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Economía & Dinero

Xavier Sala-i-Martin: "No creo que el problema de la educación se solucione con una reforma. Se necesita una revolución"

Paula Namur 12/01/2016

El economista catalán plantea que la solución a la desigualdad es educativa y no redistributiva. Asegura que lo más importante es enseñar creatividad, y a que los niños hagan preguntas, en lugar de buscar respuestas a los desafíos que imponen los profesores.

A fines de septiembre, se conoció que nuestro país cayó dos puestos en el ranking de competitividad que elabora el World Economic Forum. ¿Las razones? Entre otras cosas, Chile se vio perjudicado por la rigidez del mercado laboral y por la debilidad en la educación primaria.  

Hoy el profesor de la Universidad de Columbia, Xavier Sala-i-Martin, quien  además es asesor jefe del WEF para la elaboración de ese ranking, insiste sobre ese punto, y asegura que más que una reforma educacional, se requiere un cambio de filosofía. El economista catalán viaja hoy a Chile para dictar el jueves una conferencia de productividad y competitividad en el seminario “Otra mirada para el crecimiento”, organizado por el Consejo Minero e ICARE.

¿Cómo impactará a la competitividad de Chile el fin del súper ciclo de los commodities?

El final del súper ciclo de los commodities ha puesto de relieve que hay que diversificar. La pregunta que me hacen es cómo se hace a día de hoy, no cómo se hacía hace 20 años. Estamos en mundo moderno, basado en la innovación y tecnología y, por lo tanto, hay que diversificar hacia industrias de futuro, no hacia industrias de pasado. En Chile obviamente la gente entiende que hay un problema de educación, aunque me parece que se han concentrado demasiado en la educación superior y no en la básica, sobre todo para atacar uno de los problemas que ha estado en la agenda en Chile desde que llegó el nuevo gobierno, que es la desigualdad. El tema de la desigualdad es uno de educación. Lo que está pasando es que la clase media pierde puestos de trabajo contra la nueva tecnología y contra países que hacen las cosas mejor. Esta nueva revolución tecnológica perjudica a la clase media. El símbolo es la señora que trabajaba en una agencia de viaje haciendo billetes a mano y de repente esos empleos desaparecen porque la gente ahora lo hace por internet.

¿Cómo ayudar a esas personas?

La manera de solucionar el problema de Thomas Piketty y del gobierno de Chile es poner impuestos a los ricos para dárselos a esta gente. Pero eso no soluciona el problema, porque la señora de la agencia de viajes no quiere caridad, quiere un trabajo. La solución es educativa y no redistributiva: hay que ser flexibles y entregar armas para que la gente tenga la capacidad de encontrar trabajo. Lo que aprendieron ya no sirve por el cambio tecnológico, la única manera es que aprendan otra cosa. La manifestación de esto es la desigualdad, pero la solución es educación.

¿De qué forma la educación primaria va a resolver esto?

El niño que entra hoy en la primaria se va a jubilar en el año 2080. ¿Cómo será en ese año? ¿Qué empleos y oficios habrá? No tenemos idea. Hoy la educación en Chile enseña profesiones. Si enseño profesiones y ellas acaban desapareciendo, va a haber un problema. 

¿Cómo debiera ser la educación entonces?

De entrada, eliminar las profesiones. No enseñar las profesiones, sino enseñar a ser flexibles a la hora de aprender. Toda la información que uno necesita en el mundo la lleva hoy en el bolsillo, pero hay gran barrera entre la información y uno, y esa barrera es uno mismo, que tiene que ir a buscarla y entenderla. Para vivir en un mundo cambiante, hay que querer ir a buscar esa información, es decir, hay que tener curiosidad. Como profesor les tengo que enseñar profesiones que todavía no existen y que no van a existir hasta diez años más. Para esto, lo único que les puedo enseñar es a mantener viva la curiosidad que les permita a ellos seguir evolucionando una vez que salgan de mi clase. 

