Actualidad & Política

Daniel Kaufmann sobre corrupción: "En Chile el sector empresarial no ha asumido su responsabilidad política"

Paulina Breschi 31/12/2015

Los casos de corrupción a nivel privado y público se tomaron la agenda de Latinoamérica este año. Para Daniel Kaufmann, líder mundial en temas de corrupción y CEO del Natural Resource Governance Institute, con sede en Nueva York, cree que en Chile la capacidad de reacción ante esos hechos ha demostrado la fortaleza de las instituciones. “Lo importante es que en Chile hay sanción, gente detenida y bajo juicio”, dijo a PULSO. 

¿Cómo afecta  la corrupción a la gobernabilidad?

En general la corrupción y la falta de gobernabilidad tienen un efecto muy nocivo en el desarrollo económico de un país. Hoy el dividendo de desarrollo es de 300%: un país puede mejorar tres veces su ingreso per cápita en el largo plazo si es que se reforma la gobernabilidad que controla la corrupción en forma relativa (ningún país la controla totalmente). La dirección causal que va desde mejorar la gobernabilidad y controlar la corrupción conllevan a una mejora en el desarrollo económico y social, no al revés. 

¿La falta de gobernabilidad genera corrupción o al revés?

Las razones fundamentales porque hay corrupción tienen mucho que ver con la calidad de la gobernanza institucional y eso se refiere tanto a aspectos políticos de gobernabilidad como a cuando hay una gran falencia en la calidad del Estado de derecho. Todo el aspecto judicial y legal es sumamente importante y eso es un gran desafío hoy en día. Claramente, hay un efecto de retroalimentación entre gobernabilidad y corrupción, ya sea vicioso o virtuoso. Pero yo siempre he dicho de forma simplista que un país no combate la corrupción combatiendo la corrupción. No es solo un asunto de comenzar una campaña contra la corrupción; hay que reformar las instituciones claves, mirar las razones fundamentales de las instituciones a la hora de gobernar.

¿Qué impacto tienen distintas formas de corrupción (como la política o privada)?

Ha sido muy difícil aclarar el impacto que tienen distintas formas de corrupción, pero sabemos que hay un efecto especialmente grande cuando la corrupción es a nivel alto político, lo que hemos llamado captura del Estado, que es cuando el sector empresarial y financiero captura para sus intereses las leyes e influencia en forma indebida, las políticas, las regulaciones del Estado. En América Latina y en Chile, no hemos hablado lo suficiente de enfocarse en la corrupción a nivel subnacional. En el caso chileno sería a nivel municipal, de licitaciones. Esto se da al no reconocer que hay una debilidad mucho más grave en el nivel municipal que a nivel de gobierno central. 

¿Cómo ve el panorama en Chile?

Yo lo veo como un proceso sumamente saludable, porque finalmente ha salido a la luz y se han transparentado ciertas debilidades que existían hace ya bastante tiempo. Hay escándalos de corrupción (que nunca son positivos en sí), pero la calidad de un país, en cuanto a sus instituciones y gobierno y control de corrupción, no se mide por una ausencia total de debilidades de gobernabilidad o ausencia total de corrupción, sino por la capacidad de un país para reaccionar cuando hay un desafío. Y en ese sentido yo soy optimista con el caso chileno porque tiene instituciones lo suficientemente fuertes, aunque no perfectas. Lo mismo sucede en brasil donde hemos visto un fortalecimiento muy importante del sistema judicial, sería impensable hace 10 años que hubiese salido todo esto a la luz en brasil. En guatemala también salió el presidente por corrupción. Hay una dinámica interesante en américa latina para el futuro. 

¿Esto da señales de reducción de la corrupción?

Mirando muy detenidamente en Chile es interesante, porque hubo una mejora en cuanto a control de corrupción: no ha habido aumento. Por lo tanto, es incorrecto concluir que va a aumentar la corrupción, porque no hay evidencia de que haya habido un aumento en los últimos diez años. Por ejemplo, el incentivo que existía anteriormente de los políticos de buscar financiamiento como en el caso Penta, se acabó ahora. Lo mismo con conseguir cualquier tipo de créditos como el caso Caval. Los corruptos siempre hacen un análisis de costo-beneficio: el costo en Chile hoy ha subido enormemente. 

¿Cree que la capacidad de reacción en Chile ha sido buena?

Lo importante es que hay sanción, gente detenida y bajo juicio. Eso es sumamente importante y está el costo que es reputacional: se sabe quién es quién y quién está involucrado.

¿Qué pasa cuando los involucrados en la corrupción son los mismos que hacen las leyes para combatirla?

Hay que reformar en forma más aguda. En el caso chileno, relativamente hablando, el sector judicial está bien todavía y además hay una ventana de oportunidad en el ámbito político, por lo que no hay que ser demasiado pesimistas, porque ya hay medidas impulsadas por los mismos líderes en cuanto al financiamiento político, pero hay que mirar también cuál es la responsabilidad del sector judicial y empresarial. En ese sentido  el sector empresarial no ha asumido su responsabilidad política. Cuando ocurre algo así en países con democracia, la ciudadanía, las ONG, y think tank, juegan un rol muy importante en transparentar, monitorear y poner presión política. 

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