Economía & Dinero

Sergio Lehmann: “Las reformas no contemplaron los impactos fiscales de un menor crecimiento”

Carlos Alonso 17/07/2017

El economista jefe de BCI afirma que la rebaja en la clasificación de riesgo “da cuenta de un grado de responsabilidad fiscal que en los últimos años se ha debilitado”. Adelanta que expansión del gasto público en 2018 estará por debajo del 2% real.

El esfuerzo realizado por el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, para contener las presiones de gasto y mantener una ruta hacia el balance fiscal no fueron suficiente, y por eso, Standard & Poor’s (S&P) rebajo la nota crediticia para Chile de AA- a A+. Así resume el economista jefe de BCI, Sergio Lehmann, la decisión que tomó la clasificadora. Para Lehmann, la detonante de este cambio en la posición de Chile fueron las reformas impulsadas por esta administración, ya que no consideraron que podría generar impactos en los ingresos fiscales por el menor crecimiento que podía experimentar el país. Señala que una muestra de ello es que siguieron comprometiendo gastos que no eran sostenibles en el mediano plazo. Todo esto derivó en un aumento del déficit fiscal y por ende, de la deuda pública, que este año podría alcanzar el 25% del PIB. El economista plantea que para retomar nuevamente la posición de rating será clave poner como eje central el crecimiento. Por ello, afirma que es clave conocer los programas de los candidatos presidenciales y cuál será su estrategía económica-fiscal. Adelanta que no es descartable que tanto Moody´s como Fitch Ratings puedan rebajar la calificación de Chile. “Ambas están esperando las definiciones por parte de los candidatos a la presidencia sobre la política fiscal que seguirán. Si no hay un compromiso evidente en ir convergiendo a balance, probablemente estarán dispuestos a hacer una rebaja a la nota crediticia”.

¿Cómo se debe interpretar la rebaja en la nota crediticia de Chile?

-Es una mala noticia. Da cuenta de un grado de responsabilidad fiscal que en los últimos años se ha debilitado. El hecho de que la deuda pública siga creciendo a un ritmo acelerado es un llamado de atención. Si bien el Gobierno ha hecho esfuerzos por ir moderándolo, no han sido suficientes.

Al momento de definir las políticas públicas, ¿no se previó que el menor crecimiento y las mayores necesidades de gasto público podrían terminar pasándole la cuenta a Chile en su nota crediticia?

-Se siguió adelante con los gastos comprometidos. Las reformas estructurales que se plantearon tuvieron un impacto en materia de crecimiento, y por ende, sobre los ingresos fiscales que no fue contemplado y recogida en los análisis. Los gastos que se comprometieron hacia adelante no consideraron el impacto en el ingreso fiscal que el menor crecimiento iba a generar.

¿No se tomó el peso de que el mayor déficit iba a terminar afectando la clasificación del país?

-Cuando se diseñaron las políticas, se dejó de lado el hecho de que se iba a generar incertidumbre y un deterioro en el crecimiento. Esto claramente no estuvo en los cálculos que se hicieron. Las reformas impulsadas por este Gobierno no midieron los impactos fiscales de un menor crecimiento. Durante la última década, la responsabilidad fiscal fue un activo clave para la economía, pero si uno mira los últimos cuatro a cinco años, la menor responsabilidad fiscal se concentra en los últimos cuatro años.

Cuando llegó el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, se generó una expectativa de que él podía poner el foco en el crecimiento y contener presiones de gasto.

-Rodrigo Valdés ha hecho un trabajo en la medida de lo posible. Logró al menos contener algunas presiones de gasto. Ha sido responsable en esa materia, pero probablemente las presiones políticas y los compromisos le impidieron avanzar con mayor rapidez. Por ello, si bien tenía una línea clara de acción, su margen de movilidad era bastante acotado, porque el programa político estaba definido y había poco espacio para hacer ajustes y de alguna manera Valdés se vio atrapado en esa línea.

¿Queda en entredicho la responsabilidad fiscal en este Gobierno?

-El hecho de que nos bajen la clasificación es una alerta importante de que el esfuerzo no ha sido suficiente. La raíz del problema tiene que ver con el deterioro de las confianzas, y por lo tanto, las señales tendrían que haber apuntado en mejorarlas, y eso implicaba revisar algunas de las reformas, pero no hubo voluntad política para hacerlo.

¿Este nuevo escenario hará que el Presupuesto 2018 sea aún más austero?

-Es importante reafirmar los compromisos en materia de responsabilidad fiscal, y en ese sentido, hay que ser cuidadosos en materia de gasto. Probablemente para 2018, la expansión fiscal esté por debajo de 2%, en términos reales.

¿El alza sostenida de la deuda pública es un problema que debe combatir el próximo Gobierno?

-Es casi un hecho que la deuda pública siga creciendo. El mismo S&P entrega una proyección de deuda pública y dice que estará más bien cerca del 26% este año y 28% hacia 2018. En la medida que se logre estabilizar la deuda en relación al PIB podría ver mejores perspectivas crediticias.

