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Ejecutivas y directoras cuentan cómo fue su camino en los negocios

Paula Núñez 08/03/2017

Como “una travesía por una montaña escarpada y cuesta arriba”, así describen algunas ejecutivas la trayectoria de las mujeres que han apostado por altos cargos ejecutivos. Acá algunas gerentes, fundadoras y directoras dan cuenta de los avances en la materia y de los desafíos que quedan por superar en un país como el nuestro, donde los estereotipos de género parten al nacer y que genera brechas que aumentan a medida que las personas envejecen.

Determinación, trabajo y sudor. Así resumen ejecutivas y directoras de empresas el proceso de llegar a posiciones de liderazgo. Sobre todo en nuestro país, con una brecha no sólo en participación, sino en salarios, sobre todo en altos cargos (hasta 30%).

Varsovia Valenzuela, directora de CMR Falabella y de Banco Falabella, ha sido destacada por múltiples organizaciones como una de las líderes empresariales más importantes de nuestro país. Sin embargo, para consolidar su carrera debió superar varios obstáculos. Ingeniera comercial de la Universidad Católica, uno de sus primeros intentos en el mundo laboral fue conseguir trabajo cerca de su casa -Rancagua-, en la mina El Teniente, labor que resultó infructuosa. Posteriormente pasaría por organizaciones como The Royal Bank of Scotland, Xerox y Citibank, donde se desempeñó en áreas ligadas al sector financiero. Hoy da cuenta de los desafíos para las mujeres en Chile. “El liderazgo femenino en nuestro país está recién en desarrollo. Realmente cuesta que las mujeres lleguen a cargos ejecutivos de alto nivel y, por lo tanto, también ha dificultado la llegada de mujeres -que no pertenecen a las familias- a los directorios”.

Acerca de qué se puede hacer para impulsar la llegada de las mujeres a la alta dirección, señala: “Al principio yo no estaba de acuerdo con las cuotas. Pero a medida que he estudiado el tema y que lo he experimentado en carne propia, me he dado cuenta de que al menos en un periodo de transición van a ser necesarias las cuotas, que las empresas tengan que cumplir durante un periodo, con la incorporación de mujeres. Si se deja que opere de manera natural, dada la cultura chilena, se va a demorar mucho tiempo”. Valenzuela enfatiza que hoy apoya esta fórmula, que incluso ha sido necesaria en los países desarrollados para impulsar que el proceso de integración se acelere.

Cambio en la banca

Jessica López se convirtió en la primera mujer en encabezar un banco en nuestro país. La gerente general ejecutiva de BancoEstado, plantea que el liderazgo de las mujeres chilenas no está plenamente desplegado, pero que es necesario avanzar decididamente en este camino. “Constituye un gran cambio cultural, que también requiere de decisión y el convencimiento de que es bueno para el país”, enfatiza. Se instaló en un cargo que históricamente ha sido ejercido por hombres y por ello, “más allá de la natural alegría de haber llegado a esta posición, constituye una enorme responsabilidad y también un gran deber de marcar una diferencia en el ejercicio del mismo”, señala.

Con más de 14 mil personas en la organización, dice que lo más difícil es la aceptación de los pares. “Mi experiencia me muestra que lo más difícil es validarse en los roles tradicionalmente asociados a los hombres: gerenta, jefa, ejecutiva, líder de un equipo. Pese a que tenemos las competencias, somos ‘mateas’ y aprendemos rápido, igual debemos esforzarnos más por mostrar nuestras capacidades en estos roles”. Esto, para ella ha significado un triple esfuerzo porque además, la mayoría de las mujeres debe compatibilizar la vida profesional con la familiar.

“Mantenemos la responsabilidad principal por la familia y los hijos. Entonces la exigencia es muy alta para demostrar que las mujeres tenemos capacidad para hacer todo esto y hacerlo bien”. Ella se muestra a favor de mecanismos que impulsen la integración de mujeres en la alta dirección. “Estimo fundamental instalar mecanismos que lo favorezcan, como por ejemplo la incorporación de al menos una mujer en la última terna de los procesos de selección; promover la competencia a través de talleres y mentorías; y capacitar a los ejecutivos para que al interior de sus equipos puedan reconocer mujeres líderes y potenciarlas”.

