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Economía & Dinero

Juan Andrés Fontaine y baja de impuestos corporativos: “El proyecto tendrá una calendarización y cláusulas de flexibilización”

C. Alonso y C. Ramos 20/10/2017

Entrevista con Coordinador económico de candidatura de Sebastián Piñera. Aclaró que la trayectoria de reducción del impuesto corporativo “dependerá de las circunstancias del crecimiento económico y de la situación fiscal”. Añadió que los menores ingresos serán compensados con el crecimiento económico.

Agitada han sido las últimas semanas para el consejero de Libertad y Desarrollo (LyD), y coordinador del equipo económico de la candidatura presidencial de Chile Vamos, Juan Andrés Fontaine. En este rol ha tenido que afinar junto al resto del equipo económico las propuestas que fueron presentadas el miércoles y que apuntan a duplicar la capacidad de crecimiento del país. Si bien afirma que la iniciativa tributaria es clara, ya que tiene el objetivo concreto es llevar la tasa de impuestos corporativos al promedio de los países desarrollados (24% a 25%), el camino para concretarlo será de acuerdo al crecimiento económico, y la reducción de la situación fiscal. En este punto añadió que el objetivo fiscal es llevar el déficit estructural a un nivel de -1% al término del próximo período presidencial.

En la propuesta tributaria plantean reducir la tasa a las empresas e integrar, pero condicionado al crecimiento y el déficit, ¿en la práctica cómo se realizará?

-El objetivo del programa es hacer que las tasas de impuesto corporativo, que se refiere al gravamen que se paga sobre las utilidades retenidas de las empresas, converja hacia el promedio de lo que se observa hoy en el mundo desarrollado. Eso significa converger a algo entre 24% y 25%. Uno podría haber sido también más ambicioso y decir que Chile esté entre los países que tienen menor impuesto para ser incluso más atractivo que el promedio, pero por obvias razones fiscales no es posible presentar esa meta.

Pero en la presentación de ayer los mensajes entregados apuntaron a que se condicionará la rebaja de impuestos al crecimiento económico y la disminución de los déficit.

-Vamos a hacer un proyecto de ley que contendrá un calendario de cómo se avanza hacia la meta de llegar a una tasa del orden de 25% a 24%. Este calendario estará fundado en una cierta proyección de crecimiento y obviamente, si las condiciones son peores a las proyectadas habrá que ver qué se hace. Es posible además que el mismo proyecto de ley contemple una cláusula de flexibilización de ese calendario bajo ciertas circunstancias. Es una posibilidad, no estoy diciendo que necesariamente va a ser así.

¿Existe el riesgo que los supuestos no se concreten y la reducción sea más lenta de la proyectada?

-El candidato subrayó que con una aceleración del crecimiento como la que esperamos que se consiga con el programa se puede llegar a un nivel entre 25% y 24% y que eso es compatible con propender avanzar hacia un mayor equilibrio fiscal. Por lo tanto, no hay nada en el programa que haga pensar que haya un condicionamiento respecto del objetivo. Lo que sí hay es que la calendarización depende de las circunstancias del crecimiento económico y de la situación fiscal.

En ese sentido, ¿cómo va a ser la transición para llegar a la rebaja?

-No está todavía definido. En primer lugar esta tasa está subiendo desde 25,5% a 27%. Ese 27% no resulta viable modificarlo porque ya están incorporados esos recursos en el financiamiento del Presupuesto 2018.

Entonces ¿Cualquier cambio partirá en 2019?

-El calendario de reducción de tasas parte en 2019 y mientras tenemos tiempo para percibir si efectivamente estos brotes verdes o aires primaverales se han traducido efectivamente en una recuperación sólida de la economía y eso permite tomar una decisión de un calendario específico. Puede que el proyecto de ley contenga la condición de que si esa recuperación por alguna razón se ve interrumpida, entonces la programación se retrasa. Esto no significa que está condicionado el objetivo. Nuestra evaluación con la información que tenemos hoy es que es perfectamente cumplible.

¿Pero no percibe que hay algunas diferencias entre lo anunciado el miércoles con lo propuesto para las primarias presidenciales?

-No observo ninguna diferencia de lo que se planteó en el programa de las primarias, salvo que en el programa anterior no se aprobó el calendario, pero si el objetivo era cumplir este plan durante los primeros cuatro años.

¿Se puede asegurar que el 2021 la tasa va a llegar a 24%-25%?

-Ustedes me piden el vaticinio de si va a ocurrir o no, pero obviamente en primer lugar hay que aprobar el proyecto en el Congreso, pero además de eso, las circunstancias económicas pueden cambiar y puede ser necesario buscar caminos distintos, calendarizaciones distintas para cumplir el mismo objetivo. Cuando haya llegado el momento de redactar el proyecto de ley, va a quedar clara la trayectoria y es posible que esa trayectoria tenga alguna cláusula de modificación bajo ciertas circunstancias.

El tema de la integración será igual que la baja de los impuestos de primera categoría en el sentido de que estará condicionado o en relación al crecimiento?

