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Economía & Dinero

Sebastián Soto y proceso constituyente: "Éste es un tren que ya partió y se debe intentar influir lo más posible"

Lucy Aravena L. 18/01/2016

Una exposición del proceso constituyente realizó Sebastián Soto, director del Área Constitucional del Instituto Libertad y Desarrollo (LyD), en octubre pasado ante el Consejo General de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa). Esto, luego que la Presidenta Michelle Bachelet revelara mayores detalles del mecanismo que será utilizado en este ámbito. 

Aquí, el experto detalla cuáles son los temas más sensibles que aborda la reforma constitucional y cuáles podrían complicar al sector empresarial del país.

¿Cuál es la evaluación del proceso constituyente que ha ido anunciando la Mandataria?

Uno puede apreciar mucha improvisación. Me da la impresión , en ocasiones, que éste es un tema que se les vino encima y para el cual estaban poco preparados. El anuncio que se hizo hace dos meses tiene cuestiones de dulce y de agraz. Tiene un respeto muy importante por las reglas del juego vigente, cuestión que lamentablemente la Presidenta no había zanjado desde que fue candidata presidencial. En el momento que se anuncia por cadena nacional, es una buena noticia. Pero hay otras cosas que son de agraz. Lo primero es que todo lo que va a ocurrir este año es incierto.

¿Incierto en qué sentido específicamente?

Hay dos fuentes de incertidumbre. La primera es estar discutiendo tanto tiempo  las reglas del juego o las bases del orden jurídico. Y la segunda, es hacer esto en un momento electoral, porque lo que menos Chile necesita hoy es más polarización. 

¿Qué habría sido lo más recomendable?

Lo ideal en estos temas es plantear cambios acotados, discutiendo el contenido y no eslóganes más bien superficiales. Cuando se inicia toda la crítica a la Constitución se hace sin mucho análisis en su contenido y también se genera la premisa de que la Constitución es la causa de todos nuestros problemas y la solución a todos ellos. El diagnóstico ha sido superficial y eso contamina toda la discusión posterior. Acotar la discusión en temas puntuales permite saber qué es lo que está en discusión y qué es parte de nuestro acuerdo y no está en discusión.

¿Qué temas acotados podría haber abordado el Gobierno para evitar esta incertidumbre global?

Si el diagnóstico era que había una desconfianza en la política, lo que pudo haberse hecho es abordar con herramientas precisas esa desconfianza. Y eso, por ejemplo, pasa por reformas en materia de financiamiento de la política, al procedimiento legislativo o a la función representativa, pero no por una discusión constitucional global. Posiblemente la discusión constitucional global es fruto de la intención, de algunos, de cuestionar no sólo ciertos aspectos de nuestro sistema, sino que el modelo en su plenitud. Me parece que también es equivocado pensar que la Constitución contempla un modelo. Si bien la Constitución pudo haber nacido en los ‘80, ésta ha sabido acoger políticas bastante socialdemócratas.

Como experto, ¿qué es lo aconsejable para actores como los gremios empresariales?

Este es un tren que ya partió y, en consecuencia, se debe intentar influir lo más posible para defender las bases de un sistema constitucional que ha dado progreso a nuestro país. Este Gobierno ha sabido transformar reformas que eran populares en reformas sumamente impopulares. Nada impide que el cambio constitucional se vaya a transformar mañana en una reforma sumamente impopular.

¿Cómo podría afectar este proceso constituyente en el ánimo empresarial?

En esto quiero citar al economista  José Luis Daza  que dijo: “El desafío más grande, lo que va a detener la inversión, es  lo que el Gobierno ha hecho para lanzar el tema de una nueva Constitución”. Creo que él tiene toda la razón. Me parece que es ingenuo pensar que la discusión de una nueva Constitución no va  a generar muchos signos de interrogación sobre lo que va a pasar con una serie de reglas e instituciones importantes para la inversión y el crecimiento del país. Eso es una variable en juego.

¿Cuáles son los temas más sensibles al respecto? 

En materia de contenido, hay muy poco sobre la mesa, porque la Nueva Mayoría se ha preocupado de debatir solamente el mecanismo, dado que los contenidos los divide. Lo único que tenemos son algunas nociones en el programa de Gobierno que son muy preocupantes. Hoy día se protege la propiedad, eso garantiza la protección de la inversión. Pero en el programa quieren incluirse algunas frases a la Constitución que matizan los derechos del propietario. Dice “la propiedad obliga y su uso debe servir al mismo tiempo al bien común”. Me pregunto quién va a determinar si el uso que le estoy dando a mi propiedad sirve al bien común. Esa ya es una pregunta que abre incertidumbre.

¿Y en el tema de Estado subsidiario? 

Algunos quieren constitucionalizar formas de Estado de bienestar, lo que es muy discutible. Chile hoy tiene políticas socialdemócratas que mañana pueden cambiar. Un Gobierno puede llegar y cambiarlas, entonces por qué llevar esta discusión a la Constitución. No es conveniente llevarlo, porque se supone que en la Constitución están los acuerdos. Creo que  el modelo de desarrollo es un Estado con poderes limitados. Este Gobierno cree que no es así. Discutamos eso, pero no necesariamente es una discusión constitucional.

¿Qué cambios serían los más complejos en el tema del Estado subsidiario? 

Tres cosas pueden ser complicadas. Toda Constitución debe respetar no sólo la iniciativa individual, sino que también promoverla. Segundo, creo que la discusión en torno a los derechos es compleja, porque el incentivo siempre apunta a aumentar los derechos y cuando se produce una inflación de derechos, todo se desvaloriza. El listado de derechos debe ser acotado. Y tercero, hay que fijar constitucionalmente de modo muy claro las reglas  del juego que permiten el progreso, y no sólo el económico, sino que de todo tipo. Ello no sólo dice relación con el derecho de propiedad, sino que también con la libertad de asociación y de emprender, de contratación y de ciertas instituciones que garantizan una economía sana, como el Banco Central.

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