo y una gradualidad compatible con los recursos y con el equilibrio del gasto. Es más que plata. Es secuencia, es completar alguna de ellas. 

¿Cómo evitar  errores en esta segunda mitad de Gobierno?

-Con menos anuncios, menos afirmaciones de transformaciones profundas, menos desprecio por lo hecho, menos arrogancia al tratar de intentarlo todo de nuevo. No digo sólo en el Gobierno, también algunos más fervorosos. Y más gestión, más estudio de las reformas, más consultas técnico políticas, más coordinación intra gubernamental y mejor relación con los partidos. Hay que ajustar las metas a las realidades. Ahí está el cambio. Ahora, cuánto de eso puede hacerse es el desafío principal y a eso tenemos que abocarnos todos los partidos y el Gobierno. 

¿La Nueva Mayoría está capacitada para hacer eso?

-Puede haber discusiones entre los marineros de la Nueva Mayoría, pero el rumbo de este trasatlántico está más o menos claro. Puede haber discusión sobre a qué velocidad ir, puede haber discusión de cómo mantener las máquinas, pero rumbo ya está más o menos claro. Mi preocupación es que lo que viene hacia adelante no se logra en un año o en dos. Algo de eso se deduce del discurso de la Presidenta. 

¿No hay un mensaje dual de la Presidenta al hacer un llamado a recuperar la confianza y a la vez defender reformas que no han tenido apoyo transversal?

-No veo contradicción, veo profunda convergencia. Recuperar la confianza no mirando el corto plazo, sino mirando un proyecto largo necesita dos pies: uno es un proceso constituyente que dé sentido de participación colectiva al diseño de la sociedad y lo otro es una estrategia que tome el tema de la estructura productiva y de la inclusión social como ingredientes esenciales. Si en esas dos cosas que están esbozadas se las logra conectar en un proyecto político, podemos lograr acuerdos nacionales de más tamaño para sostener lo que viene. 

¿Se puede recuperar la confianza cuando la Presidenta usa expresiones como la de “profetas del caos”?

-En Chile tenemos y vamos a tener siempre conservadores a ultranza que no quieren que se mueva nada y vamos a tener radicalizados a ultranza que consideran que todo es poco. Tenemos que entender entonces que si el 90% de la población se sitúa en un ámbito más a la derecha o más a la izquierda, pero sabiendo que estos cambios hay que impulsarlos, que hay que avanzar en más igualdad, que tiene que hacerse en democracia, ahí logramos sostener un país y sacarlo adelante.

¿Tiene algún reparo con el discurso?

-El grueso de las reformas va en la dirección adecuada, pero el fundamento de las reformas me parece exagerado. Cuando se plantea que prácticamente estaba todo en el suelo, eso es una lectura equivocada de lo que ha hecho Chile, por ejemplo, en Educación. Decir que la reforma de ahora se compara solamente con lo del año ‘20 o lo del año ‘60 es desconocer la tremenda tarea que se hizo entre el ‘90 y el 2010. Cuando uno hace un diagnóstico de encontrar que todo lo de atrás no sirve se cae en propuestas que tampoco sirven.