Economía & Dinero

Andrés Velasco: "Fui ministro por 4 años y cuando me traían un proyecto de ley lo primero que preguntaba era: ¿es constitucional? ¿pasa el examen del TC?"

Miriam Leiva P. 16/05/2016

El economista analiza el traspié de la Reforma Laboral y advierte: "No termino de entender cómo una ley corta puede evadir o subsanar lo que el TC decidió". Además, defiende los pactos de adaptabilidad: "Esto viene de los gobiernos socialdemócratas de Escandinavia (...) Lagos lo propuso y se cayó".

Tras ser ministro de Hacienda del primer gobierno de Michelle Bachelet, Andrés Velasco no ha descansado ni se ha apartado de la arena política.

Hoy está enfrascado en convertir a Ciudadanos en un partido político, recorriendo Chile en busca de firmas. “El proceso fue diseñado para que fuera difícil porque lo hicieron los que hoy hacen las leyes, pero a pesar de eso vamos a ser partido”, indica seguro.

Si lo logra, probablemente Ciudadanos será su plataforma para incursionar por segunda vez en una candidatura presidencial, pues con sus críticas se ha distancia bastante del oficialismo, que era su núcleo de acción.

Es intensamente crítico de las determinaciones que ha tomado el actual Gobierno, y se muestra preocupado por el bajo nivel de crecimiento que Chile tendrá en los próximos años. Advierte que las autoridades desenfocaron la economía en favor de sus reformas.

¿Por qué decidió salir a criticar el veto a la Reforma Laboral del Gobierno?

– Aunque los pactos de adaptabilidad eran un cambio tímido eran positivos, porque daban la posibilidad de que empleador y empleados se pusieran de acuerdo para fijar turnos, jornadas, horarios, lo cual tiene ventajas para todos, desde la productividad -porque se puede usar mejor el tiempo-, hasta en oportunidades para las mujeres con niños pequeños y jóvenes que estudien. Subrayo que se pongan de acuerdo, porque nadie está a favor de que el empleador unilateralmente pueda decidir a qué hora trabaja la gente, eso sería un abuso. Se le hace un flaco favor al debate cuando se dice que los pactos son una idea que le gusta a los empresarios, cuando esto viene de los gobiernos socialdemócratas de Escandinavia,es  profundamente pro mejor redistribución del ingreso.  Lagos la propuso y se cayó. 

Es que la idea era que los sindicatos pactaran las jornadas y no los grupos negociadores

-Aquí no se entiende por qué cuando las autoridades lo propusieron creyeron que era una buena idea, y ahora deciden que es mala y la vetan. La titularidad sindical que se cayó en el Tribunal Constitucional (TC) no decía que no podía haber grupos negociadores, sino que se prohibía donde ya había sindicatos. Independiente de lo que dijo el TC, surge la duda de qué habría pasado con el 85% de los trabajadores que no está sindicalizado, ¿no puede negociar nada bajo ninguna circunstancia? Ese 85% quedaría sin pan ni pedazo, lo cual es tremendamente injusto.

¿Debería permitirse negociar adaptabilidad con grupos?

-Parece sensato pensar que hay maneras, con requisitos mínimos de representatividad, que un grupo de trabajadores pueda negociarlos. La verdad es que más que prestar atención a los intereses de los trabajadores, el veto parece ser diseñado para solucionar un problema político, porque a la CUT (Central Unitaria de Trabajadores) no le gustó el fallo del TC y por lo tanto había que compensarla 

¿Ud. está de acuerdo con el fallo que botó la titularidad sindical?

-Uno puede estar o no de acuerdo, la pregunta es si la ley se ajusta a la Constitución. Lo que parece bien sorprendente es que siendo predecible el fallo no se hayan tomado las medidas del caso, y no se haya redactado la ley de una forma constitucional. Yo fui ministro por 4 años y cuando me traían un proyecto de ley lo primero que preguntaba era: ¿es constitucional? ¿pasa el examen del TC? ¿será objeto de impugnación?  

El veto aún no se tramita, y viene una ley corta, ¿es dable insistir con la Reforma Laboral?

