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Pulso Ciudad

Comunas de Santiago y Providencia presentan diferencias de hasta 7°C

Efraín Moraga 12/01/2018

Un estudio de la empresa creada en el MIT, GeoAdaptive, analizó las variaciones de temperatura en varios puntos de la Región Metropolitana durante el verano, con énfasis en las comunas de Santiago y Providencia, arrojando diferencias sustanciales. La alta concentración de edificios y pavimento, además de una escasa presencia de áreas verdes, son las principales razones de las brechas.

A finales de 2017, Santiago registró las temperaturas más altas de su historia, con olas de calor que superaron los 37°C. En 2018, la situación no parece ser muy distinta, pues se pronostica que este podría ser el verano más caluroso del siglo.

Según GeoAdaptive -empresa creada en el Instituto Tecnológico de Massachusetts de EEUU (MIT) y que acaba de aterrizar en Chile-, una mejor densificación de las edificaciones y una mayor presencia de vegetación, podría reducir sustancialmente la temperatura de la ciudad en época de verano.

Por medio de tecnologías satelitales y geoespaciales, GeoAdaptive analizó la densificación de la Región Metropolitana, con énfasis en dos comunas: Santiago y Providencia, quedando en evidencia la diferencia entre ambas zonas. Por ejemplo, se descubrió que las temperaturas afectan de forma diferente a ambas comunas, pues no presentan la misma densidad en su infraestructura y presencia de vegetación. Así, tras analizar más de mil ejes viales, se evidencia que en Providencia las calles tienen, en promedio, el doble de cobertura arbórea que en Santiago.

En consecuencia, la comuna de Santiago presenta una mayor distribución de temperaturas altas en comparación con Providencia, ya que esta última contiene extensas calles arboladas que enfrían el ambiente. “Al medir la temperatura cada 25 metros a lo largo de dos calles simultáneamente -una en cada comuna- se encontraron, en algunos casos, diferencias de más de 7°C. Todo, dentro de la misma ciudad, lo que pone de relieve el valor de la vegetación urbana para regular las temperaturas y promover así una mejor calidad de vida”, afirma Flavio Sciaraffia, director de GeoAdaptive Chile.

A nivel de ciudad, la investigación realizó mediciones en varios puntos de la cuenca de Santiago. Por ejemplo, cuando en el Parque Metropolitano la temperatura en el período estival llega a 26,3°C, en el área industrial de la comuna de Pudahuel alcanza a 41°C, mientras que en la zona deforestada del cerro Lo Aguirre, el termómetro indica 42,4° (ver infografía).

Batalla mundial

Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), en 2100 el mundo superará en 2,7°C la temperatura de la era preindustrial. Esto, debido a la alta concentración de emisiones contaminantes y la falta de más acuerdos internacionales al respecto. Por ejemplo, el Acuerdo de París, al cual Chile está adscrito, tiene como objetivo que las temperaturas mundiales no suban más de 2°C.

Por este motivo, según los especialistas, es fundamental una correcta planificación en la ciudad y así, reducir los efectos del cambio climático. “Hoy no solo podemos medir estas variables, también podemos diseñar el paisaje y el entorno urbano con ellas, estudiarlas y monitorearlas de manera de contar con ciudades y comunidades más sustentables”, dice Pablo Allard, decano de la Facultad de Arquitectura de la UDD.

En varias ciudades del mundo se han tratado de buscar una solución al aumento de las temperaturas en los núcleos urbanos. Por ejemplo, en Los Ángeles (EEUU) se desarrolló el “cool pavement”, que es una pintura blanca que se coloca sobre el pavimento para reducir la temperatura que proyecta el mismo. El objetivo de esta tecnología es reflejar los rayos del sol, pues el pavimento tradicional absorbe cerca del 90% de la luz que se proyecta sobre su superficie.

En tanto, un estudio The Nature Conservancy (TNC) reveló que colocar árboles en las calles reduce entre 1°C y 2°C la temperatura en las islas de calor de las ciudades, tales como grandes avenidas, explanadas y corredores del transporte público.

“El objetivo es cambiar la mentalidad respecto de la posibilidad de abordar y entender un problema complejo; creemos que una vez que se logra este cambio, se transformará también la forma de tomar decisiones, permitiendo que potenciales soluciones, como proyectos y políticas, se propicien naturalmente”, indica Flavio Sciaraffia.