Economía & Dinero

Alejandra Cox y el impacto de la Reforma Laboral: “Lo más probable es que empeore la distribución del ingreso”

J. P. Palacios / P. Poblete 06/10/2017

Entrevista con la académica de California State University y experta laboral. La economista dice que si el Gobierno quiere mejorar la distribución del ingreso en un país como Chile, “tiene que apuntar a aumentar el empleo formal y punto”. Además, discrepa de la evaluación preliminar del Gobierno sobre la iniciativa.

A seis meses del estreno de la Reforma Laboral, la iniciativa sigue generando debate. El martes el Ejecutivo realizó un positivo balance preliminar de la ley, destacando un alto nivel de acuerdo (38%) por servicios mínimos, una caída de un 60% en el número de huelgas efectivas, una duración de los conflictos similar al promedio de años anteriores y una baja judicialización. “Las cifras no dan cuenta del augurio de los expertos de que se iba a generar una crisis en el mercado del trabajo”, recalcó la ministra del Trabajo, Alejandra Krauss. El planteamiento de la autoridad fue rebatido -con estudio en mano- por la académica de California State University y experta en temas laborales, Alejandra Cox, quien además descarta que la reforma ayude a reducir la desigualdad y la distribución del ingreso en Chile.

¿Qué evaluación tiene de la Reforma Laboral?

-La reforma es deficiente y se legisla a medias porque deja muchos elementos para que sean discutidos a nivel de la Dirección del Trabajo (DT). Por ejemplo, en el tema de los servicios mínimos y la preparación de la empresa para seguir funcionando sin reemplazo, tiene que haber acuerdo entre las partes y cuando no hay acuerdo el tema llega a la DT. Esa es una situación difícil, porque agrega un conflicto sobre otro potencial conflicto. La legislación también pone un piso real, dice que la empresa tiene que ofrecer partiendo la negociación las mismas condiciones de antes, ajustadas por el IPC. Da la posibilidad de que en caso que haya una situación grave en la empresa se le puede eximir de ese requisito, previo permiso de la Dirección del Trabajo. Esa determinación, de que la situación de la empresa es grave, es muy relativa. Se supone que la legislación es una serie de reglas para que distintas partes operen, eso me gusta compararlo con la señalización del tráfico, que no puede controlar para dónde uno va, pero si nos dice que hay que parar para pasar a otra calle, tiene vías de una sola dirección y en ciertas intersecciones no hay discos pare. La señalización es silenciosa, sin embargo, la gente no se anda matando en esas esquinas porque sabe que no hay discos pare, entonces la legislación es simplemente un camino para ayudar a que no haya más problemas entre dos partes donde puede haber diferencias. En este caso, por dejar cosas a medias se crean más problemas en vez de ayudar. Ahora, esto se va arreglar, con el tiempo habrá una jurisprudencia, así que este no es el último momento, pero esto se pudo evitar.

El Gobierno planteó que esta reforma era para darle más poder de negociación a los sindicatos. ¿En su análisis, no era necesario empoderarlos?

-No. La noción de que la distribución del ingreso iba a mejorar porque los sindicatos tienen más poder es errónea. Eso depende de los salarios que ganan todos los trabajadores, los sindicatos son una minoría y ya ganan más. Por estructura los sindicatos son capaces de negociar mejor y ahora se quiere que negocien aún mejor. No se necesita ser economista para entender que lo más probable es que eso empeore la distribución del ingreso.

Pero el Gobierno también planteó a través de estudios que con una mayor cobertura de la negociación colectiva, que es otro de los objetivos de la reforma, se va disminuir la desigualdad y va a mejorar la distribución del ingreso.

-Es verdad que en los países que existe una cobertura amplia, estamos hablando del 60%, típicamente la desigualdad es menor, pero esos son países que negocian a nivel de sector y donde hay acuerdos de extensión, por tanto dado que se extiende el acuerdo obviamente hay menor desigualdad. Pero cuidado, ¿qué ha ido pasando en los últimos años? La cantidad de países que tienen acuerdos de extensión ha ido disminuyendo y la cobertura de los acuerdos ha caído, la razón de eso es que no pueden competir. Esto era algo posible en el mundo de hace treinta años, pero la globalización lo hizo imposible. Uno de los países que le ha ido mejor en términos de competitividad y productividad es Alemania, es un país de ingresos muy altos y compite a la par con China, con Asia y con nosotros. Ellos no cambiaron ninguna ley, pero han dejado de aplicar los acuerdos de extensión, más aun las empresas se descuelgan de los acuerdos sectoriales. En Alemania hay un diálogo bastante razonable y amistoso entre los sindicatos y las empresas, es un país que por la postguerra ya sabe cuáles son las prioridades en la vida y, por lo tanto, es un caso bien interesante de examinar. Si uno observa los países que han tenido cambios en densidad sindical, es muy poco lo que ha aumentado la cobertura de la negociación colectiva, allí los gobiernos no se han ido en contra de los sindicatos, estos países tuvieron tasas de desempleo altísimas en los años ochenta y noventa y para poder crear empleo y salir de esa crisis tuvieron que cambiar la forma en que se hacían esos acuerdos y entender que las empresas tenían que competir de distintas maneras y eso no lo permitía un acuerdo de extensión general.

