Economía & Dinero

Claudio Sapelli y reducción de la desigualdad: “Lo hecho por este Gobierno no nos permite ser muy optimistas”

Carlos Alonso 10/07/2017

El director del Instituto de Economía de la Universidad Católica señala que el foco de la Reforma Educacional no resolverá los problemas de calidad y, por ende, tampoco ayudará a seguir mejorando la distribución del ingreso. Asegura que en las generaciones nuevas, el mérito personal seguirá primando en el desarrollo de la sociedad.

Hasta la última Encuesta Casen 2015, la desigualdad continúo reduciéndose. Si bien las perspectivas en general apuntaría a que esta tendencia se mantenga, existen factores que podría frenar esta trayectoria. Una de ellas, es el menor crecimiento que muestra la economía, pero para el director del Instituto de Economía de la Universidad Católica y doctor en Economía de la Universidad de Chicago, Claudio Sapelli, el factor clave destrás de esta incertidumbre es la Reforma Educacional que impulsó el actual Gobierno. Esto, porque a su juicio no contribuye a mejorar el gran problema que tiene el país, que es la calidad. A su vez, el economista comparte la visión que entregó el último libro del Centro de Estudios Públicos (CEP), que asegura que los chilenos valoran el esfuerzo personal para lograr su bienestar.

Actualmente el Índice Gine se ubica cerca de 0,45 puntos, lo que refleja que la desigualdad se ha ido reduciendo; sin embargo, hay una sensación de malestar y que seguimos desiguales, ¿cuál es su visión al respecto?

-Los números son incontrovertibles. Y estos dicen que la desigualdad medida en la forma tradicional que toma los ingresos de toda la población ha caída más o menos ocho puntos. Si lo miramos en términos de datos de distribución de los ingresos en distintos países, una caída de 8 puntos es importante. Este es un indicador que se mueve lentamente, entonces, entiendo que la gente puede estar inquieta porque este indicador sigue en términos de niveles altos; pero se debe entender que el nivel alto es consecuencia de algo más histórico de Chile, pero la dirección era la correcta.

De acuerdo a su último estudio, una mejor aproximación es medir la desigualdad por edades.

-Cuando se mide la desigualdad por generación, se ve que la caída que existe es mayor, del orden de 20 puntos del Gini, entonces esto nos coloca en una trayectoria que nos podría dejar en el nivel de desigualdad del Reino Unido. Si bien no es el más desigual del mundo, es parte del club. Ahora respecto de esto, uno presume que van a continuar la tendencia actual, porque uno podría preguntarse si el menor crecimiento podría afectar esto….puede ser, habría que verlo, podría afectarlo.

¿Y puede terminar afectando esta trayectoria?

-Respecto a esta discusión uno puede ver el vaso medio lleno o medio vacío. Por un lado, está lo que refleja el informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que reconoce que ha habido un progreso importante y, por otro lado, están quienes dicen que lo que se ha hecho hasta ahora no es suficiente y que como objetivo de política querríamos un Gini más bajo y no está garantizado. En esta trayectoria ha jugado un factor importante la educación, y entiendo el argumento del PNUD donde dice que ya no hay mucho margen para progresar en términos de equidad a nivel educativo. Chile tiene indicadores de cobertura de educación media muy alto, más alto que el promedio de la OCDE.

¿Pero la deuda pendiente es la calidad en la educación?

-Si bien Chile ha avanzado en niveles de calidad, siendo en promedio el mejor de Latinoamérica, hay márgenes importantes para progresar y, en particular, desde edades muy tempranas, ya que esto determina el estímulo del cerebro que regirá hacia adelante. Por ello, esto de educación temprana y de calidad es un tema de primer orden que permitirá a los niños de familias de nivel socioeconómico bajo estar en un mejor pie para la pre escolar, básica y media. Ese es el desafío.

Precisamente la Reforma Educacional de este Gobierno apuntaba a dar gratuidad y mejorar la calidad.

-Hasta antes de 2014 había un consenso que iba más allá de la ideología. La Concertación hizo mejoras importantes dentro de la filosofía básica basada en la competencia con progresos importantes. Hay varios estudios que dicen que la introducción de la subvención preferencial fue una medida muy exitosa y que había que perfeccionar. Pero lamentablemente nos hemos quedado en cambios institucionales que no tienen nada que ver con la calidad y que con toda la irrupción que ha generado es probable se retroceda. Entonces, la pregunta es si somos optimistas o no del futuro, lamentablemente ahí nos hemos caído. Se podía ser optimista hasta antes de este Gobierno, pero ahora no, nos fuimos para otro lado, y se erró el foco.