-La pregunta inicial es si tiene sentido haber presentado una reforma de estas características. Yo habría preferido una distinta, más pro empleo, para todos los trabajadores y no sólo para los sindicatos. Ahora dada la coyuntura en que estamos no termino de entender cómo una ley corta puede evadir o subsanar lo que el TC decidió, porque si hay un precepto declarado inconstitucional, se puede redactar de 25 modos distintos pero no va a cambiar el fondo del asunto. La ministra del Trabajo aún no ha explicado en qué consiste la ley corta. 

¿Tiene alguna duda de que se quiera insistir con la titularidad con una vuelta de tuerca?

-No lo sé. Creo que el problema al final es bastante sencillo, si el TC para bien o mal decidió que no se puede imponer la titularidad exclusiva del sindicato, la pregunta es cómo se condice ese fallo con la necesidad de los trabajadores de contar con horarios más amigables. Somos un país que tiene una larga jornada de trabajo, los tiempos de desplazamiento son muy largos, y la calidad de vida de las personas sufre, esa es una realidad y hay que abordarla más allá de los cálculos políticos que pueda hacer el ministerio del Trabajo o la CUT.  

Dice que el veto era para compensar a la CUT, ¿es un buen negocio estar con la CUT considerando que moviliza poca gente como se vio el 1 de mayo?

-Más que el número de personas que llegan a un acto, la clave son los intereses de los trabajadores que representa. En Chile hay 7 millones de trabajadores, la CUT tiene menos de un millón de afiliados, Las jefas de hogar que encabezan las familias más vulnerables no  están en un sindicato, ¿la CUT las representa?

¿Lo único que rescata de la reforma es la adaptabilidad?

-En el balance final esta es una reforma que aborda problemas del siglo 20, y no los del siglo 21. Cada día es más evidente en Chile que la relación laboral, que comenzaba cuando uno entraba a una empresa a los 25 años y se iba a los 65, se acabó. Hoy las personas trabajan en varias empresas, a distancia, requieren conciliar familia con trabajo, hay personas que estudian y después retornan al mercado y nada de eso está incluido. Esos son los temas a futuro que se están discutiendo en Argentina, Brasil, España, y curiosamente no estamos hablando acá.

¿Por qué no se están abordando temas de futuro cuando el programa habla de educación para mejorar el capital humano?

-Tenemos una clase política que vive en una burbuja, y que responde a presiones políticas y no a la realidad cotidiana. Hay que ver el debate en educación, ¿cuándo se pronunció la palabra educación técnica, ciencia, etc? El sistema universitario que tenemos lo trajimos de Europa hace un siglo, y en Europa lo están abandonando y debatiendo cómo acortar las carreras, y acá sólo se ha hablado de lucro o  no. 

Me ha mencionado dos pilares de este Gobierno, y en ambos dice que no mira los temas de futuro, ¿ sólo se planteó temas de pasado?

-Este es un Gobierno  que usó las reformas para resolver problemas políticos y no sustantivos. El problemas es más general de la clase política, también de la derecha, ¿cuál ha sido su aporte aparte de quejarse? ¿se ve una derecha poniendo temas de futuro? Tampoco. Al revés, la derecha también ha caído en defensa corporativa de las universidades privadas y de sus dueños, a veces del empresariado. Una de las cosas  lamentables e irritante del debate laboral es que a la postura de la CUT se contrapone la Sofofa  y resulta que ninguna representa el bien común. La Sofofa tiene sus propios intereses y cuando se queja está viendo su propio bolsillo.

¿En el fondo está diciendo que en el Congreso están representados estos dos mundos?

– En el Congreso están representados la Sofofa y la CUT más que el resto de la gente. 

Al Gobierno se le acusa de improvisación en sus reformas. ¿Por qué ahora hay improvisación y antes no, cuando usted fue ministro de la misma Presidenta?

