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Brecha digital 2.0: ¿cómo evitar que la velocidad determine nuevas formas de inequidad?

Paula Núñez 27/07/2017

Considerada como una de las expresiones de desigualdad del siglo XXI, Chile trabaja para hacer frente a la brecha digital.

Chile es el país con mayor penetración de internet en Latinoamérica. Por otro lado, la adquisición de smartphones también nos tiene a la cabeza de la región. Sin embargo, hoy uno de los grandes desafíos se alinea con cómo superar la brecha digital.

La Cepal establece que cerrar la brecha digital hoy es fundamental para avanzar hacia el logro de sociedades con más igualdad, en campos tan diversos como el aprendizaje, la inserción en el mundo del trabajo, el aumento de la productividad, la producción, el consumo cultural, y la capacidad de gestión y organización. “La brecha agudiza los contrastes entre regiones, países y grupos sociales y culturales. Quien no está conectado estará excluido de un modo cada vez más intenso y amplio”, enfatiza la organización.

Desde 1990 todos los países de la región han trabajado en mayor o menor medida al respecto debido, principalmente, a que la incorporación de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TICs) en la esfera de la educación ha estado acompañada de la promesa de que se trata de herramientas que ayudarán a hacer frente a los principales retos que tienen ante sí los países.

Uno de los primeros intentos por reducir la brecha digital fue el proyecto “One Laptop per Child”, que a nuestro país llegó de la mano de Luis Ramírez. La idea era que los escolares en Chile tuvieran acceso a un PC no sólo en el laboratorio informático del colegio, sino que se convirtiera en su cuaderno, en una especie de compañero de aventuras en el mundo digital. “Desde que partió el proyecto, Chile ha conseguido avanzar muchísimo. Quizás al analizar las cifras, lo que consiguió ‘Un computador por niño’ no suena tan grande. Pero lo verdaderamente relevante fue el cambio de mentalidad que generó, sobre todo en el mundo de políticas públicas que se empapó de este concepto y que posteriormente empezó a trabajar por dar mayor acceso”.

La nueva brecha

A pesar de los avances, Ramírez señala que hay una realidad muy distinta fuera de la Región Metropolitana. “En Santiago se habla de altas velocidades, con posibilidades de acceder a un sinfín de contenido. Pero esa realidad todavía no llega a todo el país. Hay localidades apartadas que cuentan con el mismo acceso a internet que había en Santiago en 1999”.

Visión que comparte Juan Carlos Garcés, gerente regional de ventas de Intel. “Todos los países de Latinoamérica han trabajado por el acceso a internet. Hoy tenemos que ir más allá. Para reducir la brecha se necesita que la tecnología permita al profesor impulsar a sus alumnos. Para ello, la velocidad de la conectividad es clave”, asegura el ejecutivo.

Pero no se trata sólo de conectividad, sino de estrategia. “Si bien, hay una diferencia marcada entre el mundo urbano y rural en cuando a velocidad, lo importante es contar con una estrategia pedagógica clara en las salas. No se trata de tener tablets porque sí, sino de darle un uso pedagógico relevante”, asegura Catalina Araya, directora de educación en Fundación País Digital. Añade que la brecha hoy existe, pero que se debe tratar a distintos niveles. Desde el tema de infraestructura hasta la capacitación docente. “Si no cambiamos la forma en que vemos a la tecnología y el potencial que puede representar para las nuevas generaciones, nos costará muchísimo dar el salto y convertirnos en un país desarrollado”, sentencia la experta.