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Colegio y familia determinan cómo se enfrentarán ellas al mundo laboral

Paula Núñez 08/03/2017

Biológicamente no hay diferencias que indiquen que para las mujeres son más difíciles las matemáticas o la ciencia, es la sociedad la que históricamente lo ha determinado. Los expertos indican al entorno en la primera infancia como el factor decisivo en cómo se relacionarán con el trabajo, su impronta al riesgo, el acercamiento al emprendimiento y la facilidad que tendrán para pedir aumentos de sueldo.

En Chile, no es lo mismo nacer hombre que mujer, dice un estudio de Comunidad Mujer. El entorno familiar establece diferencias desde incluso antes de nacer, estimulando a las niñas a las actividades domésticas y maternales con muñecas y adornos de princesa, mientras que a los niños se les orienta hacia actividades de riesgo y fuerza como ser bombero o carabinero…Así comienza el ciclo de la desigualdad de género.

Si bien en Chile no hay una diferencia en acceso a la educación, estudios de la OCDE señalan que es uno de los países con la brecha más amplia respecto a resultados. El estudio “Diferencias de género en la calidad de las experiencias de educación de la primera infancia en Santiago de Chile”, revela diferencias en el comportamiento de los educadores hacia los niños y niñas. Por ejemplo, en apoyo emocional, los educadores tienden a prestar más atención a las niñas, mientras que desafían cognitivamente más a los niños, dirigiendo un 30% más de preguntas lógico-matemáticas y sobre narración de cuentos a ellos. “En general, en prekínder, los niños llegan en igualdad de condiciones. Sin embargo, a final de año, los varones tienden a estar en mejores condiciones. Creemos que se debe, en parte, a la calidad de las interacciones con los alumnos”, señala Constanza Vielma, una de las investigadoras del estudio.

Esta situación se prolonga en la educación básica y media. De hecho, la PSU de 2016 marcó un hito. Por primera vez, desde que se inició en 2004, las mujeres superaron a los hombres en puntajes en lenguaje, una de las cuatro especialidades de la medición. Si bien esto da cuenta de un avance, también refleja la brecha que existe en la educación. Hoy, los expertos ven en las aulas y la interacción con el núcleo más cercano la posibilidad de generar un cambio cultural que impacte de manera positiva a las nuevas generaciones.

Comunidad Mujer realizó el informe “GET, género, educación y trabajo: la brecha persistente”, para el cual tomaron datos a lo largo del ciclo de vida: mediciones en el colegio, grado de escolaridad, integración en el mundo laboral y pensiones, entre otras para analizar las variables de la brecha y el rol que juegan los estereotipos de género.

“Creemos que es muy importante tomar las brechas que se están produciendo en la primera infancia porque es ahí donde se establecen las diferencias que van a tener después”, dice Paula Poblete, directora de estudios de Comunidad Mujer. Ella señala que es crucial abordar los estereotipos de género al principio porque ahí se traza el carácter. “Hay antecedentes que hacen pensar que el trazado durante la primera infancia tiene directa relación con la inseguridad o temor que se reflejan al no saber cuánto cobrar por un trabajo o subestimar sus habilidades laborales”. Ella señala que es clave que los padres tomen conciencia acerca de la importancia de criar niños en igualdad de oportunidades. “Hay una serie de sesgos inconscientes que los papás están transmitiendo a sus hijos. Pero que se pueden cortar si ellos lo deciden”. Lo mismo ocurre en las aulas.

Poblete señala que en nuestro país no hay cátedras obligatorias que enseñen a los futuros docentes a eliminar esas ideas heredadas ni a hablar acerca de perspectivas de género. “Es importante que generemos mecanismos para que los docentes puedan darse cuenta de sus sesgos de género y que puedan remediarlos, porque si ellos tratan a niños y niñas por igual, estos aprenderán comportamientos libres de prejuicios de género”, coincide Vielma.

¿Qué pasa con los NINI?

Según datos de la Encuesta Casen, hay casi 3 millones de jóvenes entre 15 y 24 años. De ellos 380 mil, es decir, el 13%, no estudia ni trabaja remuneradamente (NINI). De ese grupo, un 68% son mujeres y un 37% pertenece al primer quintil de ingresos. “Esto significa que el llamado fenómeno NINI se vincula fuertemente con la desigualdad de género y socioeconómica, pues está concentrado en mujeres y en los segmentos de menores ingresos y de más baja escolaridad”, establece el informe GET.

La cobertura de la educación básica en nuestro país superó el 90% durante todo el período 1990- 2015, sin diferencias por sexo. En tanto, en la educación media hay una mayor cantidad de mujeres matriculadas. A partir de ello, hoy se plantean desafíos más complejos que se vinculan con la igualdad de género.