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Santiago Muzzo: "La mística medioambiental ya está. Ahora falta crear los hábitos y el conocimiento"

Daniel Fajardo Cabello 18/05/2016

El dirigente gremial de la industria del plástico explica los grandes desafíos que vienen para los hogares. Además, destaca la importancia de la denominada primera milla, donde los recolectores de base son fundamentales.

Una de las industrias que se verá más impactada por la Ley REP es la del plástico. Los envases de este material son uno de los “productos prioritarios”. 

Las empresas de este rubro llevan un buen tiempo preparándose, tanto en sus propios procesos, como en campañas de reciclaje a nivel domiciliario. Pero en el Gobierno de Sebastián Piñera, cuando comenzó a hablarse sobre cómo los impuestos verdes podrían aportar al reciclaje, la Asociación de Industriales del Plástico (Asipla) arrugó la nariz. “Hicimos un análisis y concluimos de que estos impuestos no resolvían el problema, más bien eran regresivos y perjudicaban a los segmentos de ingresos más bajos. Fue entonces cuando planteamos una solución alternativa”, explica Santiago Muzzo, actual presidente de Asipla.

Muzzo se refiere a la modalidad de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) que ya estaba funcionando bastante bien en algunos países europeos. “El  Gobierno recogió la idea y el actual, le dio continuidad, lo que es muy importante porque significa una visión correcta, independiente de la administración”, agrega.

Durante el proceso, Asipla invitó a otros gremios interesados en los impuestos verdes (por ejemplo el de los neumáticos) y así, nació la idea de involucrar a todos los actores en el proyecto de ley. No sólo a los fabricantes, sino también a los productores. Paralelamente, se formó el Comité Pro Reciclaje del Empresariado de Sofofa (CPRE). “Por lo tanto, la promulgación es sólo la culminación de un proceso que duró varios años”, reconoce Muzzo.

¿Cómo quedó la Ley?

-Identifica muy bien que el proceso para lograr los objetivos es algo gradual. Nos va a tomar algunos años para llegar a los niveles europeos, lo que implicará muchos cambios  a nivel de infraestructura y cultura.

¿Está Chile preparado?.

-La ley entra ahora en un período donde se definen los reglamentos y claramente la gradualidad debe ser considerada. Por lo que es fundamental entrar nuevamente a un proceso de conversación, que ojalá sea tan exitoso como fue el que ya  ocurrió entre los sectores público y privado. Por eso ahora hay que trabajar en varios desafíos.

¿Cuáles?

– El primero es la conversión ecológica de los hogares. En Chile, el reciclaje postindustrial (el de las empresas) ya tiene un sistema para contratar servicios para la disposición de material. Está regulado por resoluciones sanitarias y es un mercado formal. El gran desafío es cuando entra a los actores domiciliarios, donde el material está mucho más atomizado en millones de hogares. Luego, viene el otro pilar que es el de la “logística inversa”.  O sea, como hacemos que desde las casas, llegue lo menos posible al basurero y que lo que llega, sea separado de la mejor forma.

¿Pero cómo se recogerán esos envases?

-Aquí es donde viene el tercer gran desafío, que es cómo se va creando la demanda de los productos reciclados, generando un mercado que incentive a los recicladores en invertir en tecnología. Lo importante es que la mística medioambiental ya está (por ejemplo se puede ver en los niños). Ahora falta crear los hábitos y el conocimiento.

No se ve muy fácil

– No lo es. Lo primero es entender que si se definió como producto prioritario a los envases de plástico, es importante que entren todos. Hay una tentación natural en concentrarse en productos que hoy se reciclan más, como el PET. A la larga, todos deberían tener el mismo porcentaje de exigencia de reciclabilidad, pero claramente al principio éstos serán distintos, porque tienen historias diferentes (por ejemplo para algunos se exigirá un 2% y para otros, un 15%). Pero al final tienen que igualarse.

¿Aquí el esfuerzo de las familias es clave?

– ¡Importantísimo! Tiene que ser exhaustivo. Cada envase debe ser  puesto en un contenedor diferente y limpiarlo en el origen, sacarle la tapa y las etiquetas. Si las familias separan sólo algunos y otros no, hacen todo más difícil. Ningún envase debería terminar en el basurero. 

¿Podría existir una nueva rotulación de los envases?

– Sí. Mediante los decretos, el Ministerio del Medio Ambiente podría definir ciertas condiciones a los envases, como sucede con la Ley de Etiquetado, para que sean rotulados de tal forma, que hagan más fácil la tarea en el hogar.

Puntos limpios

¿Cuál es el rol de los recolectores de base?

-Hoy la mayoría son informales (aproximadamente 60 mil en total), por lo tanto el problema es logístico. Si  tienes por ejemplo tres kilos de envases en casa, es muy caro un medio logístico que lo retire y lo lleve a un punto intermedio. Por eso que el gran desafío es el de la “primera milla”.

¿Primera milla?

-Claro. Si en 20 años la gente en sus casas tiene un volumen importante de envases, posiblemente habrá un camión especializado que pase por cada una de ellas. Pero para que eso pase, actualmente falta volumen, o sino no se justifica en términos de costo. Por eso, al principio se requiere del subsidio de los hogares.  O sea, que las mismas familias lleven sus envases a un punto limpio. En Chile hay cerca de 200, pero creemos que en el corto plazo debería haber 2 mil; uno cada 8 mil personas.

¿Cómo se puede lograr esto?

-Hay dos actores importantes que están también estipulados en la ley:  Los comercializadores intermedios, principalmente supermercados que tienen grandes superficies donde poner puntos limpios, además de ser un lugar natural donde concurren las familias. Los otros actores son las municipalidades que deberían facilitar estos puntos. Ya hay algunos ejemplos, pero deberían sumarse todos los municipios del país.