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Vicente Figueroa y el impacto de la ley de tabaco en los casinos: "Todos los meses la industria va cayendo"

Estela López 18/11/2013

El gerente general de casino Monticello critica que existan tantas diferencias entre los casinos municipales y los que se rigen por la Superintendencia. Confiesa que a más de seis meses de la ley de tabaco, aún no se ve un repunte en los ingreso de la industria.

Viaja poco a Santiago; permanece gran parte de su tiempo en San Francisco de Mostazal a minutos del Gran Casino Monticello. Así es el día a día de Vicente Figueroa, gerente general de la mayor sala de juegos del país y que se ha mantenido como número uno de la industria desde que partió en 2008. 

A cinco años de su inauguración, el máximo ejecutivo de la compañía confiesa que no solo los daños que provocó el terremoto en 2010 han mermado la operación del casino, sino que durante este año han debido enfrentar “ataques” incluso más poderosos, como la ley del tabaco, la tolerancia cero al alcohol y la incertidumbre ante lo que pasará con la ley de casinos municipales, lo que -explica- como una “falta de madurez y querer sacar más provecho a la industria”

¿Qué factores han incidido en que sean los líderes de la industria de juegos de azar desde que abrió Gran Casino Monticello?
Lo principal es el equipo, la variedad en la oferta y el cómo operamos esa oferta. El enfoque está en no ser sólo un casino, sino que mucho más.  Tenemos de todo para poder entretener al jugador y a su familia sin que se topen los dos mundos. En consecuencia, el mix y el equipo permiten que hoy seamos el líder el mercado.

¿Cuáles han sido las mayores dificultades que han debido sobrellevar en estos años?
En febrero de 2010, el terremoto nos obligó a estar parados cuatro meses. Hubo mucho daño en la decoración, pero por suerte nada estructural. Abrimos el primero de julio y con cifras que rompían todos los récord, con nuevas promociones y mucho evento para que el cliente viviera una experiencia jamás vista y así nos hemos mantenido, aunque hemos tenido algunos ataques como la ley del tránsito que modificó el consumo del alcohol, y la ley del tabaco que redujo las ventas drásticamente a la industria en general. Esta última ha provocado una baja en torno al 25% e incluso 30% comparado al año pasado. La verdad es que está costando crecer y que esta situación se recupere.

Los distintos actores señalaron en un minuto que la experiencia internacional mostraba que ante este tipo de legislaciones la industria bajaba fuerte, pero luego de unos meses repuntaba y se estabilizaba. ¿Considera que este proceso se ha demorado más de lo normal en Chile?
Desde marzo no se ve un repunte; al contrario, todos los meses la industria va cayendo, no muestra mejora y eso que todos estamos haciendo grandes esfuerzos, pero los ingresos y las visitas se redujeron.

¿Cuáles son esos esfuerzos?
Modificar el concepto de las promociones, hacerlas más cortas cosa que exista más novedad. Además, potenciar fuerte la parte familiar y las áreas no propias del casino, como alimentos con un variado menú. 

Hace una semana que están operando con los cuatro espacios de terrazas para fumadores con máquinas, ¿cómo ha sido la recepción del público?
Hicimos espacios al aire libre para poder fumar; son 320 máquinas. A la gente le gusta porque tiene más opciones y se cumple con lo que una parte del público quiere, que es poder jugar y fumar en las maquinas. 

¿Qué opciones están barajando para enfrentar las bajas en los ingresos?
Por ahora con las terrazas y seguir creando novedades en cuanto a promociones y eventos. Las leyes hay que cumplirlas, por lo tanto, tampoco podemos volvernos locos rompiendo y haciendo cosas que no podemos. Estamos buscando nuevas máquinas y creciendo en el parque; vamos a terminar el año con cerca de dos mil máquinas. Esa es la única manera, y esperar que poco a poco el cliente se vaya acostumbrando a no fumar tanto.

Entre las estimaciones que tienen los distintos actores de la industria, ¿cuánto puede durar este decrecimiento?
En marzo vamos a cumplir un año y recién ahí vamos a poder ver qué pasa. Lo malo y lo preocupante es que ya después de seis meses no hay repunte, y esta es una industria que está constantemente empujando y tratando de hacer los cambios, pero lamentablemente esta situación -más la ley de tolerancia cero, más la cantidad de maquinas en las calles y que uno no puede forzar a los clientes- provoca que la industria esté así. Pero hay que ver qué pasa después de diciembre, quizás la industria empieza a repuntar suave. Tenemos que cumplir un año para tener una visión más clara. Si después del año no repunta se pone aún más complicado el tema. No está fácil operar con los ingresos como están y dar todo lo que la gente quiere.

¿Qué otras alternativas ven después de cumplir un año?
Operar, aquí nadie va a cerrar las puertas, no nos puede ganar. Lo que se hace es ir reestructurando y operar con ingresos más reducidos.

Pero el Casino de Chillán ya pidió la solicitud para cerrar.
Chillán, lamentablemente, está arriba y lejos de la ciudad; es complicado de operar, y la ley de tabaco lo terminó por cerrar, nada más.

¿A ustedes les interesa esta licencia?
A todos nos gusta. A nosotros nos interesa todo lo que queda por abrirse de licencias.

¿Cuál es su posición ante la posibilidad de extender las licencias de los casinos municipales?
La ley es la ley, cúmplanla. Una vez que decidan hay que ver qué viene. Por ahora, lo único que han hecho es hablar y no deciden nada. Lo que sí consideramos es que el cambio en las reglas ya sería mucho. Las cambian muy seguido, por eso hay que ver qué pasa.

¿La diferencia que existe entre los casinos municipales y los que se rigen por la Superintendencia de Casinos provoca cierta incomodidad entre quienes los operan?
Mucha. Acá, lo primero que tiene que quedar claro, extiendan o no las licencias, es que no pueden existir dos industrias o dos leyes para un sector determinado, eso es absurdo e inaceptable. No puede ser que yo me demore 20 días en obtener la aprobación para hacer una promoción y otros casinos se demoran 24 horas porque no tienen que pedir autorización. Está bien la supervisión, está bien que nos fiscalicen, y lo hacen mucho, pero no se debe entorpecer la gestión. Que existan dos leyes en la parte regulación es incomodo, desagradable y complica el día a día.