Internacional

Harald Beyer: "Las tensiones que tiene Bachelet respecto de cómo definir su agenda aparecieron por todos lados"

Tomás Martínez 23/05/2016

!Ella no se ha olvidado de su programa inicial, pero está consciente de que hay que hacer algún giro", afirma sobre el discurso. "El Gobierno se da cuenta que tiene poco espacio para hacer reformas adicionales", dice sobre la recta final.

EN MEDIO de conversaciones para traer a un grupo de académicos invitados al CEP para fin de año, Harald Beyer escuchó con atención la cuenta presidencial del 21 de mayo. La lectura que el director del Centro de Estudios Públicos (CEP) hizo del mensaje del sábado es que la Presidenta Michelle Bachelet dio tímidas señales de buscar un giro, pero que pese a ello “insiste en algunas medidas que más bien parecen ideológicas que efectivas para resolver problemas”.

La Presidenta aludió a que está terminando la “obra gruesa”. ¿Es una buena señal de cara a lo que resta de Gobierno? 

-Más que una señal, creo que el Gobierno se da cuenta que tiene poco espacio para hacer reformas adicionales a las en que ya está embarcado, y eso es un signo de realismo más que una señal específica de política.

Bachelet también sinceró que algunos proyectos deberán reprogramarse. ¿Cree que La Moneda está sacando el pie del acelerador para esta segunda etapa?

-Hay algo que marca el discurso, que es una señal que ella quiso enviar, tal vez la señal política más importante del discurso, que es volver un poco a la idea de colaborar  todos juntos, eso se marcó desde el inicio al final del discurso, y supongo que tiene un efecto de llamar a construir a todos juntos de nuevo. Eso significa entregar concesiones y repensar algunos proyectos pendientes, y a eso se agrega lo que sabemos, que es el problema fiscal que tiene el Gobierno, que lo hace ser más prudente.

¿Pero se puede cumplir ahora con esta promesa de colaboración, toda vez que para el cambio de gabinete de mayo del 2015 se dio la misma señal? 

-El Gobierno no ha logrado aumentar su popularidad, una de sus reformas estrella, que es la laboral, quedó en suspenso y, de alguna manera, debe quitar el pie del acelerador y tratar de construir acuerdos. A mí me parece que hay un cierto realismo en el discurso en esa dimensión.

¿Es preocupante que en el discurso no haya existido una definición sobre el futuro de la Reforma Laboral?

-Yo no sé si era el espacio para una señal concreta. Creo que el Gobierno tiene un desafío bastante complejo por delante y no tiene muy claro todavía cómo abordarlo, y probablemente aquí hay distintas voces que de alguna forma todavía no logran un acuerdo razonable en torno a esta materia.

En el área educacional se acotó la gratuidad hacia el 2018, al 60%. ¿Qué le pareció ese cambio?

-Yo no soy partidario de la gratuidad, es un error que se insista en ella, pero al mismo tiempo veo que hay un reconocimiento de que es una política mucho más cara de lo que se había anticipado, que la situación fiscal no está para permitir avanzar más rápido y es un llamado para ir a un avance más gradual, y en ese sentido debería ser bien recibido.

Justamente uno de los acentos del discurso fue la economía. La Presidenta dijo que sin crecimiento sostenido el progreso social termina siendo una ilusión, y llamó a generar un gran pacto por el crecimiento. ¿Lo deja conforme lo explicitado?

-Me parece positivo el planteamiento, pero careció un poco de contenido en esa materia el discurso. Es cierto que ella anunció estas medidas que están en la comisión de productividad, pero un Gobierno cuando realmente quiere hacer suyo el crecimiento económico tiene que ser un poco más agresivo en sus planteamientos, e incluso avanzar en propuestas, que no necesariamente satisfacen a su propio sector, y yo no vi nada de eso en el discurso.

En un caso puntual, Bachelet planteó un monitoreo con atención sobre la evolución del empleo, que están preparados para echar a andar varios planes. ¿Basta con una acción de esta envergadura o se hace necesaria una mayor acción?

-Ese programa de viviendas que anunció y que, de alguna forma, busca paliar una potencial alza del desempleo, va a demorar mucho en materializarse, entonces el desafío del Gobierno es cambiar las expectativas en el corto plazo. Eso es un camino que podría haber sido más provechoso, pero no vi tampoco esa situación en el discurso, más allá del hecho que reconozco que ella invitó a un trabajo más conjunto, a una colaboración entre todos, que significa un cambio respecto del discurso que habíamos visto en los años anteriores.

¿Vio entonces una Presidenta más moderada para su recta final?

-Vi a una Presidenta que reconoce que los acuerdos son valiosos, algo que no estaba en el discurso previo.

¿A qué responde eso?

-Si uno mira el discurso ella sigue estando de alguna forma convencida de que hay un divorcio entre la elite y la ciudadanía, y que eso requiere una agenda como la que ella ha impulsado. Pero al mismo tiempo, y en una cierta contradicción en el discurso, hay un cierto reconocimiento de que ese diagnóstico no es ampliamente compartido y que la ciudadanía no se lo compra, entonces ella está tratando de conciliar estas dos miradas y eso se nota y demuestra una disposición de ella de enmendar en algo el rumbo, pero le faltaron acciones más concretas para hacer creíble ese discurso.

Varios pasajes del discurso estuvieron enfocados en la agenda social. ¿Esto da cuenta, en cierta medida, de que Bachelet está buscando ser la misma de su primer Gobierno?

-Claro, hubo un poco más de énfasis en protección social, más que en desigualdad, y creo que eso indudablemente es un pequeño giro. Ahora, no sé si eso es suficiente, habrá que evaluarlo en cómo el Gobierno se acerca a sus próximas reformas, pero las tensiones están ahí, porque al mismo tiempo levanta la AFP estatal, que nadie está demandando demasiado, nadie cree que el problema real del tema previsional sea la AFP estatal. De alguna forma las tensiones que tiene Bachelet respecto de cómo definir su agenda aparecieron por todos lados en el discurso.

¿Buscaba darle cabida también a las demandas de la izquierda?

-Estas son señales que buscan transmitir que ella no se ha olvidado de su programa inicial, pero está consciente de que hay que hacer algún giro y eso es negativo desde el punto de vista de generar confianzas, porque es un Gobierno que reconoce, pero que al mismo tiempo mantiene. Reconoce que requiere un cambio de giro, pero al mismo tiempo insiste en algunas medidas que más bien parecen ideológicas que efectivas para resolver problemas.