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El giro sustentable que empieza a dar la industria cosmética

Paula Núñez 10/01/2018

Que no hayan sido testeados en animales, que sean producidos con ingredientes orgánicos, que estén libres de pesticidas, que su huella de carbono sea mínima y que, en lo posible su envase sea verde. Hoy el sector empieza a adoptar medidas que den respuestas concretas a las inquietudes de sus consumidores que ven en la sustentabilidad un “must” para la cosmética.

LABIALES, máscaras de pestañas, bases, cremas, champús y rubores, son parte del sinfín de productos de la industria cosmética que están presente en la cotidianidad. Hoy este mercado empieza a ver a la sustentabilidad como un nuevo aliado, uno que permite llegar a usuarios más informados y empoderados que hoy están dispuestos a cambiar la decisión de compra si un producto no cumple con este tipo de características.

En Chile, el 80% de los productos de la industria cosmética es importado, lo que ha permitido que la mercadería disponible en el mercado nacional esté un paso más adelante, pues la mayoría de las grandes corporaciones del sector desde hace algunos años ha investigado y adoptado políticas ligadas a términos como “cruelty free”, ecodiseño y “fair trade”. “Para la industria cosmética es muy importante preocuparse de este tema, ya que es un sector que, evidentemente, tiene mucho que hacer y contribuir para evitar la contaminación de nuestro planeta. Por lo mismo estamos preocupados que nuestros productos cumplan con la normativa y que materias primas, por ejemplo, no contengan compuestos dañinos para la salud y medioambiente”, cuenta Álvaro Márquez, presidente ejecutivo de la Cámara de la Industria Cosmética de Chile AG. Añade que el sector se está moviendo hacia una mirada sustentable porque así lo piden los consumidores.

¿Qué hacen las empresas?

Varias son las compañías que han puesto a esta mirada “ecofriendly” como un pilar de su negocio. Uno de los casos más destacados a nivel global es el de Natura, convirtiéndose en la primera empresa de capital abierto en recibir la certificación B-Corp. “La compañía ha profundizado e incorporado la sustentabilidad, que guía el desarrollo de sus productos y acciones globales de manera transversal, buscando que los principios de la sustentabilidad sean la base para construir el ambiente empresarial y la sociedad como un todo”, dice Alexandre Lemos, gerente general de Natura Chile. Uno de los puntos de trabajo más llamativos es el de comunidades. Natura actúa en Brasil en alianza con 33 cooperativas, de las cuales 24 están en la Amazonía, generando desarrollo social e ingresos para 2.119 familias a partir de cadenas productivas sostenibles. Además, el trabajo con la biodiversidad ayuda a conservar 257 mil hectáreas de selva en pie, un área superior a la de Reino Unido.

Otro de los grandes grupos que ha seguido este camino es L’Oréal, que reúne 23 marcas, entre ellas: Urban Decay, YSL y Lancôme . “Hoy podemos decir que el impacto ambiental y social tienen para L’Oréal la misma trascendencia que los principios que rigen el diseño y la creación de un producto”, señala Verónica Lewin, directora de comunicaciones y sustentabilidad de L’Oréal Chile.

Entre sus metas -dice Verónica- está innovar para que el 100% de sus productos cuenten con un beneficio ambiental o social asociado de cara al 2020. Ese mismo año su huella ambiental se habrá reducido en un 60%. Pero no sólo se trata de un trabajo que se remita a la labor de su organización. Para ser coherentes en la materia, apelarán a que el 100% de sus proveedores estratégicos participe del programa de proveedores sustentables.

En el caso de L’Occitane, la compañía se negó a utilizar productos de origen animal en sus fórmulas (excepto aquellos que vienen de la colmena). Weleda, de origen suizo-alemán, sólo utiliza productos orgánicos en su producción, mismo camino que ha seguido Cattier y Le Petit Olivier.

Ley REP como catalizador

Uno los puntos en que hoy la industria trabaja de manera fuerte es el ecodiseño, donde la transformación de su packaging ha sido clave para generar menos residuo y, por supuesto, el repensar la materialidad de ellos. Mientras algunos como Natura han apostado por sistemas de refill, otras soluciones han surgido como la utilización de plásticos reciclados.

Compañías como Lush, de origen inglés, han ido aún más allá, dejando el plástico de lado e innovando en sus productos desde la fórmula. Por ejemplo, cuentan con champú en barra que deja atrás el líquido y plástico. La creación de esta barra surgió de manera accidental cuando se buscaba una nueva fórmula para uno de sus jabones. Así, se llegó a una especie de pastilla de jabón que generaba mucha más espuma de la habitual y que, con la adición de otras hierbas, generaron un producto disponible en todo el mundo, uno de los íconos de la compañía.

Pero parte de la industria cosmética ha tenido a los catálogos como aliados de venta. Así es como Oriflame, por ejemplo, genera el 99% de sus libros de venta a partir de papel proveniente de bosques certificados, en tanto, el 96% de ellos no termina en el vertedero. Además acaban de incorporar su línea EcoBeauty, la primera de la compañía que es certificada por comercio justo.

Otros de los desafíos pendientes, señalan desde el sector, se relacionan con el manejo responsable del agua, una de las materias primas fundamentales para la industria, del mismo modo hay una presión en el sector por disminuir las emisiones de CO2 y, por consecuencia, bajar su impacto en el cambio climático.