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El ex asesor de Eyzaguirre y Lagos que llega a la gerencia de las AFP

Ximena Celedón 01/02/2016

El 4 de enero, Fernando Larraín Aninat asumió la gerencia general de la Asociación de AFP. Apasionado por las políticas públicas, el economista de la Universidad Católica busca fortalecer esa mirada entre las administradoras.

Aunque fue un pensamiento rápido, Fernando Larraín Aninat (39 años, casado y cuatro hijos) confiesa que cuando supo que el head hunter que lo había contactado lo buscaba para la Gerencia General de la Asociación de AFP, se preguntó “en qué me voy a meter”. Pero ya absolutamente convencido, desde el 4 de enero el economista de la Universidad Católica se unió al equipo que encabeza Rodrigo Pérez, quien desde que asumió como presidente hace más de un año ha buscado darle nuevos aires a la entidad gremial.

Contemporáneo en la UC de Paulina Yazigi (Credicorp Capital), Davor Eterovic (Banco Security) y Alberto Naudon (Banco Central), sus inicios profesionales en 2002 fueron en el sector público, puntualmente en el Ministerio de Hacienda, en los tiempos en que Nicolás Eyzaguirre era el dueño de casa en Teatinos 120. Fueron dos años en lo que en esa época se llamaba “el cuartito azul” en que estaban los asesores más jóvenes. Marcelo Tokman -actual gerente general de ENAP- fue su jefe directo, coincidiendo como asesor, entre otros, con Pablo Correa, Andrés Zahler, Benjamín Villena, Pablo Hernández y Rodrigo Morales. En el período le tocó participar, por ejemplo, en los inicios de la reforma del postnatal, en el tema del gasto en licencias médicas y también debió analizar los efectos económicos del TLC con Estados Unidos en los ingresos fiscales.

No pensaba moverse de Hacienda cuando recibió el llamado de Eugenio Lahera, un estrecho colaborador del entonces Presidente Ricardo Lagos. “Me llegó tu nombre por distintos lados”, le dijo a Larraín el hoy fallecido ex asesor de Lagos y se lo llevó a trabajar al “segundo piso” de La Moneda. “Me encantan las políticas públicas, y estar metido como en la cocina iba a ser único”, recuerda el economista desde su oficina en Providencia. Así, entre 2003 y 2005 le tocó ver todo lo relacionado con la línea más bien económica del Gobierno. “Yo veía el Ministerio de Hacienda, por lo tanto tenía mucha relación con Nicolás Eyzaguirre desde el lado del Presidente, pero sobre todo mucha relación con Mario Marcel, que era director de Presupuestos”, destaca.

Un poco antes de que terminara la administración Lagos y con la beca Presidente de la República bajo el brazo, partió a Estados Unidos tras ser aceptado en la Universidad de Princeton, donde hizo un master en asuntos públicos. Fueron dos años, pero antes de volver a Chile trabajó por un tiempo corto con José Miguel Insulza en la OEA en temas de modernización del Estado; luego estuvo otro período en el BID en momentos en que Mario Marcel asumió la gerencia del Departamento de Capacidad Institucional y Finanzas del organismo.

De regreso en Chile durante la primera administración de Michelle Bachelet, su decisión era no trabajar en el Gobierno: “Sentía que después del paso por el segundo piso de La Moneda, el paso siguiente era un cargo más bien alto, por lo que el tema político era importante en la decisión y como no estaba metido, dije que no iba a ser algo de eso”, señala, aclarando que si bien tiene afinidad transversal con la Concertación -desde la DC al PS- no milita en un partido político.

Los años siguientes -desde 2009 hasta 2015- fueron en la academia, primero en la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez y luego en la Facultad de Economía y Negocios de la Diego Portales.

El sí a la Asociación de AFP no estuvo exento de dudas, las que se basaban en saber “cuán duras estaban las administradoras en su trinchera corporativa, cuán colaborativas estaban”, indica. “Si uno no trabaja hoy desde la colaboración no tiene ningún sentido. Ponerse en la trinchera no tiene ninguna lógica hoy”, precisa.

¿Por qué dijo que sí a las AFP?

“A los que nos gustan las políticas públicas éste es un tema super interesante, porque es transversal a temas de adulto mayor, en temas de calidad de vida. Esto no es solo el tema económico, de la plata de las pensiones, es mucho más que eso. La contribución que uno puede hacer acá a las políticas públicas es muy grande y para mí este sector tiene que ver con eso”, explica entusiasmado.

Pero el entusiasmo no lo nubla, ya que está claro que acaba de entrar a un sector que necesita reformas. “Es un sector que necesita hacer ciertos ajustes para que el engranaje funcione. Cuando el sector en particular está en la lupa constante, se dificultan las cosas porque empieza a aparecer mucha opinión desde la guata, es decir poca evidencia para poder tomar buenas decisiones, lo que termina afectando la calidad de las políticas públicas. Pero también es cierto que si algo no está en la lupa y en el debate, nunca se hace ningún cambio, porque el riesgo del statu quo es demasiado grande también”.

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