– Mire, yo no puedo responder por este Gobierno, pero sí por lo que me tocó vivir. Nosotros realizamos un número limitado de reformas y nos dimos el tiempo para hacerlas bien. Por ejemplo en la reforma a pensiones que era grande, ambiciosa, sólo en la etapa de diseño demoramos  más de un año, y el proyecto se discutió casi dos en el Congreso y contó con los votos desde Evelyn Matthei a Camilo Escalona. Al final las cosas requieren tiempo, cuando a inicios de este Gobierno se pidió una reforma tributaria en 90 días, la verdad es que me pregunté que clase de equipo puede diseñar una reforma tan compleja en ese lapso.

¿Cómo ve la actitud de los ministros de Trabajo y Hacienda que han discrepado abiertamente en reforma laboral?

-A mi  la verdad no me interesa tratar algo así como la farándula de quién ganó, quién perdió, quién hablo fuerte. En un gobierno siempre hay conflictos, ahora uno espera que las opiniones que se entreguen tengan algún sustento en la realidad. Cuando la ministra dice que el desempleo en el Gran Santiago era por el ajuste fiscal, me cuesta encontrarle el sustento empírico.

¿Qué espera usted del Gobierno para cerrar la reforma laboral?

-Rebobinar el tiempo al día en que se envió el proyecto. No abrigo muchas esperanzas de lo que se vaya a lograr en los próximos meses, lo que sí espero es que un próximo Gobierno aborde la temática laboral con una mirada de futuro, y le ponga el cascabel al gato a estos asuntos que están dando vuelta hace tanto tiempo.

“La perspectiva para 10 años más es de un crecimiento de 3% a 3,5%, y eso no es muy halagüeño”

Con discusión laboral y constitucional dando vueltas, ¿cómo visualiza la economía?

-Más que hacer afirmaciones tremendistas, hay que ver lo que está pasando en el mundo. Por varios años, y especialmente en el Gobierno anterior, Chile creció a costa de los recursos naturales, hubo un período que creció por la buena suerte y se acabó, y eso debe iluminar nuestro debate. La riqueza del cobre se desvaneció, el año pasado las utilidades de Codelco fueron prácticamente cero. Lo primero que debemos visualizar es que estamos en un escenario totalmente nuevo, adverso, fruto no de la acción de algún gobierno, sino del escenario internacional y eso ha afectado a todos los países.

¿Pero no hay componente interno?

-Tenemos un problema de crecimiento de largo plazo. Hace una década los expertos decían que el crecimiento de largo plazo de Chile era de 5%, hoy es 3,6%, y este año podría caer a 3%, es decir en una década el PIB (Producto Interno Bruto) tendencial cayó entre 1,5 y 2 puntos.  Cada día que pasa es difícil pensar que este año y el que viene sean muy distintos al anterior.

¿Cuál es su expectativa?

-Este año probablemente las cifras no variarán mucho y el crecimiento andará en 1,5%, y una recuperación el próximo año dependerá del contexto internacional, también me es difícil imaginar un crecimiento sustancialmente mayor. Todo indica que el crecimiento promedio de esta administración va a ser de 2%.

¿Y cuál es el aporte que ha hecho este Gobierno a este 2%?

-Hay factores internos también. Es evidente que ninguna de las reformas ha sido pro crecimiento, aunque no todas deben serlo, pero en la suma de las prioridades, el clima que se ha gestado en torno a ellas no sido muy contributivo al crecimiento. Celebro que hoy el crecimiento esté teniendo más prioridad en el discurso oficial, pero la pregunta es ¿qué capital político se va a gastar La Moneda para transformar ese discurso en realidad?

¿Dónde debería gastarlo?

-Por ejemplo, el  ministro de Economía nombró una destacada Comisión de Productividad que hizo buenísimas propuestas, pero varias de ellas conllevan cierto costo político. Somos un país largo y flaco, tenemos 4 mil kilómetros de costa y el grueso de nuestro transporte es por camiones, eso no tiene sentido pero ocurre porque el cabotaje en Chile es carísimo, porque es un mercado cerrado y monopolizado. ¿Va a tener el Gobierno el estómago para hacer esa reforma? Juan Andrés Fontaine como ministro de Economía lo intentó en el Gobierno anterior, y a las pocas semanas había perdido el cargo.

De hecho el ministro Valdés reconoció que el cabotaje no ingresó como proyecto porque era muy polémico.

