Gente, personas, Paseo Ahumada

Pulso Ciudad

El aporte de la inmigración a los barrios y ciudades de Chile

Efraín Moraga 09/03/2018

Con una cultura más asociada a lo urbano y hacia el exterior de las viviendas, la influencia de los inmigrantes está revitalizando lugares de la ciudad que se encontraban en abandono. Esto está acelerando la transición hacia una mayor demanda de espacio público. Municipalidades como Puente Alto, Quilicura y Estación Central están creando programas y departamentos para acoger a la nueva población.

Quilicura fue una de las primeras comunas en recibir el Sello Migrante, reconocimiento que entrega el Departamento de Extranjería y Migración (DEM) del Ministerio del Interior a aquellos municipios que cuentan con “una firme voluntad de mantener sus territorios libres de discriminación”.

Y es que según un estudio de la Asociación de Municipalidades de Chile (Amuch), esta comuna es uno de los diez municipios con mayor presencia de inmigrantes con permanencia definitiva del país.

En pleno barrio Lo Marcoleta de Qulicura -al principio del pasaje Volcán Llaima- , se encuentra La Paloma, un típico minimarket emplazado en un sector que cuenta con un elevado número de inmigrantes. “No se han generado grandes cambios en el barrio, pero sí se notan algunas diferencias. Los inmigrantes pasan parte importante de su tiempo trabajando y muchos de ellos sólo llegan a dormir, por lo tanto, compran menos. Eso sí, su cultura es de estar más en la calle y celebrar”, señala José Luis Pérez, dueño de La Paloma.

Esta cultura más extrovertida es el aporte urbano más significativo que entregan los inmigrantes a los barrios de la ciudad, lo que podría significar el giro urbano más trascendental desde fines del siglo XIX, periodo en que se produjo una transición entre el diseño “colonial” de los hogares, con fachadas continuas, además de áreas verdes y espacios públicos interiores; hacia un modelo perimetral, con jardines hacia el exterior. Hoy, los inmigrantes están apurando una tercera corriente, que contempla un mayor aprovechamiento del espacio público.

“Todas las ciudades de Chile están cambiando, lo que trae una serie de cosas positivas, como nuevas costumbres, comidas y cultura”, asegura Alfredo Rodríguez, urbanista y académico de Sur Corporación de Estudios Sociales y Educación.

Para hacerse una idea, según cifras gubernamentales, durante 2017 ingresaron al país 164.866 venezolanos. En tanto, en el mismo periodo aumentó un 50% la llegada de haitianos. Este aumento está siendo mirado cada vez de forma más positiva. Según la encuesta Cadem, hoy un 46% de los chilenos considera a la inmigración como un fenómeno positivo, un 5% más que en la medición de 2016 (ver infografía), aunque reconocen que se debe mejorar el control de la inmigración. Esto da muestra del aumento de la integración de la que está siendo objeto este grupo.

Adaptación

Frente a este cambio urbano, los expertos señalan que son los chilenos quienes deben abrirse también a adaptarse a esta nueva realidad. “La gente es muy alegre y transforma a la calle en parte de su vida, cosa que no ocurre mucho en Chile. Eso va a cambiar, sobre todo en aquellos barrios que cuentan con una mayor presencia de personas de países más cálidos”, dice Rodríguez.

Esta realidad ya se comienza a vivir en algunos sectores de la ciudad. Por ejemplo, en el Paseo Ahumada, día a día se instalan puestos de vendedores de fruta y otro tipo de preparaciones tradicionales. Lo mismo pasa en sectores aledaños al Mercado Central, la Pérgola de Las Flores o en el Mercado de Abastos Tirso de Molina, lugar que ofrece una amplia variedad de oferta gastronómica de origen extranjero.

“Los inmigrantes se reúnen entorno a sectores como la Plaza de Armas porque es un espacio donde tienen redes, acceden a servicios y trabajo. Eso está relacionado con el proceso de adaptación natural a los países”, asegura Roberto González, académico de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica.

De este modo, la presencia de inmigrantes genera una suerte de reactivación en algunos barrios. “Vienen a ocupar espacios que la ciudad ha ido dejando de lado, entre otras cosas, por su precio más accesible, lo que ha permitido darle un nuevo uso a esos lugares”, afirma Carlos Lara, urbanista de la Universidad Católica de Valparaíso.

Matriz cultural

De cara al futuro, los expertos proyectan que el principal impacto de la inmigración será la transformación de la matriz cultural. “Para que ello ocurra de manera más consistente, el volumen de la inmigración tiene que ser más alto. En los países de la OCDE, 10 o 12% de la población corresponde a extranjeros. Chile va a llegar a esas cifras en 10 o 15 años más”, dice González, y agrega: “Además, los inmigrantes se van a vincular con los chilenos, tendrán hijos y se casarán. Se producirá una mezcla cultural y racial que va a impactar en nuestro hábitat”.

Ya hay varias comunas que están preparando el camino a este cambio. Por ejemplo, Puente Alto creó la Unidad de Convivencia Escolar, la que permite generar un clima de diálogo y convivencia sana, de manera de evitar, entre otros, el bullying. “Todos sabemos que no se trata de una tarea fácil, en una sociedad donde muchas veces los niños y jóvenes no encuentran patrones valóricos claros en las comunidades que les rodean”, dice Germán Codina, alcalde de Puente Alto.

En tanto, Estación Central creó en 2015 la “Oficina para inmigrantes”, además desarrolló el programa “Escuela Somos Todos” e inició un completo plan de capacitación para sus funcionarios.