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Respaldo y reacción rápida son esenciales en el apoyo tecnológico ante desastres naturales

Paula Núñez 28/09/2017

Huracanes, terremotos y erupciones volcánicas han sido parte de las catástrofes que han afectado de manera directa a países de Norteamérica y el Caribe en las últimas semanas. Prevenir la pérdida de datos de una empresa puede dictar su futuro, por eso que en un mundo cada vez más dependiente de los datos en la nube, es clave definir como la tecnología ayuda ante las catástrofes.

Fuerzas impredecibles que impactan el desarrollo de las comunidades y negocios. Los desastres naturales se han incrementado al menos 2,25 veces desde 1980, una lista donde las inundaciones, huracanes, terremotos, tormentas y tsunamis pueden tener un rol preponderante en la continuidad operativa.

En marzo de 2011, el terremoto de magnitud 9.0 y el tsunami que azotó el norte de Japón interrumpieron la oferta en los mercados de productos químicos electrónicos, recubrimientos para automóviles y otros productos químicos. Aproximadamente el 30% de la producción petroquímica de Japón se cerró y varias fábricas de papel y vidrio plantas fueron cerradas. La interrupción de la producción industrial también afectó a los mercados mundiales de minerales.

En octubre de 2012, el huracán Sandy causó numerosas pérdidas de energía, impactando directamente las líneas de producción, nuevamente en América del Norte y el Caribe.

Si bien cada cierto tiempo la industria tecnológica hace ver la importancia de proteger los datos ante grandes catástrofes, el último terremoto en México y la fuerte ola de huracanes han puesto nuevamente el tema en el tapete. Especialmente ahora que la economía y la sociedad es cada vez más dependiente de los datos en la nube. “Las empresas ya no pueden evitar o ignorar la necesidad de una planificación de desastres adaptada a las necesidades y las medidas de continuidad del negocio”, dice Paul Bjacek, responsable de investigación de Recursos Naturales en Accenture. Además, señala que para dar continuidad es clave la implementación de soluciones en la nube, sobre todo considerando que la globalización y la centralización de las operaciones de negocios están llevando a más activos expuestos a eventos localizados. Del mismo modo, establece que hay que evaluar y mitigar la dependencia de la energía eléctrica, pues es uno de los grandes problemas tras el paso de huracanes (de hecho, se estima que Puerto Rico podría demorar cuatro meses en recuperar a cabalidad su infraestructura eléctrica tras el paso del huracán María).

Al respecto, es fundamental establecer protocolos de comunicación para mantenerse al tanto con proveedores, clientes, empleados y otras entidades relevantes.

Datos

Prevenir la pérdida de datos de una empresa puede definir su futuro. “Pensar en una táctica de recuperación ante posibles desastres u otras situaciones que afecten su continuidad, no sólo incidirá en el tiempo que toma en volver a funcionar, sino que también puede afectar directamente a sus ingresos. Una estrategia de continuidad de negocios debe contemplar un plan de conectividad, que logre redundancia, diversidad y capacidad de recuperación ante posibles desastres”, dice Juan Manuel Gómez, gerente de ingenieros de venta en Citrix Latinoamérica.

Por otra parte, la posibilidad de virtualizar y hacer entrega remota de aplicaciones y escritorios es clave para volver a estar operativos en tiempo récord. Lo vimos durante el terremoto en Chile el 2010. Las empresas reaccionaron en tiempos relativamente cortos y no supimos de grandes problemas de pérdidas de información. Para las compañías, incluso para las agencias de gobierno, tener esta estrategia es equivalente a contratar un seguro de vida. Por ello, “mantener un respaldo virtualizado en un data center a una distancia segura de la zona de desastre y que esté operativo inmediatamente luego de una caída del centro de cómputo local, es imprescindible para lograr todo lo anterior, y no correr el riesgo tampoco de perder información valiosa”, añade Gómez.

Recuperación

Ante cualquier contingencia que afecte la operación normal de un sistema debe considerar un mecanismo de recuperación. “En el caso de aplicaciones críticas es importante tener un mecanismo de alta disponibilidad y sistemas de respaldo que minimicen las pérdidas en la operación y mantengan el flujo de la información en forma permanente, actualizada y en línea”, dice Claudio Torres, gerente general Cono Sur de D-Link. Él sostiene que la coordinación entre estamentos sociales no sería posible si los sistemas de comunicación no estuvieran funcionando o si la información no estuviera actualizada, por eso la importancia de las tecnologías de información, en especial de las redes de datos y del networking en general.

Protocolo

Lo primero es hacer un análisis de riesgo de las partes críticas del negocio y de los procesos productivos más relevantes, que representen un problema si dejan de funcionar.

