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Internacional

La “calle” que podría desafiar a Sebastián Piñera durante su próximo gobierno

A. Sepúlveda / J. M. Ojeda 26/12/2017

Las mismas organizaciones que colaboraron en el fallido “antipiñerismo” de la segunda vuelta para derrotar al entonces candidato, hoy apuestan por reactivar las marchas. Desde Chile Vamos advierten que los movimientos sociales “no son Chile”.

El próximo 12 y 13 de enero la Coordinadora No+AFP tendrá un congreso en el que esperan participen 200 delegados de todo el país. El objetivo de la actividad es debatir cómo enfrentar el 2018 bajo el contexto de un nuevo gobierno de Sebastián Piñera. “Lo que estamos planteando es que habrá mucha más movilización (…) Estamos convencidos de que la demanda que representamos es urgente y concita el apoyo de la gente, independiente de lo que crean las autoridades”, dijo el vocero de la organización, Luis Mesina.

Su par de la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech), Alfonso Mohor, es más categórico de lo que vendrá a partir de marzo: “Efectivamente la efervescencia social será una de las características que marquen el año 2018”. Mohor, quien es presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (Fech), aseguró que un segundo gobierno de Piñera es “el peor escenario”, ya que, para él, Chile Vamos “tiene una relación demasiado estrecha con el negocio en la educación”. Mohor adelantó que uno de los objetivos de la confederación que lidera será “armar un gran bloque de organizaciones sociales que pueda poner todas las demandas sobre la mesa y pelear de manera conjunta para que podamos efectivamente conseguir cosas”.

El factor “calle” es algo que el comando de Piñera conversó durante la campaña y que se hizo presente el mismo día de las elecciones. “No tiene por qué ser así”, dijo Chadwick el domingo en el hotel Crowne Plaza cuando le preguntaron por si había cierta preocupación por la posibilidad de que se vuelva a repetir un escenario parecido a 2011. “Quienes generan augurios de problemas futuros no están pensando en lo que puede ser bueno para el país”, comentó Chadwick.

Chile Vamos tiene dos argumentos con los cuales se defiende frente a la posible presión de los movimientos sociales. El primero es el claro mandato popular que recibió de la ciudadanía, que se vio representado en el 54% de las preferencias, y el segundo es que las marchas no representan a todo el país. Chadwick lo explicó diciendo que “la calle no es Chile” y que la futura administración de la coalición no gobernará para grupos de interés.

El jefe de bancada UDI, Felipe Ward, advirtió que en caso de que haya “una predisposición a encontrar un conflicto permanente con el gobierno, será difícil llegar a puntos de encuentro”. El diputado agregó que las organizaciones ciudadanas serán escuchadas en la medida que representen demandas “sociales y no únicamente minoritarias de un grupo que decide salir a la calle”. Ward además emplazó a los líderes de dichos movimientos a no caer en “marchas ideologizadas con propósito de perjudicar al gobierno de turno”.

Uno de los factores que afectó al primer gobierno de Sebastián Piñera fue la calle. Varios ex funcionarios de La Moneda de ese entonces coinciden con que fue un elemento que la entonces Alianza no supo controlar ni dar una respuesta política.

2011 fue el año de la explosión social que partió con protestas por el alza del precio del gas en Magallanes y terminó con más de cien mil personas en las calles de Santiago marchando por educación “pública, gratuita y de calidad”. Ministros caídos, cambios de gabinetes y modificaciones en la agenda fueron sólo algunos de los efectos que este fenómeno tuvo en el Ejecutivo.

El próximo año el movimiento No+AFP, la Confech, organizaciones de salud, la CUT, defensores de los derechos de minorías sexuales y los profesores son los que se observan como los más activos.

Un último elemento que preocupa al futuro oficialismo es la coordinación que puedan adquirir estas organizaciones con los 21 parlamentarios del Frente Amplio.

Con todo, en Chile Vamos reconocen estar mucho mejor preparados políticamente que cuando llegaron a La Moneda en 2010 y esperan que el espíritu de formar un gobierno de unidad tranquilice a quienes miran con escepticismo la conexión que tenga el segundo gobierno de Piñera con las organizaciones sociales.