¿Cómo se hace eso?

Lo importante es preguntarse cosas. Todo el sistema educativo de Chile se basa en buscar respuestas, no en hacer preguntas. De hecho, al niño que pregunta demasiado se le castiga en el colegio. 

¿Cómo puede cambiar?

Los que mandan en Chile a la hora de hacer el curriculum deben cambiar el énfasis de qué es lo que se busca: buscamos que la gente sea capaz de preguntar. 

Pero ¿por dónde empezar en el caso de Chile?

No creo que el problema se pueda solucionar con una reforma. Se necesita una revolución. Hay que poner mucho más énfasis en la estimulación precoz, con un lenguaje inteligente. Se requiere un cambio radical de todo el sistema educativo, sobre todo en la primaria. A la universidad ya llegamos tarde. Esto se debe hacer teniendo en cuenta que el mundo en que van a vivir estos niños no es conocido. Todo lo que conocíamos servía para el siglo XX, pero ya no sirve. La característica de la nueva revolución es la velocidad. Hay tantos cambios tan rápidos que no podemos permitirnos tener a unos niños educándose por 20 años y luego trabajar en lo que han aprendido por el resto de sus vidas. Es un cambio de filosofía educativa.

¿Quién debiera liderar estos cambios?

El rey en Noruega, o la primera ministra en Finlandia. Los países que están haciendo esto son los nórdicos. En Finlandia decidieron que ya no haya asignaturas. Ahora están educando por proyectos. Por ejemplo, se hace un proyecto de ríos. Este se puede aproximar desde la perspectiva geográfica, pero también desde la perspectiva histórica y desde la perspectiva económica, o física. La capacidad de innovar está en relacionar cosas. El gobierno debe liderarlo y así se hace en países educativamente avanzados. Esto deben impulsarlo los gobiernos, pero también los padres, los maestros y las empresas.

¿De qué forma?

Las empresas son las que van a tener que contratar a estos profesionales. Estaría muy bien que alguien en Chile pronuncie algo parecido a la famosa frase de Kennedy (que antes de que termine la década EEUU va a enviar a un hombre a la luna y devolverlo sano y salvo). Estaría bien que alguien que mande en Chile diga que antes que acabe la década tendremos el mejor sistema educativo del mundo, como prioridad nacional. Y para ello, obviamente hay que involucrar a todos los actores.

¿A qué costo?

No es cuestión de meter más dinero, sino de reorganizar el dinero que ya inyectamos.

¿Entonces por qué hay resistencia? ¿Es un problema cultural?

Hay varias razones: la primera es que hay grupos importantes que se oponen, que son algunos grupos de profesores. Es muy fácil dar la misma lección por 30 años una y otra vez. El profesor solo no lo puede hacer, pero sin el profesor no se puede hacer. Lo segundo es que los ministros de educación normalmente no tienen idea y se dejan llevar por la inercia antes de hacer un experimento que nadie sabe hacia dónde va a ir. Hasta que Finlandia demuestre que los resultados son positivos, la gente será escéptica. Hay sólo dos cosas que hacemos mejor que los robots: ser creativos y ser críticos. 

¿Eso explica la falta de productividad en Chile?

En gran parte, la falta de productividad es una falta de capacidad de innovación. Por ejemplo, si Mark Zuckerberg fuera chileno, ¿hoy tendríamos Facebook? Ahí hay dos preguntas: si hubiera sido chileno, ¿se le hubiera ocurrido hacer un Facebook? Y lo segundo es: si hubiera sido chileno y hubiera tenido la idea, ¿Hubiera nacido Facebook en Chile? Y ahí hay una serie de factores adicionales como el financiamiento, seguridad, corrupción, burocracia, etc. Hay toda una serie de factores que hacen que una vez que tienes la idea, qué tan fácil es implementarla. Para Chile, ser el mejor de Latinoamérica ya no le sirve de nada, su competencia es a nivel mundial.

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