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Santo Domingo: la ciudad donde todo comenzó

Paula Namur Y. desde República Dominicana 18/11/2013

La capital de República Dominicana tiene una magia única. Tras la llegada de Cristóbal Colón a la isla La Española, la ciudad se convirtió en la locación de la primera catedral, hospital, aduana y universidad de América.

Bayahibe, Punta Cana o Samaná; aguas cristalinas y maravillosas playas de arena blanca. Quizás eso es lo primero que se le viene a la mente a un chileno cuando le hablan de turismo en República Dominicana. Sin embargo, el país es mucho más que eso. Con una economía de US$58,95 mil millones y una población de 10,28 millones de habitantes, República Dominicana es la economía más grande de Centroamérica y el Caribe, y es el principal productor de tabaco del mundo -las fábricas cubanas se han instalado en la isla, desde donde sí pueden enviar sus productos a EEUU-, aunque esta economía tiene reformas pendientes en el sector eléctrico, de empleo y de eficiencia en el gasto público.

Su capital, Santo Domingo, tiene una magia única. Y es que luego que Cristóbal Colón llegara a la isla La Española (que hoy comparten República Dominicana y Haití) en 1492, la ciudad se convirtió en la locación de la primera catedral, hospital, aduana y universidad de América. Su zona colonial, fundada en 1498, es el asentamiento europeo más antiguo en el Nuevo Mundo, y se construyó siguiendo un trazado de damero que sirvió de modelo a casi todos los urbanistas del Nuevo Mundo. De hecho, Santiago se fundó siguiendo ese mismo trazado. En el corazón se encuentra la Catedral Primada de América, justo frente a la Plaza Colón, donde se ubica una estatua del descubridor de América.

Caminar por la calle Las Damas es volver atrás en el tiempo. Esta calle, que fue la primera trazada en Santo Domingo, fue llamada así, según la tradición, porque en ella residieron las damas del cortejo de la virreina María de Toledo (esposa del hijo de Cristóbal Colón, Diego). Ahí se construyeron las primeras casas de piedra para personajes principales y conquistadores. 

La Fortaleza Ozama se erige justamente en esta calle: construida en 1503, se dice que es el puesto militar formal más antiguo todavía existente en América. Caminando por la calle Las Damas se puede ver el primer hotel de América, un reloj de sol que data de 1753, el museo de las Casas Reales (que durante la colonia funcionaba como la Real Audiencia y Palacio de la Capitanía General) y finalmente la plaza España donde se ubica el Alcázar de Colón, un museo con piezas antiguas, donde vivió Diego Colón.

Saliendo de la zona colonial, es imperdible también dar un paseo -o salir a trotar- por el Malecón, área que cuenta con muchos hoteles, casinos y restaurantes y que es escenario para eventos importantes como el Carnaval que se realiza en febrero. Consejo: mire muy bien antes de cruzar la calle… el conductor común y corriente no suele tener mucha consideración con el peatón.

La calle El Conde -que empieza en la zona colonial- es un paseo peatonal donde se puede encontrar distintas tiendas con souvenirs (como el ámbar y el larimar, las piedras típicas del país), ropa, y otros, que desde la plaza de Colón desemboca en la plaza de la Independencia, donde descansan los próceres de la nación.

Otro imperdible es el Museo del Hombre Dominicano -ubicado en la Plaza de la Cultura-, que permite al viajero comprender un poco más sobre el origen de la cultura taína y las tradiciones del pueblo dominicano. Quizás no lo sepamos, pero son muchas las palabras taínas de uso común actual, como: tabaco, maní, Caribe, barbacoa, iguana o huracán.

Probablemente son muchos los sitios a visitar que quedan fuera de esta lista, en una ciudad que invita al viajero a recorrer cada rincón en un viaje de 500 años hacia el pasado, cuando todo comenzó.