A partir de este análisis, hay que desarrollar una conducta que minimice los riesgos, como mantener un respaldo de la información, sistemas de alta disponibilidad, y sistemas de prevención o reacción ante amenazas informáticas o físicas, como incendios, robos, virus informáticos, hacking, desastres naturales, etc.

Luego, para estar preparado cuando todo falla, se debe tener un plan de continuidad para mantener la operación al menos en un mínimo, así como un método de recuperación particularmente en el caso de desastres naturales, con el objetivo de volver a la operación normal lo antes posible. Todo esto, a través de soluciones tecnológicas como fireworks, switches, routers, equipos de almacenamiento local y en la nube.

Esto explica el modo de trabajo de los data centers. Por ejemplo, Amazon Web Services, uno de los más grandes a nivel global, cuenta con una infraestructura de nube compuesta de regiones y zonas de disponibilidad. Una región es una ubicación física en el mundo donde disponen de varias zonas de disponibilidad. Las zonas de disponibilidad constan de uno o varios centros de datos, cada uno de ellos con alimentación redundante, redes y conectividad, que se alojan en instalaciones independientes. “De esta forma, las empresas y organizaciones se benefician de una arquitectura de red y centros de datos diseñados para satisfacer los requisitos de seguridad de las organizaciones y ambientes más exigentes. Esto le otorga a los clientes de AWS desplegar globalmente en cuestión de minutos”, señalan desde la empresa.

Balance

Con una serie de desastres naturales a su haber, nuestro país parece haber empezado a sacar lecciones al respecto. “Tanto las empresas e instituciones, como los usuarios, han ido avanzando en sacar provecho a la transformación digital en los procesos de trabajo y en la vida cotidiana. Sin embargo, la gran producción de información debe ser administrada de forma tal que, ante desastres naturales, no se pierda y pueda estar disponible lo antes posible para ser utilizada, especialmente en el caso de los organismos del Estado y privados que tengan directa relación con la comunicación, la conectividad y la resolución de problemas que ayuden a los sistemas a volver a funcionar”, manifiesta Juan Luis Núñez, gerente general de Fundación País Digital. Núñez añade que el uso de la infraestructura y la tecnología adecuada para prevenir riesgos de seguridad y pérdida de información debe ser parte de la cultura de las instituciones, empresas y personas, utilizando no sólo formatos físicos de almacenamiento del big data, sino también digitales, basados en la nube, que permiten guardar y respaldar información en forma ilimitada.

Cooperación

A raíz de ello, es que una de las tres líneas de acción del programa estratégico de Corfo, Santiago Ciudad Inteligente, es fomentar y articular soluciones e innovaciones tecnológicas que contribuyan a que la ciudad responda y se enfrente de la mejor forma posible a emergencias.

En ese contexto, todos los sistemas de monitoreo, de predicción, visualización y registro de información, deben contar con una base sólida de datos que faculte la implementación de sistemas de advertencia frente a riesgos y posteriormente facilite la evaluación y análisis de los impactos causados por desastres naturales, proveyendo así las condiciones para una mejor toma de decisiones. “La correcta implementación de la tecnología y protocolos apropiados y claros de actuación, permitirá que ante catástrofes naturales la ciudad siga funcionando con estándares básicos en las áreas de seguridad, transporte, telecomunicaciones y servicios mínimos, entre otros” señala Pedro Vidal, gerente del programa Santiago Ciudad Inteligente.

Sin embargo, aún se debe avanzar en esta materia, para lo cual es fundamental que las empresas cuenten con plataformas tecnológicas robustas, sobre todo las de servicios básicos. “Además, el Estado, academia y la propia ciudadanía deben articular sus fuerzas para ser aún más eficaces en reducir los riesgos y enfrentar las emergencias”, concluye Vidal.

Modelos predictivos para enfrentar eventos climáticos

El big data, analytics e inteligencia artifical se perfilan como tecnologías clave ante la respuesta de comunidades frente a episodios críticos.

Con su implementación, por ejemplo, se puede anticipar la llegada de algunas tormentas o cómo la infraestructura de una ciudad responderá ante ella. Del mismo modo, con la incorporación de sensores inteligentes con los que se controla aspectos de la ciudad como los semáforos o periodicidad del transporte se mejora la resiliencia de la ciudad ante factores externos que pueden obstaculizar el desarrollo de las actividades cotidianas.

Pero las tecnologías también tienen un rol preponderante en áreas como la ubicación de personas, mejor atención médica, repartición de ayuda y otras formas de apoyo que ayudan de alguna manera a que el impacto del desastre sea menor. Por ejemplo, Facebook hace algunos años habilitó un servicio que permite a los usuarios en la zona del desastre enviar una actualización de estado en forma de alerta para indicar que se encontraba bien. Esta alerta llegaba a los contactos de los usuarios y gracias a esto, ha sido más fácil saber qué personas se encontraban después del terremoto de México.