2301928_500.jpg

Internacional

Bachelet opta por la fórmula de la confianza y designa a Mario Fernández como su tercer ministro del Interior

T. Martínez / G. Pierola 09/06/2016

La salida de Jorge Burgos se oficializó ayer, pero tuvo versiones disímiles. Unas apuntan a una deteriorada relación con la Presidenta, y otras que fue una renuncia conversada. También se dice que el ministro se adelantó a un cambio de gabinete mayor.

La noche del martes, la renuncia de Jorge Burgos al gabinete ya era prácticamente un hecho. Y nada era casualidad.

En el entorno del ahora ex ministro del Interior la versión es una sola: el cambio fue conversado con la Presidenta Michelle Bachelet, y ambos venían definiendo hace varios días el mejor momento para sellar 13 meses marcados por una compleja relación, que tuvo desencuentros públicos por diversos temas (ver recuadro).

Nada era casualidad por varios hechos. Burgos tenía comprado desde hace meses pasajes a Londres para viajar hoy a visitar a su hijo mayor, quien estudia un doctorado en esa ciudad, incluso ayer reveló que pensaba pedir un permiso sin goce de sueldo. A ello se sumaba que su sucesor en Interior, el también DC Mario Fernández, se encontraba en Santiago desde hace algunos días, tras regresar de Uruguay, donde se desempeñaba como embajador.

El cambio se concretó pasadas las 13:00 horas de ayer, y luego Burgos y Fernández tuvieron una extensa reunión-almuerzo en La Moneda. Ambos tienen una antigua amistad y pertenecen al denominado Grupo München, que integran además Gutenberg Martínez, Edmundo Pérez Yoma y José Miguel Insulza, entre otros.

Compleja relación. Para nadie era un misterio que Bachelet y Burgos tenían estilos profundamente opuestos. Prueba de ello fue el historial de desencuentros públicos entre ambos durante los 13 meses de gestión del jefe de gabinete, quien reemplazó en el cargo a Rodrigo Peñailillo, un hombre forjado bajo el alero de la mandataria.

La diferencia sobre el fallo preliminar de La Haya en el juicio con Bolivia, la postura de Burgos por el proyecto de despenalización del aborto en tres causales, los dichos del ahora ex ministro sobre la declaración de Sebastián Dávalos en el Caso Caval, fueron algunos de los episodios que tuvieron su máxima tensión cuando el jefe de gabinete tenía decidido renunciar luego que fuera excluido de un viaje de la Presidenta a la Araucanía, a fines de diciembre del año pasado.

“Después de eso la relación nunca se pudo recuperar”, dice un cercano al ahora ex ministro.

Como sea, varias voces al interior del oficialismo apuntan a que Burgos al dejar el Gobierno se habría adelantado a un inminente cambio de gabinete de carácter más amplio en uno de los momentos más complejos que atraviesa la actual administración de Bachelet.

“Gracias por la confianza, el afecto y el cariño que hemos desarrollado y que, tal como tú me dijiste, va a perdurar más allá de los roles institucionales que nos ha tocado llevar adelante”, dijo ayer la mandataria en referencia a Burgos, mostrando un tono a ratos emocionado en sus palabras.

La puesta en escena de ambos fue marcada por gestos de diplomacia, y el jefe de gabinete se despidió agradeciendo a la mandataria.

“Nosotros tuvimos diferencias. Yo sé ubicarme. Quien manda en un régimen presidencial es la Presidenta de la República”, dijo Burgos, y añadió que “con la Presidenta tenía de antes una amistad, conservo una amistad y creo que acrecenté una amistad”.

Ayer el ex ministro dijo que seguirá vinculado a la política y hay quienes lo ven como posible candidato senatorial por el sur.

Las últimas tensiones que marcaron la antesala de su salida del Gobierno ocurrieron hace pocos días, con la polémica por el control preventivo de identidad en el marco de la agenda corta antidelincuencia, por el que el Partido Socialista pretendía ir al Tribunal Constitucional, e incluso el presidente de la Cámara de Diputados, Osvaldo Andrade, concretó una presentación ante el TC. Ayer el propio Burgos aludió a diferencias con actores de la Nueva Mayoría tras dejar La Moneda por Morandé 80, donde su jefe de comunicaciones le entregó una bandera de Chile.