Por ende, ¿este gobierno desde el origen estarían equivocados los objetivos de la reforma?

-Sí. Si el Gobierno quiere mejorar la distribución del ingreso en un país como Chile tiene que apuntar a aumentar el empleo formal y punto, que algunos se sindicalicen y otros no. Tenemos un sector informal bastante grande, un montón de gente con trabajos precarios y lo que se quiere es que esa gente entre a trabajar, se formalice, reciba entrenamiento, no que se quede trabajando para siempre en una misma empresa, sino que se vaya cambiando de trabajo y suba sus salarios y conocimiento.

¿Con sindicatos más empoderados podría afectarse el empleo y reducirse los salarios?

-Hay simulaciones de trabajo (en su estudio), porque obviamente aún no hemos observado nada. Hay modelos simples de elasticidad de cierto tipo, de corto plazo porque aún no se afecta la inversión. Con esa simplificación lo importante es en qué dirección se apunta, más allá de la magnitud que depende de los supuestos utilizados. La dirección es menos empleos en el sector sindicalizado, salarios más bajos en el resto de la economía, más gente se va al resto de la economía, la inversión hacia la baja y por lo tanto, se apunta a empeorar la distribución del ingreso.

¿La informalidad podría aumentar?

-No hay aquí algo que diga eso. A lo que se tendría que haber apuntado para mejorar la distribución del ingreso es a otras medidas que aumentan la formalización. La sindicalización no es por donde se puede mejorar eso.

Sin embargo, el Gobierno dice que la conflictividad que previeron los expertos con la reforma hasta ahora no ha sido tal.

-Es muy pronto para sacar esa conclusión. Ricardo Solari dijo que muchas negociaciones se han adelantado, entonces se está negociando sin derecho a huelga y obviamente la probabilidad de huelga en ese caso es cero, entonces hay que esperar para ver los resultados.

“Soy de los únicos economistas laborales que cree que no debe subirse la cotización previsional más allá del 10%”

¿Después de la carga que ya se le puso al mercado del trabajo con la Reforma Laboral, es riesgoso elevar la cotización previsional con cargo al empleador?

-No es bueno que se le pongan más cargas al mercado laboral, la política económica es difícil porque entendemos que las pensiones son bajas, pero el camino elegido de tener una carga más alta es malo para el empleo. Creo que soy de los únicos economistas laborales que cree que no debe subirse el impuesto más allá del 10%. Hasta que no haya un empleo formal más grande y la gente contribuya por lo menos el 10%, no se puede subir la tasa. Cuando todos paguen el 10%, ahí empezamos a conversar. Hoy mucha gente no paga ni siquiera el 10%, entonces para qué vamos a subir la contribución al 15%. Los independientes aún no cotizan e incluso los dependientes tratan de pagar menos y hacen subdeclaración de ingresos.

¿Cómo entonces se soluciona el tema de las bajas pensiones?

-La gente que contribuyó continuamente por 45 años tiene estupendas pensiones, eso lo dice todo, el problema de las pensiones en Chile tiene que ver con la gente que no contribuyó. Puede haber mil razones para eso, pero es ahí donde hay que apuntar, a que la gente contribuya. Hay que tener ciertos de elementos de control para que la gente sí contribuya.

¿Es partidaria de aumentar los recursos fiscales para el pilar solidario, o no cree en un sistema mixto?

-Creo que el pilar solidario juega un rol importante. Si va a costar una generación y cumple un rol de transición para ayudar a los que están mal, es bueno, pero no más allá. Se necesitan los recursos fiscales para que el pilar pueda financiarse, pero lo que me parece mala idea es pensar que hacia el futuro el pilar solidario sea la fuente importante del sistema, eso es ignorar que Chile hizo una reforma espectacular en materia de pensiones, el resto de los países del mundo lo envidia. El Gobierno de Chile no tiene una tremenda deuda en pensiones y casi todos los países de la OCDE están endeudados para pensiones, incluido Estados Unidos. Para dejarlo claro, no subiría ni un punto la contribución hasta que no viera que se implementa una forma de controlar que la gente contribuya por lo menos con el 10%, una vez llegado a eso tal vez se puede estudiar un alza.

¿Debe aumentarse la edad de jubilación de las mujeres, equiparándola a la de los hombres?

-Claro, definitivamente. Las mujeres viven más y si se pensionan a los 60 años y viven hasta los 90 años en promedio, hay treinta años que cubrir. Se hizo una deferencia, o un favor al concedido, al dejarlas que jubilen antes. De todos modos, hoy ya jubilan después de los sesenta años.