Entrevista al empresario y  político Alberto Etchegaray Foto: Victor TabjaSantiago 24 de octubre 2017

Economía & Dinero

Memorias de la primera visita de un Papa, Juan Pablo II, a Chile

Miriam Leiva P. 08/01/2018

“Mientras el Papa consagraba la hostia en el Parque OHiggins, chocaba un zorrillo contra un guanaco, las bombas lacrimógenas llegaban hasta el altar, hasta hubo que pasarle limón para que pudiese seguir”. Es uno de los tantos momentos que atesora Alberto Etchegaray quien fuera uno de los coordinadores de la venida del Sumo Pontífice en 1987.

“En 30 años Chile y el mundo han cambiado mucho. Hoy Chile es más rico económicamente y por lo mismo se notan más las desigualdades estamos muy individualistas fijándonos sólo en lo material; cuando vino Juan Pablo II el país era gobernado férreamente por una cúpula militar con libertades muy restringidas, ahora hay libertades y es gobernado por una mujer”, comenta Alberto Etchegaray quien fuera uno de los coordinadores de la primera visita de un Sumo Pontífice a Chile en 1987.

En conversación con Pulso quien también fuera ministro de Patricio Aylwin y creador de una de las iniciativas más convocantes, Servicio País, rememora los momentos más complejos de esa visita.

Parte recordando que a mediados de los 80 en nuestro país existía mucha pobreza, eran los tiempos de empleo del PEM y POJH, y un panorama muy turbio en términos políticos. “Nos tocó vivir momentos de mucha tensión. La relación entre la jerarquía de la Iglesia y el Gobierno de Pinochet no era fácil ni fluida, el Cardenal Raúl Silva se había enfrentado por los temas de la Vicaría de la Solidaridad y el Cardenal Francisco Fresno había planteado un gran acuerdo nacional que Pinochet no acogió, entonces no había eco hacia una iglesia que estaba comprometida de una manera muy radical con las situaciones de pobreza y exclusión. Eso llevó a que la visita de Juan Pablo se planteara con independencia completa y total del Gobierno, a diferencia de hoy cuando La Moneda nombra hasta un coordinador como es Benito Baranda”.

Esa independencia no sólo era en la organización, sino que también en lo económico, “sólo se le pidieron los aviones y la seguridad de carabineros al gobierno, el resto lo solventó la comisión encargada de las finanzas liderada por Eliodoro Matte y Anacleto Angelini a través de donaciones. ¡Habría sido impensable en el 85 y 86 discutir cuánto costaba la visita y hoy es uno de los grandes temas!” reflexiona.

A diferencia de hoy cuando la Iglesia ha tenido 6 meses para coordinar la venida de Francisco, ellos contaron con casi 2 años porque la visita se anunció a fines de 1985 y se concretó en abril del 87, lo que permitió realizar las colectas y hacer un trabajo espiritual permitiendo que el Papa entrara a todos los hogares en una especie de altar.

Planificar las actividades de Juan Pablo II no fue fácil. “El mandato rector fue que ésta era una visita pastoral no de líder político ni social, que venía a visitar a todos, a los católicos y a los que no. Había gran expectación y no sólo por ser la primera vez que un Papa visitaba Chile, sino porque después de muchos años el pueblo iba a ser convocado a volcarse a las calles, a reuniones multitudinarias de las cuales no había memoria desde los años 70. Entonces era un desafío doble para la Iglesia Católica”.

Por eso decidieron con lupa el recorrido que al menos en la llegada será replicado con Francisco. “No fue casual elegir la avenida San Pablo para el camino desde el aeropuerto, y no la ruta 68 que era más simple y bonita; la primera posibilitaba que mucha gente, que nunca podría ir a los encuentros, pudiera verlo a través del papa móvil”.

Juan Pablo estuvo el doble de días de los que estará este Papa, y en los 6 recorrió varias regiones: Antofagasta, Valparaíso, Punta Arenas, Concepción, Temuco donde congregó a unos 50 mil fieles, y hoy se habla de que llegarán a un millón. “No hay visita papal que no sea de alta expectación o que sea tranquila porque siempre hay grupos que se quieren expresar y de manera disímil. En el Estadio Nacional pudimos aquietar a tiempo a un grupo que había falsificado entradas, hubo otro intento en el Hogar de Cristo cuando el Papa se reunió con Carmen Gloria Quintana (quien había sido quemada por el régimen en curso), y ya en el Parque O Higgins se produjo el choque brutal … si desde la época de Napoléon que no había un incidente como ése en una misa papal”.

Esas imágenes dieron la vuelta al mundo, ¿el Papa se dió cuenta?

“Totalmente, porque el altar estaba en una posición donde él veía todo lo que pasaba, y mientras consagraba la hostia chocaba un zorrillo contra un guanaco, las bombas lacrimógenas llegaban hasta el altar, hasta hubo que pasarle un limón para que pudiera seguir con la misa la cual no quiso acortar, era una de las más largas porque era la beatificación de Santa Teresa de los Andes, y duró las tres horas y media. Además el 40% de los sacerdotes abandonó el altar para saltar las vallas y calmar a sus comunidades, recibieron peñascazos; el choque entre carabineros y las personas llevó a que la parte central de la eucaristía terminara abandonada”.

“Luego le propusimos que saliera en auto cerrado y no quiso, y salió en el papa móvil por Matta”.

“Nosotros estábamos consternados, ¡imagínense con la prolijidad y cuidado que habíamos preparado esta visita! y lo que sucedió nos tenía devastados. Pero él había recibido informes de cómo era el Chile real, y en la noche al llegar a la Nunciatura se afirmó en la perilla al inicio de la escalera y nos dijo: “no se preocupen. No hay ninguna cosa que me haya significado que soy mal venido, todo lo contrario, hay que seguir trabajando con la reconciliación, y el motivo de esa misa cobra mucha mayor relevancia.Era parco en palabras”.

El mundo ajeno a Pinochet

Los dos años de preparación permitieron también que los líderes políticos (desde el PS hasta RN en la derecha), empresariales y trabajadores suscribieran un gran acuerdo nacional, el paso previo a la transición a la democracia.

“Chile fue uno de los pocos países del mundo donde el Papa se reunió con sectores fuera del gobierno de turno, para darles un respaldo al esfuerzo de reconciliación. El Papa con su visita logró este compromiso de la sociedad civil”.

“Siempre se especuló de si esta visita logró que Pinochet se fuera antes o no, pero él no hizo ningún cambio, sólo un plebiscito que perdió; pero sí movió a la reconciliación posterior con Aylwin. La Iglesia jugó un papel crucial en ese momento, fue un facilitador para que Chile se uniera tras el trauma que lo dividió”, concluye.

¿La visita de Francisco será más compleja en términos espirituales?

“Chile hoy es un país más descreído, con menos respeto ni reconocimiento hacia las iglesias, y eso es un gran desafío para el Papa, de traer un mensaje evangélico a una sociedad que reconoce menos el aporte que la fe le puede entregar a su vida cotidiana. También hay gente muy irritada, molesta (por los casos de abusos), gente que le reconocía un liderazgo moral y ético que se ha erosionado, eso ha pasado con todas las instituciones, el mundo está más exigente y la iglesia no está exenta de ello. Creo que en esta visita el Papa tendrá que tocar esos temas, también”.