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Claudio Orrego: "Los santiaguinos aún vivimos un cuento de hadas, creyendo que esto va a cambiar solo"

Daniel Fajardo Cabello 06/07/2016

La autoridad explica la importancia que tiene educar a los ciudadanos con respecto a la contaminación. Además, Orrego propone que debería existir un gobierno metropolitano más fuerte para atacar el problema.

El efecto partido”, fue un término que se escuchó con frecuencia durante el mes de junio. Pero no se refería a los índices de felicidad de los chilenos por la Copa América Centenario, sino al término acuñado por el Intendente de la Región Metropolitana, Claudio Orrego, al referirse al problema que implicaban las decenas de miles de asados en Santiago durante los partidos de la Roja.

De hecho, el 7 a 0 de Chile contra México fue uno de los momentos que la autoridad aprovechó para enfatizar lo grave que podía ser tirar carnes a la parrilla para celebrar los goles.

Pero Orrego no sólo se enfocó en los asados, con toda la cantidad de memes y críticas que le trajo en algunos sectores. Propuso también prohibir totalmente el uso de la leña en la región, así como los calefactores que utilizan este combustible y la construcción de viviendas con chimeneas. Algo que podríamos ver a partir del próximo año.

¿Qué pesa más en el problema de la contaminación en Santiago? ¿La geografía o la cultura?

– Creo que ambas. Tenemos una geografía complicada. Estamos rodeados de cerros, con problemas térmicos en invierno y además en Santiago vive una gran cantidad de personas. A eso hay que agregarle una cultura ciudadana bastante hipócrita, irresponsable y poco solidaria. En la mañana declaramos lo importante que es mantener la ciudad limpia y después andamos en 4×4 petroleras, prendemos las chimeneas y no respetamos la restricciones. Difícilmente una ciudad con problemas geográficos tan adversos como la nuestra, va a poder mejorar su aire si la ciudadanía no asume que hay que cambiar profundamente los hábitos. No hay atajos en materia del aire y en este aspecto, los santiaguinos aún vivimos un cuento de hadas, creyendo que esto va a cambiar solo, sin nuestra iniciativa.

¿De qué forma entonces la Intendencia está enfocando sus políticas al respecto en educación, más que en descontaminación?

– Todo lo que hemos hecho durante el último año y medio en cuanto a la elaboración del plan de descontaminación, así como la generación de espacios de discusión, además de explicar a la ciudadanía a través de una App, cómo están los niveles diarios de contaminación en su celular, son parte de la educación. Pero no hay programa de educación específico para la calidad del aire. Eso se entiende que es parte de los contenidos transversales del Ministerio de Educación. En todos los colegios, jardines infantiles y liceos de Chile debiera estar educándose sobre una mayor responsabilidad ambiental, la importancia del cambio climático y la corresponsabilidad de los ciudadanos, etc. Nuestra labor es explicar bien que las decisiones que tomamos y los planes que proponemos no son arbitrarios y que la ciudadanía puede conocerlos y mejorarlos. Pero al final, tiene que obedecerlos. Cada vez que una autoridad aparece en la prensa, hace pedagogía.

¿Y está funcionando esta pedagogía?

– Desde el punto de vista de la opinión de la ciudadanía, claramente ha tenido efecto. Una encuesta reciente indicó que cerca del 60% de los ciudadanos reconocía que los asados eran contaminantes en el verano. Antes, eso era motivo de bromas y chistes. Pero que la ciudadanía entienda que ciertas prácticas contaminan y que esté de acuerdo con la restricciones a catalíticos o a la leña, no necesariamente significa que cambie sus comportamientos. Hemos logrado transformar la manera de entender el problema, pero aún estamos lejos de cambiar la forma de actuar. Eso requiere aún más educación, conciencia y mayores multas. Porque lamentablemente, los chilenos muchas veces no entendemos por la razón, sino por la fuerza.

¿No es demasiado radical prohibir la leña definitivamente en la región?

– Cada vez que prohibimos la leña por preemergencia o emergencia ambiental, el principal reclamo de la ciudadanía es: “Hasta cuándo medidas parche”. Bueno… aquí tenemos una medida estructural: prohibir la leña para siempre. A diferencia de las ciudades del sur de Chile, donde casi el 100% de la gente se calefacciona con leña, en Santiago el número es marginal. ¡Son 150 mil hogares, de un total de casi 3 millones! O sea, son muy pocos los que actualmente tienen calefacción a leña, pero representan un 30% de la contaminación anual. La contaminación no sólo perjudica de forma desigual a niños, gente de la tercera edad y embarazadas; sino también a las comunas más pobres de la ciudad, principalmente del sector poniente. Vamos a restringir a las familias de mejores recursos, para mejorar el aire de todo Santiago, pero principalmente de los sectores de menos recursos que, claramente, no tienen ni chimeneas o calefactores a leña.

¿Debería entonces la Intendencia Metropolitana tener más atribuciones al respecto?

– Si de verdad reconocemos que los problemas medioambientales de Santiago no son comunales, sino metropolitanos y regionales, estamos en el camino correcto. Entonces, se requiere un gobierno metropolitano que tenga las atribuciones, recursos y potestades para hacer valer este tipo de normas.

¿Existe una coordinación con otras intendencias para atacar el problema de la contaminación en conjunto?

– La verdad es que no. Son tantos los problemas que tenemos cada uno en nuestras regiones, que rara vez nos juntamos. La coordinación la hace más bien el Ministerio del Medio Ambiente y los respectivos seremis de cada región.

El “Plan de Descontaminación Atmosférica de Santiago 2017”, tiene como uno de sus puntos clave una mayor cantidad de ciclovías. ¿Realmente incide este factor en la contaminación?

– Acabo de estar en Copenhague, la ciudad con mejor calidad de vida del mundo y con la mayor cantidad de ciclovías y realmente es increíble como eso ha ayudado a tener una ciudad más limpia. Si en Santiago, un tercio de la contaminación viene del transporte y sólo tenemos un 5% del uso de la bicicleta entre los habitantes, todo lo que sea aumentar el uso de éstas es bienvenido. Ya sea en la generación de nuevas ciclovías o ampliación de las mismas. Pero ojo, que creo que este medio debería formar parte de un sistema intermodal de transporte público. La bicicleta tiene tres grandes virtudes: descontamina, descongestiona y es buena para la salud.