-Es algo que tenemos que afinar. Cuando se estableció el sistema semi integrado, se estimaba que esto efectivamente le permitía al fisco obtener una recaudación significativa tipo 0,1%, 0,2% del PIB porque en el fondo eleva los impuestos que terminan pagando los accionistas de las empresas o dueños de las empresas, cuando hacen retiros de utilidades de esas empresas.

¿Tampoco está claro si será gradual o de una sola vez?

-Es algo que hay que discutir, el cálculo depende de la estimación afinada del costo de los programas de gasto público que vaya a impulsar el eventual gobierno del ex Presidente.

Con respecto a que los menores ingresos serán compensados por el crecimiento varios economistas y tributaristas han señalado que con esa fórmula no alcanza. ¿Ustedes aseguran que así será?

-Sí, con crecimiento. Calculamos que el costo de reducir en dos puntos la tasa corporativa de primera categoría y de la integración completa, de pasar del sistema semiintegrado al sistema plenamente integrado, el costo total de eso ronda en torno al 0,5% del PIB por año, una vez que el calendario haya llegado a puerto. Calculamos que con un incremento del crecimiento económico de un punto por sobre lo previsto en la proyección fiscal que acaba de hacer el Gobierno, le reditúa al Estado del orden de 1% del PIB de ingresos de aquí a cuatro años.

Meta fiscal: “Esperamos llegar a un nivel de -1% hacia fines del próximo período”

En materia fiscal, proponen llegar a un balance en 6 a 8 años, es decir, más allá del período presidencial del próximo Gobierno, ¿no se puede hacer una esfuerzo mayor considerando las últimas rebajas en la nota crediticia?

-Lo que hay que hacer cuando asuma el próximo Gobierno, es revisar los cálculos del presupuesto estructural que se herede y verificar si efectivamente es -1,5% o más para el 2018 y a partir de ahí ir haciendo esta reducción paulatina que nos llevará a un nivel cercano a -1% a fines del próximo período presidencial. Si uno mira las proyecciones que hace S&P, son de déficits efectivos del orden de 2% levemente por arriba del PIB año a año de aquí hacia finales de la década y un aumento de la deuda pública bruta que alcanza cerca del 30% del PIB a fines de la década, ese tipo de calendario es incluso más cómodo del punto de vista fiscal que el que estamos planteando. No me parece que sea necesario ir a un esfuerzo adicional.

¿Entonces esperan llegar al -1% de déficit a fines del 2021?

-La meta es converger gradualmente hacia el balance en 6 a 8 años. Ahora si uno parte de -1,5%, -1,7% pasar a en torno -1% hacia fines del próximo período es una buena meta. Esto es algo que se va a tener que definir con mayor precisión una vez que se conozca cual es el punto de partida. No estamos seguros de que el punto de partida sea 1,5%-1,7%.

¿Hay metas para estabilizar la deuda?

-No pero es un tema que hemos conversado. Con el déficit estructural que estamos hablando lo probable es que la deuda vaya moviéndose hacia el 30% del PIB gradualmente. Lo que para Chile fue más negativo en cuanto a imagen externa fue el ritmo con el cual aumentamos el endeudamiento. El nivel al cual estamos hoy o incluso el nivel al cual podríamos llegar hacia fines de la década no es crítico. Es un nivel significativo de endeudamiento, pero está lejos todavía de los niveles que realmente son peligrosos.

¿Cuando se entregue en los primeros 60 días el decreto va haber una meta fija de dónde llegar?

-Nuestro propósito es una meta fija, más que el esquema de metas móvil que estableció el ex ministro Valdés.

¿La meta va a ir dependiendo de cuánto se avanza año a año?

-Así es.

Reforma al Sernac: “Veremos cómo termina el actual proyecto”

En cuanto a la agenda de competitividad, en qué consiste las 30 medidas anunciadas?

Lo que requiere Chile es un gran reimpulso productivido. Para ello, hay una serie de medidas que se tradujeron en proyectos de ley, pero que duermen en el Congreso desde el 11 de marzo de 2014. Calculamos que son entre 8 a 11 proyectos de ley. Nuestro objetivo es revisar las iniciativas para actualizarlos durante los primeros 60 días y enviarlos de nuevo para ser tramitados con carácter de urgencia. De esta manera queremos dar una señal pro crecimiento durante los primeros meses de Gobierno.

Dentro de las propuestas está el reformar el Sernac, analizarán primero, ¿cómo queda el actual proyecto?

Veremos qué pasa con el actual proyecto, como termina luego de ser aprobado y probablemente haya una fase de evaluación del texto. Nosotros en general no compartimos la visión central del proyecto que transforma al Sernac en una especie de superintendencia.

¿También habrá cambios al sistema de evaluación ambiental?

Hemos trabajado en cómo mejorar el sistema de evaluación ambiental de manera que preserve el medioambiental, pero no se transforme en un obstáculo para el avance de los proyectos de inversión.