El elegido. Con la llegada de Fernández a Interior, la mitad del comité político queda conformado por dos ex ministros del ex Presidente Ricardo Lagos Escobar.

El “Peta”, como llaman al nuevo jefe de gabinete, conoce hace años a Bachelet, desde que ambos coincidieron en el Ministerio de Defensa (ver nota secundaria).

Ayer los presidentes de partido de la Nueva Mayoría emitieron una declaración en la que hicieron un reconocimiento a la gestión de Burgos y desearon éxito a su sucesor a la cabeza del ministerio.

“Le he pedido al nuevo ministro que concentre su labor en la conducción política del gabinete y en una buena gestión de nuestras políticas públicas”, dijo ayer la Presidenta durante el juramento de su tercer ministro del Interior en poco más de dos años de Gobierno.

Ayer Fernández convocó a un comité político para las 18:30 horas.

La historia de lealtades entre la Presidenta y su nuevo hombre fuerte

Con una militancia DC de medio siglo, el recién asumido ministro del Interior, Mario Fernández -quien hasta ayer ejercía como embajador en Uruguay- vuelve a la primera línea en política con el aval de ser parte de la vieja guardia concertacionista presente en la Nueva Mayoría; fue subsecretario en los Gobiernos de Patricio Aylwin y de Eduardo Frei, y ministro en el de Ricardo Lagos Escobar.

Fue su propio antecesor, Jorge Burgos, quien no ocultó la cercanía de larga data que mantiene con el nuevo jefe de gabinete. Ambos personeros integran el grupo München -conformado en la década de los ‘80 por algunos de los fundadores de la Concertación- que se reunía semanalmente para discutir sobre política. Además de ambos personeros, el diputado PS Marcelo Schilling, los ex ministros Edmundo Pérez Yoma, Mariano Fernández y Osvaldo Puccio, y Gutenberg Martínez, eran parte de esta convocatoria. De hecho, Fernández es muy cercano a éste último y a Soledad Alvear, con quienes es compadre.

Fue en su rol en los pasados gobiernos concertacionistas que Fernández se cruzó con la Presidenta hace casi 20 años. A fines de los ’90 Bachelet llegó tras recomendaciones a asesorar a Defensa y, por ese entonces, Fernández era subsecretario de Guerra en el Gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle.

En marzo de 2000, Bachelet asumió el Ministerio de Salud bajo el mandato de Ricardo Lagos Escobar, y encontró nuevamente en Fernández un aliado justo en momentos complejos: tenía la tarea contra el tiempo de terminar con las filas en el sistema público de salud. Apenas se instalaron en sus respectivos cargos -Fernández fue designado por Lagos como ministro de Defensa- ambas carteras realizaron un convenio y las Fuerzas Armadas ayudaron desde ese mismo mes a la tarea encomendada a Bachelet, poniendo a disposición especialistas de sus centros asistenciales en cinco regiones del país, tras gestiones del “Peta”, como lo llaman sus amigos.

Dos años después, la buena relación se hizo evidente. El 8 de enero de 2002 Fernández calificó como un “honor y una tremenda satisfacción” dejar en manos de Bachelet el Ministerio de Defensa, cuando él asumió la Segpres.

Fue bajo ese rol que salió a relucir su veta valórica. En 2002 pidió restarse de la discusión sobre la Ley de Divorcio argumentando estar en contra “porque la Iglesia está contra el divorcio. No tengo idea de las razones teológicas, yo no soy teólogo. Creo en todo lo que dice el cardenal. Él es mi autoridad religiosa”. Lagos accedió y el proyecto fue liderado por los ministerios de Justicia y el Sernam.

El 1 de enero de 2006, Fernández asumió como miembro del Tribunal Constitucional. Ahí nuevamente dejaría en evidencia su lado más conservador: en 2008 acogió el requerimiento presentado por la Alianza que buscaba prohibir la distribución gratuita en consultorios de la “píldora del día después”, apelando al derecho a la vida. Esto, a pesar de que su voto era decisivo para la voluntad del Gobierno.

No obstante, en agosto de 2012, y en su calidad de abogado, fijó postura respecto a la Asamblea Constituyente en una columna de opinión en La Tercera. “¿Por qué no? Que el pueblo diga su palabra”, sentenció sobre la posibilidad de generar una nueva Constitución mediante AC, cuestionando la “demonización” de la fórmula.