Ingreso a grandes empresas

Engie, Terpel y British American Tobacco son algunos de los directorios en los que participa Karen Poniachik, quien se desempeñó durante casi dos años como ministra de minería durante el primer mandato de Michelle Bachelet. En el mundo de los negocios su visión es valorada y ella lo sabe. Sin embargo, no tiene reparo en apelar a la deuda con las mujeres en el mundo corporativo.

“Chile tiene una deuda gigantesca en la incorporación de cargos ejecutivos y directivos. Hemos avanzado poco en los últimos años, en comparación con otros países, a pesar de las buenas intenciones y palabras de buena crianza. Veo muy pocos avances en las empresas tradicionales respecto a esa materia. Actualmente, es directora de Amcham, donde la mitad de la mesa directiva corresponde a mujeres, todas ellas elegidas por los socios. “Gran parte de los avances se ha dado con la llegada de instituciones transnacionales, donde la integración de la mujer está más incorporado”. Poniachik destaca que la permanencia es uno de los grandes retos. “Para las mujeres jóvenes el desafío es más grande porque está la maternidad. Las que ya pasamos esa etapa se topan con un escenario, donde no sólo te topas con un tejado de vidrio que impide subir, sino que además te encuentras con una cañería llena de filtraciones porque tenemos que destinar el tiempo a muchas otras actividades, que nuestros pares no tienen que hacer”.

Otra mujer que cambió la historia en una compañía es Gloria Ledermann, que se convirtió en la primera mujer en llegar a un puesto de gerencia en Copec. “Para asumir posiciones de liderazgo en grandes empresas, se requiere demostrar compromiso, responsabilidad, entrega, lograr resultados y cumplir objetivos. Esto, demanda tiempo, perseverancia y dedicación, lo que es algo más complejo cuando uno es de provincia y mujer; se requiere un mayor esfuerzo, pero se puede”. Ella manifiesta que “las mujeres en altos cargos han demostrado, que con estilos diferentes se pueden lograr los mismos objetivos. Tenemos sensibilidades distintas a los hombres, otras prioridades, al parecer recorremos el camino de otra forma, pero sin duda, entregamos un aporte valioso”.

ADN emprendedor

Dominique Rosenberg lleva los negocios en la sangre. Hija de uno de los fundadores de Rosen, desde su niñez amó la cosmética. En su adolescencia fue campeona nacional de tenis, deporte que la llevó a recorrer diferentes latitudes y, en cada destino, un infaltable era pasar por tiendas a comprar algún labial o máscara de pestañas. Hoy su afición se convirtió en DBS, que hoy cuenta con cerca de 40 tiendas a lo largo del país y planes de expansión. La cadena de artículos de belleza fue adquirida en 2015 por Empresas SB (SalcoBrand), operación que bordeó los US$40 millones.

Ella da cuenta de cómo la presencia femenina ha modificado la forma de enfrentarse a los negocios. “El rol de la mujer se ha ido visibilizando muchísimo en nuestro país, y hemos sido testigos de cómo las mujeres estamos contribuyendo al mundo empresarial con un estilo más cercano y reflexivo, demostrando a la vez que somos capaces de ejercer profesiones que antes parecían ser solo masculinas”. Detalla que esto ha permitido que el liderazgo se impregne de habilidades como “tender puentes, más empatía en el mundo laboral, una mayor reflexión de los temas, el sentido de organización y una mayor orientación hacia las personas”.

Una noche, Carolina Echenique soñó con papas de colores que caían desde el cielo y decidió que era algo que tenía que explotar. Así partió la historia de Tika, compañía dedicada a los snacks sin colorantes, saborizantes ni ingredientes artificiales. Hoy exporta sus productos a cerca de 15 países. Echenique cuenta que ha visto un cambio, que se está redefiniendo el rol de la mujer. “Se está produciendo un cambio importante y mucho más rápido de lo que imaginamos. Hoy las mujeres tenemos la posibilidad de hacer mucho más que en el pasado y estamos viendo como hemos usado ese espacio para entrar en áreas que, antiguamente, eran vistas como masculinas”. Añade que hoy la competencia no es con los hombres, sino con nosotras mismas. “Tenemos que ser capaces de mostrar nuestras habilidades (…) y fomentar desde la infancia que las niñas tengan una predisposición positiva a los negocios”. Es esta idea, la que la hace estar en contra de las cuotas. “ Las mujeres tienen que validar su entrada al mercado; no tiene que ser por paridad ni bajo otro formato. Una mujer en la alta dirección debe llegar ahí por su capacidad, conocimiento, no por obligación”.