¿La reforma educacional fue por un carril distinto al que se necesitaba para mejorar la calidad de la educación?

-El malestar expresado en la ciudadanía no tiene nada que ver con la educación gratuita. Por ello fue un malestar mal canalizado, mal diagnosticado y, por lo tanto, está mal hecha la política para cambiarlo. Lo que pasará con esta política de educación gratuita es que se educará más gente y habrá más frustrados. No estamos resolviendo el problema, quizás lo vamos a agravar. Estamos gastando un montón de recursos en un mal diagnóstico. Cuando lo veamos en perspectiva de cinco o diez años vamos a decir que la gratuidad no resolvió nada, sino que agravó el problema que era el verdadero origen del malestar.

¿Todo esto pone en duda si Chile continuará la senda de la disminución de la desigualdad?

-El gran desafío pendiente para continuar en esa senda es el de la calidad de la educación. Al respecto, lo hecho por este Gobierno no nos permite ser muy optimistas. Los cambios no aseguran una mejora en la calidad. Y probablemente logren lo contrario. Igual hay mucha inercia en el cambio generacional y continuaremos viendo mejores por varios años.

Otro de los puntos que usted ha abordado es la discriminación en el trato, ¿ve que en ese puede haber avances con las nuevas generaciones?

-Lo que veo es que las sociedades actuales son mucho más horizontales, más homogéneas, más parecidas y hay otros códigos de trato. Si bien hay discriminaciones de trato, que son intolerable, han ido cambiando las formas de trato que antes eran aceptables, ahora son inaceptables y me parece que eso es espectacular. En esto se debe mirar las generaciones nuevas.

El CEP lanzó un libro donde recopila la opinión de los chilenos en los últimso 30 años. Una de las conclusiones apunta a que se premia el esfuerzo personal para progresar, ¿comparte esa visión?

-Los méritos personales terminan por primar, pero eso es algo que la gente debe experimentar, que al que se “rompa el lomo” trabajando y que de esa manera le termina yendo bien, ya que si no fuera así está creencia no tiene ningún sustento.

¿Cómo se explica el hecho de que las personas señalan que su situación personal está bien, pero la del país mal?

-Eso me llama la atención del libro del CEP, que las personas cuando le preguntan de malestar, dicen que ellos están bien, pero que el resto está mal; hay un error. No puede ser cierto que todos estemos personalmente bien, pero el resto mal, ahí hay un error en cómo la gente evalúa al resto, y eso es producto de que los líderes de opinión están poniendo los énfasis de sus discursos.

“Difícilmente uno puede pensar que Uruguay es un modelo”

El modelo de desarrollo que tiene el Frente Amplio en cuanto a la igualdad es Uruguay, ¿cree que hacia ese sistema es el que se debe aspirar?

-Llevo unos 20 años en Chile, y buena parte de esta estadía me he dedicado a hacer comparaciones con Uruguay. Es más, los mismos estudios de las generaciones y desigualdad los hice con Uruguay y para este caso las conclusiones son bien distintas. Veo a Uruguay con preocupación, entonces difícilmente uno puede pensar que esto es un modelo.

¿Por qué?

-En Chile, cuando se analiza la población como un todo, es preocupante, pero cuando pones el foco en las generaciones más jóvenes, uno se empieza a poner más optimista. En cambio, en Uruguay pasa exactamente al revés, cuando se observa la población en su conjunto, la sociedad es bastante más homogénea, con un trato más vertical; sin embargo, cuando uno va al detalle por generaciones, hay una serie de cosas preocupantes, entre ellas, la tasa de graduación de Educación Media que hoy se ubica en 30%, tiene un nivel cercano a los países de Centro América, y eso refleja que el modelo está fracasando, pero para darse cuenta de eso se tiene que mirar las generaciones más jóvenes.

Es decir, ¿Uruguay va al revés que Chile, en el sentido de que se transformará en una sociedad más desigual?

-Esto significa que Uruguay se transformará en una sociedad desigual. El sistema educativo en Uruguay recibe gente más homogénea y la vuelve menos homogéneas. Esto es gravísimo. Uruguay avanza en la dirección inversa. Y esto es por un sistema educativo que está fracasando.