Internacional

La cuenta que hizo falta

PULSO 23/05/2016

Por Erik Haindl

Una buena costumbre republicana es la cuenta anual que hacen todos nuestros Presidentes de la República ante el Congreso Pleno cada 21 de Mayo. En este se informa a los Parlamentarios y al país en general acerca de los acontecimientos más importantes de los últimos 12 meses y se dan lineamientos acerca de las políticas que se pretenden implementar a futuro. Obviamente, un buen discurso presidencial debería hacerse cargo de lo que efectivamente está pasando en el país -un buen diagnóstico- y decir cómo se piensan solucionar los problemas, teniendo en mente el bienestar de los ciudadanos. La selección de temas debiera ser privilegiando los más relevantes y dejando de lado detalles con poca relevancia.

Desafortunadamente, en la última cuenta pública al país no se cumplió ninguna de estas características, y nos vimos inundados de cifras y detalles irrelevantes, que obviamente sólo perseguían llenar el tiempo disponible. Simplemente se repitieron promesas hechas en años anteriores, sin explicar por qué estas no se habían cumplido. 

¿Qué faltó del diagnóstico? En primer lugar se debió haber dado cuenta que el país ha experimentado durante los dos últimos años un fuerte freno económico y explicar sus causas. Estas tienen causas internas y externas. Dentro de las causas internas están las reformas impulsadas por el gobierno -tributaria, laboral y constitucional- que se han traducido hasta el momento en una caída de cuatro puntos porcentuales del PIB en la tasa de ahorro nacional y de cuatro puntos porcentuales del PIB en la tasa de inversión. Esta caída en la inversión reduce fuertemente el ritmo de crecimiento del PIB de tendencia y postergan la llegada al desarrollo en más de medio siglo. Otras consecuencias son un fuerte incremento en la tasa de desocupación a más de 9%, y la detención del crecimiento del consumo per cápita. ¿Qué se piensa hacer para solucionar esto? Nada. Se insiste porfiadamente en continuar con las reformas, las que deberían seguir impactando negativamente sobre la inversión y el bienestar de la población.

Entre las causas externas más importantes del freno económico está el deterioro del precio del cobre y de los términos de intercambio en general. Se debió haber informado al país que este deterioro se enmarca dentro del fin del superciclo de precios de commodities, y este deterioro simplemente nos está haciendo retroceder hacia términos de intercambio más normales en términos históricos. En consecuencia, se trata de un shock permanente, que debió haber gatillado una respuesta de ajuste en el gasto. ¿Qué se dijo? Que la caída en el precio del cobre es transitoria, y por lo tanto el Estado recurre al endeudamiento y sigue gastando como si nada hubiese pasado.

En segundo lugar, se tiene un grave problema de terrorismo y orden público en la Araucanía y otras dos regiones adyacentes. Las casas, camiones e infraestructura agrícola y forestal son sistemáticamente incendiadas por grupos violentistas, sin que se haga nada para detenerlos. En dichas regiones, el Estado de Derecho se ha vuelto precario, los habitantes están asustados, y la inversión se ha detenido. Esto se traducirá seguramente en un aumento de la desocupación y de la pobreza. En el discurso simplemente se prefirió ignorar el tema.

En tercer lugar, la delincuencia y los encapuchados parecen haberse enseñoreado del país. Todos los días vemos como los delincuentes amenazan la tranquilidad de la población con portonazos y asaltos a las viviendas, y al mismo tiempo los jueces sueltan a los delincuentes por miles. Existe entre los delincuentes una certeza de que sus delitos serán impunes. En cada protesta, cientos de encapuchados se dedican a destruir lo que pillan. El discurso tampoco se hizo cargo de este tema. De hecho, mientras la Presidenta leía su discurso, una horda de encapuchados prendía fuego a varios edificios en Valparaíso, y asesinaba a un compatriota que cumplía abnegadamente con su trabajo.P

Decano Facultad de Ingeniería, Negocios y Artes Visuales, Universidad Gabriela Mistral