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Big data: una de las claves para construir ciudades más inteligentes

Paula Núñez 30/06/2016

El análisis de datos permite que la gestión de servicios como luz, agua, transporte funcione de manera eficiente. Sin embargo, sus aplicaciones son infinitas si lo que se busca es mejorar la calidad de vida de las personas.

El concepto de smart city es considerado uno de los pilares para el futuro de las ciudades. Está íntimamente ligado con el uso de las tecnologías de la información para mejorar la calidad, desempeño e interactividad de los servicios urbanos. Sin embargo, para que no sólo sean una serie de datos recolectados a través de sensores (además de una palabra de moda), tiene un importante aliado: el big data. En base a una serie de aplicaciones y procedimientos, las soluciones de big data permiten monitorear todo tipo de servicios: desde buses y trenes de metro, hasta iluminación, con el objetivo de tomar mejores decisiones en línea, o bien, en el tiempo.

Para hacerse una idea, actualmente en sólo 60 segundos hay más de 80 mil publicaciones en Facebook, 370 mil llamadas por Skype, cerca de 100 mil tweets y más de 170 millones de e-mails enviados. Todo esto se traduce en que, cada día, usuarios de todo el mundo generan alrededor de 2.500 millones de gigabytes de datos, situación que continuará en alza a medida que más personas estén conectadas, y que el número de dispositivos siga en aumento. Para 2017 se estima que el tráfico mundial de móviles subirá a 134 exabytes por año, cifra equivalente a 3 billones de videos de Youtube. 

Estas actividades han dado lugar a una explosión masiva de datos, muchos de los cuales no cuentan con una estructura. Como resultado, las organizaciones se ven enfrentadas al desafío de manejar toda esta información y, al mismo tiempo, beneficiar a la industria. Es así como los desafíos del big data son transformar y analizar esta información lo más cercano al tiempo real como sea posible, para extraer una visión utilizable que pueda conducir a una decisión informada en el punto de atención.

Comprender cómo utilizar esta herramienta, contando con las tecnologías adecuadas y la correcta expertise, será una parte esencial de cómo las instituciones harán negocios en los próximos años sin importar de qué sector provienen. “Antes, tener pocos datos era un problema; hoy tantos datos son también un problema. La ciudad inteligente es la que sabe aprovechar eso grandes datos en beneficio del ciudadano común”, dice Rodrigo Seguel, Chief Technology Officer (CTO) de IBM Chile . El ejecutivo enfatiza que el big data es el gran concepto que hace que podamos visualizar el problema desde muchos puntos de vista.

Áreas de mejora 

Las aplicaciones del big data en el desarrollo de las ciudades son muy amplias. Una esencial es la seguridad ciudadana, donde se puede hacer correlación de datos con cámaras, geolocalización de vehículos de emergencia, sensores de humo y fuego y movilidad para establecer nuevas estrategias que hagan que los incendios se apaguen de forma más rápida. También se utiliza, por ejemplo, para que Carabineros dé respuestas más eficientes a las alertas y así, disminuir los delitos. 

Otra de las áreas que es considerada como crítica para los ciudadanos, es el transporte. A través de GPS, información meteorológica, cámaras y datos provenientes de redes sociales, se podrían evitar zonas de congestión y generar que la red de semáforos funcione de acuerdo a las necesidades de la ciudad. Del mismo modo, permitiría la implementación de mejores sistemas de información para indicar las rutas alternativas óptimas para cada ciudadano.

Juniper Research lindica que con una gestión inteligente de tráfico, las ciudades pueden lograr un ahorro de 4.200 millones de horas/hombre en 2021 a nivel mundial, lo que equivale a un día de trabajo al año por conductor.

La gestión de energía es otro de los espacios donde se puede mejorar el desempeño de la ciudad. Con la implementación de medidores inteligentes, cruzado con otras variables, la producción de ésta podría variar de acuerdo a la demanda en tiempo real. Así nace el concepto de smart grids o redes inteligentes. En esta área, la iluminación pública también es fundamental.

El agua también se puede sumar al mundo “smart” a través de una red de sensores que establezcan presión y pH, más cámaras que, sumadas, pueden identificar zonas de filtraciones subterráneas, consideradas como una de las principales dificultades en la gestión de una ciudad. Así, podrían evitarse situaciones como la ocurrida a inicios de junio, donde una gran filtración inhabilitó el sistema de transporte en el eje Alameda-Providencia.

La incorporación del M2M (machine to machine), una de las variantes del denominado IoT (Internet of Things), también define de mejor manera las rutas de recolección de residuos, al dar cuenta de la capacidad de contenedores en cada minuto. Así, se pueden generar mejores tomas de decisiones y políticas públicas, cuando hay altos niveles de polución.

