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Chile comenzará a producir energía a partir de desechos

Paula Núñez 05/04/2017

Con más de 17 toneladas diarias de residuos, los chilenos somos líderes de la región en producir basura. Un consorcio de empresas de Temuco está diseñando un sistema que estaría operativo en dos años, con un costo aproximado de US$80 millones y que podría inyectar energía al SIC.

Cada persona en nuestro país genera en torno a un kilo de desperdicios al día, según datos del Sistema Nacional de Información Ambiental (Sinia). Esto se traduce en que cada jornada, vertederos y rellenos sanitarios reciben 17 toneladas de residuos.

En países como Japón o Alemania ha primado la introducción del “waste to energy”, o sea, convertir la mayor cantidad posible de basura en energía, reduciendo su volumen, además de minimizar el contacto de la comunidad con la basura, transformándola en materia prima para nuevos procesos, área donde nuestro país está dando sus primeros pasos.

Temuco se convirtió en uno de los primeros en apostar por la transformación de residuos a energía. Para ello, un consorcio de empresarios, denominado WTE Araucanía, buscó un metodología que consta de dos etapas: en la primera se reciben los residuos, luego son triturados para reducir su tamaño, se higienizan con vapor -que además elimina olores-, y después son separados y valorizarlos entre lo reciclable y lo que se puede gasificar para generar energía.

Durante la segunda etapa, se tomarán los residuos no reciclables procesados y se gasificarán a través de una combustión compleja, disminuyendo la cantidad de emisiones al medioambiente, y creando gas de síntesis (syngas). Esto alimentará una turbina para generar entre 9 y 15 MW de energía, permitiendo retroalimentar a la planta y entregar lo restante al Sistema Interconectado Central. “Chile es un país en que se recicla muy poco en origen, por eso decidimos traer este modelo, separando a través de tecnología muy avanzada los metales, fierros, P.E.T, entre otros, valorizando -en primera instancia- vía reciclaje los residuos. Luego decidimos gasificar, porque el proceso genera menos emisiones que la incineración y nos permite entregar energía renovable no convencional”, cuenta Robert Wörner, presidente del directorio de WTE Araucanía, empresa que se adjudicó la licitación por 20 años.

Además, el ejecutivo señala que hoy el proyecto se encuentra en el estudio de impacto ambiental, proceso que debiera durar seis meses.

Una vez que esto ocurra, estiman que la planta demorará cerca de 18 meses en estar operativa. Es un proyecto que representa una inversión de entre US$70 millones y US$80 millones y que inyectará el 80% de la energía al Sistema Interconectado Central.

Uno de los temas que más preocupaba con la llegada de este tipo de sistema era la emisión de materiales contaminantes, ya que han existido casos en otros países, donde se han producido episodios críticos.

Al existir plantas de este tipo desde hace más de 40 años, se ha hecho necesario que las tecnologías con las que se trabajan, avancen con el fin de disminuir su impacto. “En el caso de esta planta, se trata de un proceso que reduce hasta el 90% del residuo inicial, que es concebido como un proceso de última tecnología, pues no genera Gases de Efecto Invernadero ni metano”, enfatiza Wörner.

Casos en el mundo

De acuerdo a datos de la Administración de Información Energética (EIA, su sigla en inglés), Japón es el país líder en la transformación de desperdicios domiciliarios. Ellos venden en torno al 70% de estos para ser procesado. Noruega y Suiza lo siguen con 53% y 46% respectivamente. En el viejo continente, este tipo de sistema existe desde hace más de cuatro décadas y ha generado, por ejemplo, que países como Alemania hoy tengan más de 6.000 plantas de este tipo. Pero ¿por qué esta tecnología para procesar residuos recién está llegando a Latinoamérica?

Con proyectos en evaluación en Colombia, Brasil, Argentina y Chile, los valores que se pagan en Europa por tonelada de basura para procesar en plantas waste to energy varían entre los €70 y €150, que pagan los municipios o el Estado. Mientras que en Chile se paga desde $5 mil a $20 mil por tonelada. “Es clave promover la gestión integral y estratégica de los recursos y la jerarquía, donde primero está la reducción de residuos, la ecología industrial y el reciclaje. El residuo debería ser un recurso generador de energía en Chile, ya no hay más espacio para vertederos”, dice Alex Godoy, director del Centro de Investigación en Sustentabilidad y Gestión Estratégica de Recursos (Cisger), de la UDD.

Agrega que estos modelos apuestan por la recuperación de energía. “Eso hace que incluso los rellenos sanitarios cuenten al final con materia orgánica que puede llegar a producir energía con gran calidad”, añade Godoy.