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Economía & Dinero

1917: El año que cambió la historia contemporánea

Emilia Benítez Silva 04/09/2017

Pocas veces un acontecimiento ha significado una sacudida tan grande a nivel mundial como el que tuvo lugar hace 100 años. La Revolución Rusa creó un tipo de Estado y de sociedad impensados, dando pie a que después de unos años en diferentes partes del mundo se instalaran regímenes comunistas inspirados en el soviético.

En octubre se cumplen 100 años desde que los bolcheviques alcanzaron el poder en Rusia. La revolución que los llevó hasta el Palacio de Invierno cambió al mundo en múltiples ámbitos, alterando tanto el mapa europeo como las características de sociedades globales.

¿Por qué un acontecimiento de esta magnitud tuvo lugar en Rusia? Es importante entender que Rusia, el país más grande del mundo medido por terreno, tenía varias particularidades que hicieron que fuera posible el triunfo del socialismo, a pesar de que según el marxismo dogmático éste debería ocurrir en un país industrializado y Rusia no cumplía con esa característica.

En 1917, los rusos llevaban tres siglos bajo la monarquía de los Romanov, uno de los regímenes más autocráticos de la historia, que concentraba el poder ejecutivo, legislativo, judicial e incluso el religioso. “El pueblo era en su mayoría campesino y funcionaban bajo un sistema prácticamente feudal. La sociedad, coronada por una elite que en su mayoría no hablaba ruso, sino que alemán o francés, fue ajena al Renacimiento y en gran medida a la Ilustración. No estaban preparados para los cambios y la gran mayoría de la población estaba acostumbrada -históricamente- a tener un poder centralizado que los controlara”, explica Isabel Eluchans, historiadora de la Universidad Católica y profesora del curso El mundo hace 100 años de la Red Cultural.

La entrada del Imperio a la Primera Guerra Mundial en 1914 “fue el principio del fin”, afirma. “El pueblo ruso nunca entendió por qué estaba peleando, la mayoría de ellos ni siquiera sabía dónde se encontraba Alemania”, comenta Eluchans. La Gran Guerra se tradujo en una crisis económica y social, si a esto se le suma el hecho de que el zar estaba en el frente y la zarina Alejandra, de origen alemán -que era sinónimo de enemigo-, liderando al país junto al polémico monje Rasputín, “es posible afirmar que en 1917 en Rusia había una ausencia de poder”.

Este contexto dio pie para que los líderes del Soviet (que en ruso significa “consejo”) de San Petersburgo, formado en 1905, hicieran sonar su mensaje con más fuerza y aprovecharan la oportunidad: tras varios hechos decisivos [ver cronología] en octubre los bolcheviques, liderados por Vladimir Lenin, se instalaron en el poder. Para ellos ésta fue la primera victoria, pero su objetivo era levantar el socialismo en todos los países industrializados, creando así un mundo nuevo. “Los bolcheviques fundaron una nueva clase de ser humano como ninguna revolución lo había hecho antes, pero estuvo muy lejos de ser lo que imaginaron, sino que se trató de un personaje trágico, traumatizado por el peso de la violencia”, opina Eluchans.

En 1922, tras años de guerra civil “y terror indiscriminado para someter a la mayoría de la población”, según describe Richard Pipes, ex director del Russian Research Center de la Universidad de Harvard, en su libro La Revolución Rusa, se creó oficialmente la URSS, la cual desde el comienzo fue concebida como un estado totalitario. “El partido controlaba todo y el líder controlaba al partido, se fusionó al individuo con el colectivo”, acota la historiadora.

“Como una forma de gobierno absolutista, el régimen bolchevique era distintivamente ruso. Lenin, y más tarde Stalin, ocupó el lugar del zar-Dios; sus camaradas del Partido tenían el mismo poder y la misma posición privilegiada que la aristocracia bajo el antiguo régimen”, escribe el historiador británico Orlando Figes en su libro La Revolución Rusa. La tragedia de un pueblo. “Por eso Stalin es conocido como el zar Rojo”, agrega Eluchans.

Finalmente, la URSS se derrumbó en 1991, tras más de 70 años de dominio comunista en los cuales el pueblo ruso fue protagonista “y cómplice, al igual que el resto del mundo”, añade la historiadora.

A pesar de los matices ideológicos, los historiadores coinciden en que la revolución bolchevique fue un acontecimiento de importancia mundial. “La revolución sirvió de respuesta y alternativa a la crisis del capitalismo y el liberalismo, porque -por primera vez- se ponían en práctica los principios y esquemas de Marx como fundamento de un Estado totalmente nuevo. Su discurso internacionalista conquistó a gran parte del mundo, prometiendo un futuro colectivo radiante. Rusia fue vista como la patria del proletariado, el estandarte de los movimientos sociales a lo largo de todo el siglo”, explica Eluchans y agrega que la URSS fue “la primera y más simbólica experiencia totalitaria”.

En palabras del mismo Figes: “Al cabo de una generación del establecimiento del poder soviético, una tercera parte de la humanidad estaba viviendo bajo regímenes modelados sobre éste”. “Hasta el año 1945 la URSS fue el único estado comunista del mundo, después el modelo se expandió por Asia, África y América Latina llegando incluso a Chile en 1970, aunque acá tuvo la importante diferencia de que llegaron al poder democráticamente”, destaca Eluchans.

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