Internacional

Bloomberg: El alto precio de la secesión catalana

Bloomberg 07/10/2017

Por Ferdinando Giugliano

El gobierno español ha descartado firmemente la independencia de Cataluña. Pero incluso si Barcelona optara por este camino, sus ciudadanos pagarían casi con toda seguridad un alto precio, por lo menos en el corto plazo. La transición a un nuevo estado sería tortuosa y costosa, mientras que cualquier beneficio financiero proveniente de la independencia tomaría años en materializarse.

La justificación económica de una Cataluña independiente radica en la riqueza de la región. En 2016, cada ciudadano catalán ganó un promedio de 28.600 euros al año (US$33.500), alrededor de un 19% más que el ingreso de un español promedio. Cataluña representa una quinta parte de la producción económica española y más de una cuarta parte de sus exportaciones. También paga en impuestos más de lo que recibe en gasto público, aunque la cifra exacta es materia de debate. A largo plazo, Cataluña sería sin duda una economía viable.

Sin embargo, la transición hacia esa estabilidad sería desordenada. Cataluña tendría que volver a solicitar su ingreso a la UE y a la zona euro. Sería un proceso largo que requeriría la aprobación de todos los estados miembros, incluyendo la de España. Mientras tanto, Cataluña tendría dos opciones. Una sería establecer su propia moneda independiente. La otra, que sería más probable, sería introducir el euro unilateralmente, algo muy semejante a lo que hizo Montenegro. Cataluña, sin embargo, no tendría ninguna influencia sobre la conducción de la política monetaria, puesto que sólo los estados miembros de la zona euro están representados en el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo.

Cualquiera de las dos alternativas plantea problemas para la estabilidad financiera. La introducción de una nueva moneda impulsaría a los depositantes a retirar su dinero de los bancos ante el temor a una devaluación. Un nuevo banco central de Cataluña se vería obligado a imprimir más dinero para detener la huida, contribuyendo al desplome de la moneda y un alza de la inflación.

A su vez, la “eurificación” de la economía catalana dejaría a Barcelona sin un respaldo significativo para sus bancos, ya que dejarían de estar al alero del Banco Central Europeo y del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). Banco Sabadell, el segundo mayor banco de Cataluña, ya trasladó su sede. CaixaBank SA, el principal banco de la región, está considerando seguir su ejemplo.

Mientras enfrenta una gran crisis financiera, Cataluña tendría que negociar un nuevo acuerdo comercial con la UE, que probablemente exigirá como condición previa que Barcelona asuma una parte de la deuda soberana de España. Una opción sería que Cataluña aceptara una cantidad de deuda equivalente a su participación en el PIB español. Esta solución dejaría sin cambios la relación deuda/PIB de España, que ronda el 100%. La deuda de Cataluña, no obstante, se dispararía desde su nivel actual de aproximadamente el 35% a casi el 100% de sus propios ingresos (muy por encima del criterio de convergencia del 60% que exige la UE como condición de ingreso, aunque raramente vela por su cumplimiento). La buena noticia sería que tal división podría abrir el camino a un acuerdo negociado sobre el acceso al mercado de la UE y el resto de España. La alternativa sería que el gobierno catalán sólo se haga cargo de la deuda contraída con los inversionistas privados. Esto implicaría no pagar el dinero adeudado al gobierno español y negarse a asumir cualquier deuda del gobierno nacional. Sin embargo, no está claro que un enfoque tan selectivo fuera aceptable para las agencias de calificación de crédito: el riesgo es que los inversores consideren el incumplimiento del pago de las deudas contraídas con Madrid como un incumplimiento de pagos más generalizado. Además, el impacto que una salida “dura” tendría sobre la economía catalana podría ser importante. En 2015, el 65% de las exportaciones de Cataluña fueron a parar al resto de la UE, y esto no incluye los bienes y servicios que atravesarían la nueva frontera con España. Y si aumentan los aranceles, Barcelona sufriría las consecuencias. No cabe duda de que Madrid también tendría mucho que perder con la sucesión de Cataluña. La salida de Barcelona provocaría un agujero en su déficit fiscal que habría que rellenar. La balanza comercial de España se deterioraría significativamente. Dependiendo de los acuerdos que se adopten, la deuda soberana de España podría también aumentar sustancialmente. Sin embargo, Madrid cuenta con un respaldo: el mercado único de la UE y la red de seguridad que brinda el BCE y, en última instancia, el MEDE. Cataluña pronto descubriría que la soledad tiene un precio.