-Relevo lo que ha hecho Economía porque puso el tema sobre la mesa, a nadie se le puede pedir lo imposible. Entonces la pregunta es si desde La Moneda se está dispuesto a pagar costos políticos para hacer estas reformas porque el Gobierno anterior no tuvo el coraje.

¿Y qué capital político tiene este Gobierno con un 25% de aprobación?

-Pero esa podría ser una pelea muy popular, no veo a la gente en la calle porque las navieras van a perder alguna renta monopólica, al revés la gente podría aplaudir. 

¿Ese discurso pro crecimiento es porque  el Gobierno se lo cree o presionado por la realidad?

-No dudo un segundo que se lo creen y tienen el diagnóstico correcto. La pregunta es política: si está el comité político de los lunes disponible para hacer de esto una prioridad y gastarse los cartuchos en serio.

¿Estos son los cartuchos que hay que gastar?

-No conozco ninguna reforma, menos pro productividad que no vaya a tener una oposición de algunas empresas, siempre habrá alguien que no le guste y cuyo bolsillo se sienta tocado. Ahora quién soy yo para aconsejarle a La Moneda, pero si me pregunta cuáles son las prioridades, es evidente que si hay una tasa de PIB tendencial que va en picada en 3%, una situación externa bastante difícil y un auge del cobre que parece haber terminado, si no se pone un énfasis en esto, el desempeño económico de Chile al largo plazo se viene bien cuesta arriba. Y eso no sólo para el actual Gobierno, sino para los siguientes porque las dos coaliciones tradicionales ha actuado como si la única labor  fuera repartirse los trozos del animal, que en un momento se veía gordito y ahora está bastante escuálido. 

¿Con esta foto, cuántos años de bajo crecimiento le ve a Chile?

-Si me tomo en serio lo que dicen los analistas que convoca Hacienda, la perspectiva para 10 años más es de 3% a 3,5% y eso no es muy halagüeño.

Con este menor crecimiento y una posible alza del desempleo, ¿queda en mejor pie la derecha para llegar al Gobierno?

-No creo que sea mucha la gente en Chile que crea que la derecha es la defensora del empleo. Las encuestas dicen que la derecha sigue teniendo un serio problema de legitimidad, la gente no piensa que la derecha trabaja para los ciudadanos, sino que para si misma. Eso no ha cambiado mucho. 

Dichos de Büchi: “Puedo ser muy crítico, pero esa crítica no la comparto para nada”

¿Es necesario cambiar la Constitución o inserta más ruido en el ambiente económico?

-No creo que la respuesta a esa pregunta deba depender de la coyuntura económica, sino que debe depender del problema de fondo,  ¿hay necesidad de hacer cambios políticos institucionales? Por supuesto que sí en temas como elección de intendentes. El problema es que en vez de tener un debate sobre los cambios, llevamos dos años enfrascados en cuál va a ser el mecanismo. 

¿Tienen razón los empresarios al tener tantas dudas frente a este proceso constitucional?

-Los empresarios en Chile tienen una mentalidad de trinchera, que no es particularmente buena. Le hacen un flaco favor al debate cuando enmarcan lo constitucional en un aspecto puramente económico, las constituciones no se hacen ni deshacen para que los empresarios estén contentos, sino porque dan un marco de desarrollo al país por los próximos siglos. Ahora, que los empresarios estén más o menos nerviosos, me parece de tercera importancia para el debate constitucional.

¿Qué le parecieron los dichos de Hernán Büchi de que se iba de Chile por la incerteza jurídica?

-La verdad es que a veces creo que el ciclo noticioso le dedica mucha atención a noticias que no son noticias. Chile podrá tener un clima político más o menos crispado, pero es un país donde las instituciones políticas no están en tela de juicio y, al revés, seguimos siendo un ejemplo de solidez institucional para muchos países en desarrollo. Yo puedo ser muy crítico del Gobierno pero esa crítica no la comparto para nada.

Ni siquiera porque usted se ha visto más presionado por el tema de las boletas que el oficialismo, donde también existen casos.

-Creo que Chile es un país donde las instituciones hacen la pega que tienen que hacer.P