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Cómo es para los extranjeros trabajar en Chile

Paula Núñez 24/05/2017

De acuerdo a la última encuesta Casen, en nuestro país hay 465.319 inmigrantes. De ellos, 69,1% se concentra en la Región Metropolitana. Un chofer de Uber, una médico que recién aprobó el Eunacom, un bombero de estación de servicio y una emprendedora cuentan cuáles son las principales barreras y desafíos con los que se encontraron al llegar a Chile

Es miércoles por la mañana y espero que el Uber llegue. Saludo a José, el conductor, y nos preparamos para el taco. Se trata de un trayecto largo, así que aprovecho de preguntarle cómo llegó a manejar en Uber. Me dice que él es de Perú y que lleva 14 años en Chile. “Es una de las mejores decisiones que pude haber tomado”, señala. Él terminó su enseñanza media y vino a nuestro país en búsqueda de mejores oportunidades.

Sus primeros días los pasó cargando sacos en La Vega. “Yo vine a juntar dinero para progresar y lo he hecho”, señala. Tiempo más tarde logró comprar una casa e instaló un almacén en Independencia. “Era un trabajo duro, pero tenía muy buenos beneficios. Si bien, trabajaba de lunes a lunes, me generaba ingresos con los que jamás habría podido soñar en Lima”. Pero el trabajo sin parar le pasó la cuenta. Después de 12 años trabajando todos los días, le diagnosticaron un estrés severo. El psiquiatra le aconsejó buscar una nueva alternativa para generar ingresos y hace un año atrás decidió cerrar el almacén y optó por Uber.

José tiene una mirada crítica de la inmigración. Dice que si hubiera nacido en EEUU, hubiera votado por Trump. “En Chile es hora de adoptar medidas para asegurar que los inmigrantes que llegan sean un aporte para el país, no delincuentes que andan de manera ilegal. Cuando pienso lo que me costó tener mis papeles, y que allá afuera hay gente que anda de vago sin tener nada, me enojo. Por eso entiendo a la gente que en EEUU votó por Trump. Él no quiere que los inmigrantes contaminen su país. Yo espero que en Chile se regule pronto y no dejen entrar a cualquiera”.

Buscando más que un lugar

En los últimos 12 años, la población haitiana en nuestro país ha crecido significativamente, algo que se intensificó tras el terremoto de 2010. De acuerdo a datos de extranjería, en 2016 entraron cerca de 170 haitianos por día a Chile. Uno de ellos fue Alce Elanot, que lleva un año y medio en nuestro país. Él trabaja en una estación de servicio en Maipú.

“Tengo familia en Haití, pero me vine porque me dijeron que acá había mejores condiciones. Y es cierto. Yo quiero mi país, pero hoy estoy enamorado de Chile”. Él cuenta que el idioma no fue tan difícil de aprender. “Cuando llegué, al principio sentía que hablaban muy rápido. Pero ahora ya ‘cacho’ todo lo que me dicen. Más difícil que aprender el idioma fue juntar la plata para venir. Esos $680.000 me costó mucho tiempo de trabajo en mi país”.

Siempre con una sonrisa, Alce cuenta que le gusta Chile y que se siente parte de la comunidad. Esto también se explica por el rápido crecimiento de la población haitiana, que hoy ya representa cerca del 2% de las residencias definitivas en Chile. “Tengo hartos amigos chilenos, pero también haitianos. De hecho, acá -en la estación de servicio- somos como cuatro”. Rato más tarde, vería cómo Alce sociabilizaba con sus pares en creol. Cuando le pregunto cómo lo han tratado, él es enfático: “A mí los chilenos nunca me han tratado mal. Yo encuentro que son bien simpáticos”.

Al que madruga, Dios le ayuda

María Zambrano, tiene 37 años, es nacida y criada en Chimborazo, Ecuador. Llegó a Chile hace siete años. “Primero trabajé en servicio doméstico. Eso me permitió ahorrar y ayudar a mi mamá y hermanos a llegar a Chile. Hace cinco años tuve una hija, así que quise cambiarme de empleo. Trabajé en varias cosas antes de esto”. Actualmente, vive en Lampa y se levanta todos los días a las 4:00 de la mañana para elaborar pan, que después vende. Su día funciona en torno a los horarios de comida. En la mañana se concentra en los desayunos. A medio día, junto con sus hermanas, Paola y Carolina, van a vender almuerzos a varias construcciones.

“Me gusta porque esto me permite ver crecer a mis hijos. Acá trabajo duro, pero también tengo una recompensa que hace que valga la pena haber llegado a Chile. Como dicen los chilenos: al que madruga, Dios le ayuda”.

El drama del Eunacom

Paola Quezada lleva poco más de tres años en nuestro país. Originaria de Santa Cruz, Bolivia, estudió medicina y decidió instalarse en Santiago porque sentía que acá podría crecer más. “Estoy acá porque quiero hacer una especialidad en medicina, creo que tienen una buena escuela en medicina”.

Pero no fue un camino sencillo. Tras haber terminado la universidad con buenas calificaciones, Paola llegó a Santiago. Ahí debió enfrentarse al Eunacom. Este examen es encargado por el Estado a la Asociación de Facultades de Medicina de Chile y obtener un puntaje mínimo es requisito para que un médico pueda desempeñar funciones en el servicio público de salud y postular a programas de especialización.

“Cuando llegué comencé una pasantía en un hospital para ambientarme, donde sobre todo pude obtener bibliografía para prepararme”. Al primer intento reprobó la teoría. Sin embargo, el segundo semestre del segundo año que vivía aquí tomó un curso de preparación y lo pasó. “Es muy complejo, hay preguntas que solo los especialistas o los que hicieron esa preguntas sabrían responder”. Actualmente, Paola trabaja en un Cesfam del sector suroriente de la ciudad.