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Economía & Dinero

Blockchain, el nuevo enemigo de los falsificadores de arte

Bloomberg y Pulso 23/03/2018

El artista contemporáneo Philip Colbert, cuya obra colorida y animada ha encontrado compradores en todo el mundo, le había estado dando vueltas a la idea de crear su propio sistema de catálogo para probar la autenticidad de su creciente cúmulo de obras.

“Tenía un distribuidor en Japón que me había estado diciendo que necesitaba tener mejores formas de certificación para mi arte, porque la gente está comprando arte como inversión”, dijo el artista británico, quien adapta imágenes de la cultura pop en sus pinturas, vestuario y muebles. “El arte es una moneda en cierto modo; al final del día cuando se subastan, la procedencia es un elemento muy importante de su valor”.

Luego conoció a Rob Norton, el fundador de Verisart, una startup estadounidense que usa el blockchain, la tecnología contable subyacente al bitcoin, para verificar la autenticidad de obras de arte. Se trata un problema tan antiguo como el arte mismo, y los artistas durante mucho tiempo han sido poco confiables a la hora de documentar su propio trabajo. Ya en el siglo XVII, el marchante de Rembrandt se quejaba de la precariedad de los registros que mantenía su cliente, dijo Norton.

Registro rastreable

El blockchain crea un registro inmutable y rastreable de cada transacción, ya sea una obra de arte la que cambie de manos o bitcoins.

La adopción generalizada de la tecnología podría dar un impulso al mercado de arte en línea, el que aún no ha explotado. Las ventas en línea actualmente representan solo cerca del 8 por ciento, o US$5.400 millones, del mercado mundial del arte, según un informe de UBS Group AG y Art Basel publicado este mes.

La confianza, o la falta de ella, se ubica al centro del desafío; los potenciales compradores se niegan a la posibilidad de gastar sumas considerables en obras cuya procedencia no puede ser del todo verificada. El valor del arte falsificado que se vende es casi el doble de las obras reales, dijo Norton, ex director ejecutivo de Saatchi Online y Sedition Art.

Cuando se trata de arte, “hay un obstáculo mayor de confianza que tiene que superarse, se debe saber que lo que se está comprando es real”, dijo Norton. “El arte es el segundo mayor mercado no regulado después de las drogas ilícitas y se ve eclipsado de manera significativa por la actividad fraudulenta. Se puede acelerar la confianza y la liquidez proporcionando mejores estándares de certificación global y verificable”.

Más startups

Los pesos pesados ya llegaron. Google, Microsoft Corp. e International Business Machines Corp. están desarrollando proyectos relacionados con el blockchain, un mercado que ya asciende a más de US$700 millones y crece rápidamente. Esa demanda está impulsando a varias startups que usan cadena de bloques para verificar obras de arte.

Codex, que tiene sede en San Francisco y Londres, va tras el mercado de artículos de colección y ha atraído inversiones de Pantera Capital, un fondo de cobertura que invierte en tecnología de  blockchain y criptomonedas.

Los critpomillonarios y critpomultimillonarios recién aparecidos serán compradores naturales de arte, según Pantera. Codex también está trabajando en una aplicación llamada Biddable que permitirá que las criptomonedas se usen para ofertar en subastas de arte.

Verisart comenzó en 2015 como una aplicación telefónica para que artistas crearan su propio sistema de verificación de arte. Ese enfoque no despegó, dijo Norton. Luego, la compañía creó una aplicación web trabajando con Ahmed Elgammal, profesor de informática de la Universidad Rutgers.

“Estábamos un poco adelantados, estábamos averiguando dónde estaba el mercado, recibiendo comentarios de los artistas y construyendo una plataforma que la gente pudiera usar”, dijo Norton. “Ahora estamos trabajando cada vez más con socios, esos certificados se pueden personalizar”.

Los certificados de Colbert, por ejemplo, contienen pequeñas reproducciones de la pieza misma junto con toda la información relevante sobre su creación, propiedad y movimiento, como si fuera parte de una exposición.