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Fuera de Serie

Libro rescata la historia y anécdotas detrás de la coctelería criolla

Paula Núñez 31/01/2018

Tomar un “Terremoto” durante Fiestas Patrias, un “Navegado” en invierno o la típica “Cola de mono” en Navidad se han convertido en verdaderos rituales a lo largo de nuestro país. Lo cierto es que estos y otros cócteles se han convertido en parte de nuestra idiosincrasia con anécdotas y mitos alrededor de ellos.

TERREMOTO, pisco sour, yugoslavo, chilean Manhattan, navegado, borgoña, pichuncho, cola de mono y enguindado son sólo parte de una lista de cócteles que se han consumido por décadas y siglos en nuestro país, los que además, marcan festividades y momentos sociales.

Si se habla de historia, la mistela debe ser uno de los más antiguos. De origen español, este licor de uva -confundido en muchas ocasiones con una variedad de vino- llegó con los conquistadores al Nuevo Mundo. Su dulzura lo convertía en un aliado ideal para preparaciones dulces. De hecho, en 1799 se recluía por ocho días en el calabozo a quienes osaran venderla de manera ilegal.

80 años más tarde, Chile empezaría la producción de su primera cerveza. Se trataba de la Malta, un fermentado de cebada con el que se conseguía un tipo de cerveza oscura y fuerte, que se acostumbraba a beber en invierno acompañada de huevo; una receta que -en tiempos en que no se manejaba la existencia de la salmonela- era recomendada a las embarazas porque se creía que aumentaba la producción de leche. A quienes no les iba bien la malta con huevo, acostumbraban a tomarla con harina tostada, leche condensada o cacao.

Historias como esas y muchas otras recopila el recientemente lanzando libro “Coctelería criolla” escrito por Camila Sáez y Pablo Durán, que se puede leer en español e inglés. “No sólo contamos la historia de cada uno de los tragos. Contamos las anécdotas que los rodean y en qué contexto se tomaban, lo que incluso se ve reflejado en las fotografías. Al investigar acerca de nuestra coctelería, nos adentramos más profundamente en la cultura de nuestro país, pues nuestros tragos nos dicen mucho acerca de lo que es ser chileno”, cuenta Camila Sáez.

Chilean Manhattan

En el ámbito de la coctelería internacional, el Manhattan es uno de los tragos más conocidos. En la década del ‘30 aterrizaba en nuestro país de la mano de locales emblemáticos como el Capri, Bahía o Martini, donde el whisky -uno de los ingredientes clave de la receta anglo- fue reemplazado por aguardiente nacional con el fin de abaratar costos, naciendo el “chilean manhattan”, trago favorito de escritores como José Donoso y Jorge Edwards.

Pero si se habla de tradiciones, durante Fiestas Patrias, el terremoto es uno de los clásicos. Si bien su origen es discutido, la versión más divulgada habla de corresponsales alemanes que llegaron luego del terremoto del ‘85 a Santiago. Con el fin de hacer una preparación refrescante, le habrían echado helado de piña a un vaso de pipeño que sería el “verdadero terremoto” al darse cuenta del efecto embriagador de la bebida.

Para pasar el frío del invierno, uno de los tradicionales es el navegado. Algunos creen que el nombre de esta preparación caliente se debe a las rodajas de naranja que “navegan” en el vino, mientras que otros ven su origen en la creencia popular de que el vino transportado en barco mejoraba su calidad, por lo que aquellos vinos “navegados” tendían a ser más requeridos. Con el tiempo se darían cuenta que esta mejora se debía al tiempo que llevaba su transporte, periodo en que se añejaban las botellas.

Carlos Reyes, una de las “voces” de la gastronomía en nuestro país dice que este compendio “se trata de una puerta de entrada a una fase de la cultura gastronómica que muchos ven, pero que no muchos reflexionan”.