Economía & Dinero

Francisco Garcés: "Lamentablemente el mundo laboral se ha tomado como una herramienta de uso político"

L. Aravena y J. Santa María 23/05/2016

El empresario estima que el Gobierno debe retirar el veto a la Reforma Laboral y dice que la ley corta es la opción para abordar otros temas. Es optimista frente al futuro del país, pero recalca la necesidad de lograr acuerdos y retomar confianzas.

-¿Cambiarán las relaciones laborales?, es el sugerente nombre con que se titula el seminario organizado por Icare y que se llevará a cabo mañana. Las exposiciones del encuentro -que busca dilucidar el real efecto que generará la aún estancada Reforma Laboral- estarán a cargo del abogado Héctor Humeres; el juez del trabajo, Alvaro Flores; la vicepresidente de Recursos Humanos de Komatsu para Latinoamérica, Georgeanne Barceló; y el presidente de Telefónica, Claudio Muñoz. Todos ellos liderados por el dueño de casa, el director de Icare, Francisco Garcés, ex gerente general corporativo de Salfacorp, compañía de la cual su familia aún es parte del pacto controlador. Desde que dejó la primera línea de la constructora -hace poco más de un año-, Garcés divide su tiempo entre Icare, el negocio de la exportación de nueces con La Invernada -que ya está entre las seis mayores exportadoras de nueces de Chile-, y las múltiples fundaciones donde participa: Las Rosas, Cultura Nacional, entre otras.

¿Cree que la Reforma Laboral, como vaya a salir, va a cambiar las relaciones laborales? 

-Es justamente el título del evento y es parte de lo que queremos reflexionar. Lamentablemente, veo que esta reforma ha sido planteada como una ecuación que suma cero. Genera más bien un conflicto y no aporta mucho. Aquí se está planteando que el trabajo es una transacción económica. Y en esto, no estoy de acuerdo. En eso, la reforma actual la encuentro muy pobre. Esta relación de capital – trabajador ya pasó hace años.

¿Y entonces, cómo debería ser? 

-La relación empresa y trabajador hoy día es muy distinta. Creo que aún no se aprecia el valor que tiene para la persona el trabajo del día a día. No es sólo una transacción económica. Mirar el tema laboral y el trabajo solamente en eso es muy pobre.  El trabajo es algo más profundo, es donde la persona se realiza o no se realiza. Eso no se aborda, y cuando no se tiene  en cuenta es difícil lograr que haya una mayor paz social en Chile. Si bien es importante el tema remuneracional, ahí no está la felicidad en el mundo del trabajo. 

¿Pero si el mundo del trabajo está cambiando, de todas formas había que hacer algo? 

-Pienso -y creo que eso mucha gente  comparte- que había que hacer cambios. Pero aquí se perdió la oportunidad de hacer un cambio y una reforma laboral mucho más moderna, donde se vea el trabajo como una cosa mucho más profunda que una simple transacción. 

¿Quizás no se tomaron en cuenta buenas experiencias empresariales de relaciones laborales?

-Parte de la frustración que uno observa en la parte empresarial tiene que ver con un poco de decepción. No se ha escuchado a uno de los actores relevantes en el futuro de esto. Nadie tiene la razón en un 100%. Esa ha sido lo que ha faltado, lograr ponernos de acuerdo en qué es lo mejor para las personas.

¿Quizás no haber escuchado a todos los actores sea el reflejo de las diferencias que también hay dentro del Gobierno?  

-Cuando no le apuntas a la esencia del problema de fondo, pasa esto. Y la esencia tiene que ver  con lo que quieren las personas en el mundo del trabajo, que no necesariamente pasa por más dinero, sino que pasa por horarios más flexibles, poder hacer más funciones, crecer dentro de la empresa, etcétera. La esencia de la reforma no consideró para mi lo que es más importante. Por eso es que hay diferencias en todas partes, y dentro de los mismos trabajadores.

¿Entonces, el camino ideal sería plantear una nueva Reforma Laboral? 

-Políticamente no es viable, dado el avance que tiene la reforma. Lo que sí haría  es sacar el  veto.  No tiene mucho sentido, como una especie de revancha a lo que falló el Tribunal Constitucional. Y la gente se da cuenta que hay acción y reacción. Eso es parte del error. Uno tiene que pensar con un poco más de altura de miras, eliminar el veto y volver a reponer los pactos de adaptabilidad, que eran acuerdos que se habían logrado y que por algo se lograron. Además, la reforma debería adecuarse al dictamen del TC en cuanto a explicitar  la igualdad entre los grupos negociadores y el sindicato. Incluso, en el tema de extensión de beneficios, aprovecharía de dejarlo más clarificado para evitar distintas interpretaciones.

¿Y espera que en la ley corta que enviará el Gobierno se puedan abordar otros temas?   

-Si me preguntas, sería casi como hacer una reforma nueva, pero no sé si hay voluntad política. Hay una oportunidad de generar un montón de cosas nuevas. Me encantaría que hubiera incentivos a contar con un liderazgo, tanto en las empresas como en los sindicatos o grupos negociadores que lleven las relaciones laborales al circulo virtuoso de ganar-ganar. También hay una serie de elementos en que hace mucha falta avanzar, como la participación laboral juvenil, femenina, la capacitación y la polifuncionalidad.

¿Siente que el mundo laboral está muy politizado?

-Creo que está muy ideologizado. Lamentablemente el mundo laboral se ha tomado como una herramienta de uso político y no tanto pensando en el bien de las personas, o sea, hay agendas personales que han perjudicado al mundo laboral.

¿Cuál es el riesgo que  corre Chile? 

-Hay un riesgo -y que fue aplacado por el fallo del TC- que tiene que ver con el monopolio sindical. Los países que tienen monopolios sindicales son un desastre. No es que una empresa o un empresario termine mal, el país termina mal. Creo que se mantiene el riesgo del limitado espacio para el reemplazo, se va a perder la privacidad de los trabajadores, van a tener que entregar información de ellos mismos. Además, creo que estamos en un paso previo a la negociación por rama o por área, y el mayor riesgo tiene que ver con algo que no se le ha dado la importancia necesaria: el de poner un clima de conflicto artificial en las empresas. 

¿Ante este escenario, ud. comparte más la visión de quedarse o salir de Chile como dijo Büchi? 

-Yo soy optimista pese a todo. Creo que tenemos que ser capaces de empezar a buscar  y llegar a ciertos acuerdos, tenemos que mirar en el fondo, tenemos que pasar de la desconfianza a la confianza. Ese es el fondo del tema. ¿Y cómo se sale de la desconfianza? Generando confianza. ¿Y cómo se genera confianza de verdad, no confianza para el diario, ni frases? Con hechos concretos, con la capacidad de escuchar, con humildad, no pensar porque soy mayoría o porque yo tengo el poder pongo la pata encima. Creo que eso es más bien soberbia. 

Pero la confianza también se ha perdido por culpa del empresariado, tras diversos escándalos.

-Es así. Creo que el reconocerlo ya es un hecho importante. Hay que volver a retomar algo que a lo mejor se relajó, que es tener muy buenas prácticas, no sólo generar riqueza. El fin no justifica los medios. Y este mismo comentario es muy atingente para el mundo político. Pero hay que tener un poco más de cuidado. No todos los empresarios tiene malas prácticas, de que hay casos los hay y hay que erradicarlos, pero ese no es el mundo empresarial. Ni tampoco porque haya políticos que se hayan metido en ciertas cosas, todos los políticos lo hacen.P