Internacional

Cuenta pública: faltó goma, sobró lápiz

PULSO 23/05/2016

Por Raphael Bergoeing

Una cuenta pública debe incluir, en orden decreciente de importancia, tres ingredientes: una historia que genere sentido de unidad, propósito y optimismo; una explicación por los anuncios del año previo no cumplidos; y una agenda con políticas nuevas.

En su discurso del sábado la presidenta optó por algo de lo primero y, como habitualmente ocurre estas ceremonias, nada de lo segundo, mucho de por lo tercero. Lamentable, dada la urgencia por generar acuerdos y recuperar el respeto por la política. El relato fue escaso y el mea culpa insuficiente.

Lo más cercano a un propósito fue el inicio del discurso, que comprometió, irónicamente dado lo hecho hasta ahora, que en lo que queda el foco será el crecimiento económico. 

Este compromiso, aunque también escaso en contenidos, es importante. Mal que mal, con las proyecciones para este año, este será el peor trienio en materia de crecimiento desde comienzos de los años 80. Ni la crisis asiática a fines de los años 90, ni la sub-prime en 2008 provocaron un estancamiento similar en nuestro país. Y esto, en un escenario internacional que, si bien se ha ajustado fuertemente a la baja, continúa en torno al promedio histórico.

El problema para el oficialismo es que se acercan dos elecciones, primero la municipal y luego la parlamentaria y presidencial. Y aunque el crecimiento no es todo, sin crecimiento es muy poco lo que se puede hacer. Por lo mismo, si bien una economía dinámica no garantiza una reelección, una estancada sí la hace mucho menos probable.  

Los hechos muestran que la principal variable tras la desaceleración es interna -ésta comenzó a mediados de 2013, cuando durante la campaña aparecieron las primeras señales anti reformismo y se hizo evidente que la Nueva Mayoría y la Concertación no eran lo mismo: la primera pretendía retro-excavar lo hecho por la segunda.  Lo que vendría era incluso predecible para un economista: ante la mayor incertidumbre, e incluso más allá del contenido de las reformas, la inversión, que depende fundamentalmente del futuro, comenzó a contraerse. Al primer trimestre de este año, según las cifras del Banco Central, la inversión ha caído en ocho de los últimos once trimestres. El ajuste a la baja en el precio del cobre sólo exacerbó el daño. El problema es que, a pesar de esta verdad económica, incluso ahora, el subsecretario del Trabajo, ante el fallo del Tribunal Constitucional que derogó la titularidad sindical, tiró el mantel señalando que los pocos aspectos en el proyecto laboral que contribuyen a la productividad serían sacados de la reforma.  

En un escenario tan hostil para la inversión, si lo que le preocupa a la autoridad es el bajo crecimiento, mi recomendación es que, más que un lápiz, utilice una goma; más que anuncios, comprometa prioridades; más que proyectos, ofrezca certezas. Que el gobierno deje de hacer no impulsará la inversión, pero al menos evitará que siga ésta cayendo. 

Este discurso era una oportunidad para fijar una ruta final que reconstruyera, pero en mi opinión, no se aprovechó. Así, dados los rezagos con que operan las políticas económicas y el tiempo que requiere la inversión para remontar, creo que ya es tarde para el oficialismo.P 

Investigador del Centro de Estudios Públicos (CEP) y académico de la Universidad de Chile.