¿El espacio para crecimiento del gasto promedio del próximo período de Gobierno será estrecho?

-Lo más probable es que esté bajo 2% promedio, pero en la medida que se muestren señales de una recuperación en el crecimiento, podría haber un mayor espacio, pero en general será acotado para asegurar la convergencia a balance estructural. Y por ello, se debe mantener el crecimiento del gasto bajo el potencial.

Hasta el momento ningún candidato presidencial ha entregado alguna señal de cómo será su política fiscal, ¿cobra relevancia, dada esta coyuntura, que se transparente pronto?

-Es clave que los candidatos presidenciales presenten alguna definición contundente en esta materia y cómo será su política para ir convergiendo a balance. Esto no ha estado presente en la discusión.

¿De eso depende el tiempo que demore Chile en recuperar su posición crediticia?

-Es clave que el próximo gobierno tenga una política fiscal de ir convergiendo al balance fiscal. En el caso de S&P nos rebajó la nota, pero nos puso una perspectiva estable, lo que significa que no habrá cambios en el corto plazo ni en el mediano plazo. Para revertir esta situación debemos ver una recuperación del crecimiento económico y un compromiso firme con la reducción del déficit fiscal.

“La inflación estará bajo 2% en los próximos tres a cuatro meses”

El Banco Central mantuvo la tasa de interés en 2,5% y siguió con el sesgo neutral, ¿cuál es su interpretación?

-El Banco Central puso énfasis en que si bien el IPC de junio sorprendió a la baja, lo remite a factores más puntuales de oferta, entonces en el comunicado le quita peso a esta sorpresa negativa. De hecho menciona que el IPC SAE sin alimentos ni energía está en línea con lo que ellos preveían en su IPoM.

¿Usted comparte ese juicio?

-No. Hoy la inflación está bajo 2% en doce meses y lo seguirá estando bajo 2% en los próximos tres a cuatro meses. Bajo ese escenario, el BC tenía espacio para poner un sesgo expansivo y monitorear los próximos datos de inflación para, eventualmente, tener el espacio para actuar con una rebaja adicional en la tasa de interés.

¿La menor inflación es algo más generalizado que puntual?

-Hay elementos en materia de inflación que son bastante más generalizados. No estamos hablando de que son sólo los precios de alimentos ni de servicios en particular, sino que de algo mucho mayor y que tiene que ver con la debilidad de la economía.

Entonces, ¿considera que el BC estaría siendo pasivo en su accionar?

-Mi lectura es que en el Banco Central predominó la cautela. Probablemente están viendo esto como algo transitorio, pero mi análisis es que tenía espacio para introducir un sesgo expansivo.

Los activos financieros ven una inflación a dos años plazo en 2,6%, mientras que los operadores financieros la sitúan en el mismo plazo en 2,8%, ¿hay riesgos de que las expectativas de desanclen?

-Es importante en este escenario dar una señal de compromiso con la meta de 3%. Lo que vamos a ver en los próximos meses es una inflación bajo 2%, y para fines de año nuestra proyección apunta a 2,4%, sin embargo, para enero y febrero de 2018 vemos nuevamente que los precios estarán bajo 2%, por lo tanto, era apropiado dar una señal incorporando un sesgo expansivo, ya que la inflación se acercará recién hacia la meta de 3% hacia la segunda parte del próximo año.

Ahora bien, ¿ve que en los próximos meses sí se tendrá que concretar un recorte en la tasa de interés?

-Con el comunicado del jueves, el Central cerró la puerta para nuevas bajas. Hoy día nuestra visión es que el BC mantendrá durante este año la tasa de interés en 2,5%.

En cuanto al crecimiento, Hacienda fijó el PIB 2017 en 1,5%, pero la mayoría del mercado ve un crecimiento bajo 1,5%, ¿cuál es su perspectiva?

-Nuestra proyección es de 1,5%, pero con sesgo a la baja. Un elemento clave para lograr o no ese nivel de expansión es que se materialice un PIB de 2,5% en el segundo semestre. Para que se logre, se requiere señales de confianza más firmes, y ese es el gran riesgo. Que las confianzas no se recuperen. Si eso no sucede, la economía puede crecer bajo 1,5%.

Hacia el segundo año se espera un PIB de 2,5%, ¿cuáles serían los impulsos que tendrá la economía para lograr ese nivel de expansión?

-Esta proyección tiene implícito una mejora en las confianzas, un repunte en la inversión, lo que repercutirá en una mirada más positiva para las expectativas. Esta perspectiva tiene que venir acompañado con políticas económicas que tengan un foco en crecimiento e inversión. Si esto no ocurre, el crecimiento será menor a 2,5%. Por todo esto es importante que en la elección presidencial, los candidatos definan como eje central de su programa el crecimiento y la inversión.