Dime qué sientes…

Pero hay quienes buscan ir más allá y no sólo quedarse con aplicaciones prácticas, sino que también quieren hacer análisis del sentimiento de los ciudadanos. Esto busca rastrear su opinión y estado de ánimo en tiempo real y hacer seguimiento de falencias y demandas prioritarias, con el fin de poder responder de forma inmediata.

Cuando se manejan tantos datos críticos, muchos cuestionan la fiabilidad de estas herramientas. “Estas soluciones son extremadamente confiables ya que están pensadas para funcionar en lugares de alta criticidad (hospitales y datacenters), donde se requiere disponibilidad 24/7 y fiabilidad en los datos. Cada vez más empresas confían en este tipo de soluciones porque les aportan resultados cuantificables”, señala Marco Carrasco, gerente EcoBuilding de Schneider Electric.

Salud conectada

Con estadísticas que señalan que una de las tendencias en el desarrollo de las urbes es el envejecimiento de sus ciudadanos, se hace necesario empezar a incorporar esta variable dentro del desarrollo, así como parte de la analítica de datos. En el sector médico, el flujo de la información permite acceder eficientemente al historial clínico de los pacientes, las prescripciones médicas, las pruebas de laboratorio o datos relacionados con aspectos socioeconómicos. 

El big data puede ayudar a identificar, por ejemplo, pacientes crónicos, gestionar la información en tiempo real y trasladarla directamente a las personas afectadas, optimizando las atenciones y permitiendo salvar vidas. “En un futuro cercano, esperamos que en Chile, el big data pueda predecir las hospitalizaciones de patologías en base a factores ambientales o de población, analizar el estado de salud de un territorio o población, identificar pacientes de alto riesgo, determinar la efectividad de los medicamentos y la aparición de efectos secundarios, además de realizar la vigilancia epidemiológica de una forma más efectiva a quienes padezcan de algún tipo de enfermedad”, cuenta Carlos Kühl, director general Latam de Intersystem. 

Juan Manuel Gómez, regional sales manager para Latam de Citrix, tiene la misma visión, al señalar que con esto, “los médicos pueden acceder en cualquier lugar, a todos los antecedentes necesarios para brindar una correcta atención. Además, la información siempre queda almacenada y segura en los servidores del hospital o en la nube”, dice el ejecutivo.

Esto también ayudaría a mejorar la calidad de vida de las personas mayores, uno de los grandes desafíos para nuestro país, donde la esperanza de vida al 2020 estaría a la par con la de países desarrollados, pero no así con la infraestructura y los cuidados para este segmento de la población.

Ciudades resilientes

Terremotos, maremotos, aluviones y erupciones volcánicas son sólo algunos de los desastres naturales que han azotado nuestro país. Concebida como la capacidad de sobreponerse, la resiliencia en las ciudades puede permitir un desarrollo mucho más armónico y donde el big data tiene mucho por aportar. 

Entre 2000 y 2012, los desastres naturales −incluyendo el clima extremo, epidemias sanitarias y eventos sísmicos− causaron daños por US$1,7 billones (millón de millones) a nivel mundial. Esta cifra incluye los impactos directos sobre infraestructura, comunidades y el medioambiente, junto con una reducción en la rentabilidad de los negocios y crecimiento económico en las regiones afectadas. 

Frente a este escenario, una infraestructura urbana resiliente no sólo parece ser una opción, sino una necesidad. Sobre todo en países como el nuestro, donde los terremotos, erupción de volcanes y aluviones, entre otros desastres naturales, han forjado el desarrollo y por qué no, nuestra idiosincrasia. El análisis de datos puede permitir la reconstitución de sistemas básicos de forma más rápida y dar curso más eficiente a las necesidades de los ciudadanos en momentos de catástrofe.

El esfuerzo y las proyecciones de las ciudades españolas

En el mundo cada vez son más las ciudades que optan por ser denominadas como inteligentes. Una de ellas es Santander, en España, que actualmente cuenta con más de 12.000 sensores distribuidos por toda la ciudad, que se ha convertido en uno de los laboratorios de la inteligencia urbana. 

Otra de las ciudades españolas que ha hecho una fuerte apuesta por el mundo smart es Barcelona, que fijó entre sus objetivos la autosuficiencia, barrios productivos, crecer sustentablemente y la  velocidad humana. Con ese fin se han desarrollado una serie de mecanismos que permiten, por ejemplo, estacionarse de manera rápida, saber los niveles de polen, gestionar bicicletas y más. Sin embargo,  la participación ciudadana ha sido uno de sus pilares. Por ello, cuentan con una plataforma llamada Smart Citizen,que permite contar con procesos participativos de las personas. 

La idea consiste en conectar datos, ciudadanos y conocimiento. Del mismo modo, han promovido el smart government para mejorar la interacción entre ciudadanos y la administración, y así hacer más eficientes los procedimientos institucionales.