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Economía & Dinero

Sergio Urzúa: "El giro a la izquierda retrógrada y la improvisación le están costando bien caro al país"

Rodrigo Cárdenas 14/01/2016

El también académico de la U. de Maryland, afirma que las reformas que impulsa el Gobierno dañarán más la productividad. No ve un escenario político amigable con las medidas que de verdad se requieren para impulsar esta variable y ser más competitivos.

Si uno tuviese que hacer un listado de las cosas en las que Chile ha fallado, y que tienen implicancia de mediano y largo plazo, sin duda la falta de reformas estructurales pro productividad y pro competitividad está en la parte alta de esa lista. Esa es la visión crítica del economista de Clapes-UC y académico de la Universidad de Maryland, Sergio Urzúa, quien acusa además que las reformas que está llevando a cabo el Gobierno van en el sentido opuesto a mejorar la productividad del país.

El Gobierno nombró a 2016 como “el año de la productividad”. ¿Cómo evalúa los esfuerzos por avanzar en la materia?

Hubiese sido mucho más fácil poder echar  a andar este tipo de medidas en una situación de holguras económicas que tuvimos durante la última década,  en vez de hoy que hay otras prioridades, con un cobre que está bajo los dos dólares y con un tipo de cambio que refleja la incertidumbre respecto del futuro del país. Se nos pasó un poco la vieja en términos de competitividad. 

¿Por qué no se avanzó en mejorar la productividad y la competitividad del país?

Porque era fácil no hacerlo. Chile es un caso interesante, porque post dictadura el país siguió creciendo a partir de las reformas estructurales que se habían hecho en los ‘80 y la extensión de muchas de esas reformas en democracia fortaleció los cambios. Después en el país se levantó la idea de tener un sistema de protección social amplio, que no ha sido discutido abiertamente, porque éste es un país con tasa de pobreza muy alta. De hecho, si se mira la reducción de la pobreza desde el 2003 en adelante, la verdad que no es por ganancia de productividad como ocurrió tras dictadura, sino que fue básicamente por transferencias del Estado. Así tuvimos la posibilidad de poder alivianar un poco la presión respecto de la necesidad de aumentar los salarios, de generar mayor productividad. El país no tuvo necesidad de reinventarse. Podría haberlo hecho perfectamente, podría haber pensado un mercado laboral más moderno, podría haber pensado en un código tributario más moderno, podría haber pensado en un sistema de atracción de inversiones más moderno. Eso habla mal de la visión de largo plazo de los policy makers.

¿Qué responsabilidad tiene el sector privado en no mejorar la productividad?

Todos son responsables. De hecho, en los ‘80, cuando hablábamos de apertura al exterior en el comercio, no fueron pocos los empresarios que se opusieron a la idea, independiente de que después haya significado una transformación profunda del país. Así que por cierto aquí hay un tema de responsabilidad compartida. Esto no quiere decir que no había conciencia de la capacidad de hacer reformas. 

¿Cuál es el principal desafío entonces para avanzar en estos temas?

El país creció muchísimo sin tener que esforzarse mucho y el desafío ahora es lograr recuperar  esa necesidad de esforzarse en tiempos más difíciles. Y no es claro para mí que esta administración tiene suficiente conciencia del impacto de mediano y largo plazo de no hacer las cosas hoy, y eso se ve en las distintas reformas que se están impulsando, la laboral, educación y la tributaria, incluso con los cambios que se están aprobando.

¿Las reformas impactan negativamente la productividad del país?

Estas son reformas pensadas en un escenario muy optimista. Todas: la laboral, la tributaria, la educacional, desde un punto de vista técnico-económico, son reformas que están pensadas  en el mejor de los escenarios, y obviamente hoy no estamos en esa situación y mirando hacia atrás, es bien increíble que se hayan planteado esa batería de cambios con la incertidumbre que se venía. Estas cosas se habían advertido, era una cosa de tiempo  y ahí está ahora el problema. Tenemos una serie de reformas que van a hacer más difícil ser competitivos, que van a hacer más difícil poder mejorar la productividad y eso tiene impacto de mediano y largo plazo.

Pero va a ser difícil modificar las reformas en el futuro cercano…

No nos saquemos la suerte entre gitanos, las peleas que eligió esta administración, con la mayoría electoral, son peleas que son irreversibles. Aparte tenemos otro tema que está absolutamente ausente y es prioritario: ¿dónde está la discusión sobre la productividad del Estado? No he visto ninguna discusión respecto de reformas del Estado, y ahí hay temas laborales importantes y de acceso a información. Además, el ministro (Marcos) Barraza decía el otro día que estaba analizando el ingreso ético familiar. No, hay que evaluar todo el sistema de protección social.

¿Qué puede hacer la Comisión de Productividad que lidera Joseph Ramos?

Tengo la mejor opinión de Joe Ramos, que entiende perfectamente de incentivos y de economía. Pero la pregunta es cuán dispuesta está la clase política o el Gobierno a poder adoptar alguno de los cambios. De hecho, yo esperaría que a partir de esta comisión hubiese modificaciones a lo que puede ser un proyecto de reforma laboral. No se puede pensar en competitividad sin atacar un mercado laboral que está regido por un código del trabajo que está parchado, que es  disfuncional, que no está hecho para las necesidades de un mercado laboral moderno y dinámico.

¿No hay espacio en el escenario político actual para avanzar en mejorar estos temas?

Esperaría que hubiese una discusión de mediano plazo, mirando el tipo de reformas que hay, pero creo que el giro a la izquierda retrógrada y la improvisación le están costando bien caro al país. Y este giro a la izquierda además es un giro a la izquierda retrógrada, no es un giro a la izquierda progresista a la europea, o un giro a la izquierda estilo Hilary Clinton o Bernie Sanders, sino que un giro a la izquierda a lo Salvador Allende, lo que está bien, no tengo problemas si es que Chile efectivamente es un país de izquierda, pero uno no puede sacrificar los progresos que ha realizado en función de una visión añeja y antojadiza de nuestra realidad.

¿Las autoridades económicas deberían hacer más para alertar del nuevo escenario económico y el impacto en las reformas?

El ministro de Hacienda cada vez que puede nos alerta de la realidad económica, pero no me queda claro que ese diagnóstico, que parece que está muy claro en Hacienda, se extrapole a otros ministerios. Aquí hay un sentido de realidad, no te puedes endeudar al infinito, esto cuesta mucho dinero. Chile tiene su salud fiscal en números azules porque pudo crecer y pudo acumular reservas afuera, fue inteligente, las invirtió bien, pero no es muy difícil cambiar la situación. Por lo tanto, hay que tratar de ponerle más cabeza a las decisiones programáticas.

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